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| 9/30/2002 12:00:00 AM

Una crisis embarazosa

El aumento de la maternidad adolescente hizo que el nacimiento del ciudadano 44 millones no fuera motivo de alegría sino de preocupación.

Una crisis embarazosa Una crisis embarazosa
Hace un par de semanas, cuando nació en Colombia el ciudadano número 44 millones, sus familiares festejaron con bombo y platillos. Pero, para los analistas, más que un gran acontecimiento el nacimiento de esta inocente criatura representó un grave problema: una boca más que alimentar en un país en crisis. La cifra, según estos funcionarios, era una muestra contundente del aumento desmesurado en los índices de población. La buena noticia es que al analizar las cifras se observa que en Colombia la población no está creciendo a un ritmo acelerado pues en general el promedio de hijos de una mujer en edad reproductiva es de 2,6, mucho menos que en el año 1965, cuando era de siete. "Todo lo contrario. La tasa total ha descendido y si no fuera por los programas de planificación familiar hoy estaríamos celebrando 63 y no 44 millones", afirma Gabriel Ojeda, gerente de investigación y evaluación de Profamilia.

Queda claro, entonces, que las mujeres mayores de 20 años han hecho la tarea de planear su familia y esa conciencia ha contribuido a disminuir las tasas de natalidad. El problema está en otra parte y esa sí es una mala noticia: en el grupo de las adolescentes la tasa de fecundidad ha ido en aumento a pesar de los programas de educación sexual. En 1990 el número de niñas entre 15 y 19 años que estaban embarazadas o ya habían tenido el primer hijo era de 12 por ciento. Para 2000 esa cifra subió a 19 por ciento. Se estima que la tendencia al aumento se ha mantenido en los últimos dos años. En las ciudades una de cada cinco mujeres ya es mamá o está embarazada y en las zonas marginadas la proporción es de una por cada tres adolescentes. En la población desplazada la situación es más grave pues la fecundidad adolescente es mucho más alta que, incluso, la de la zonas rurales y las del contexto nacional.

Este incremento es preocupante porque tiene un impacto en el desarrollo educativo y laboral de las mujeres. Muchas de ellas ni siquiera pueden hacerse cargo de su bebé. La misma encuesta estableció que en el 60 por ciento de los casos son los abuelos quienes tienen que cuidar a sus nietos. Otros son dados en adopción o abandonados por sus madres.

Ante estas cifras todo el mundo quiere saber por qué en un país con una grave crisis económica, con un alto índice de desempleo y escenarios de violencia aumenta el número de hijos entre la población más joven. "Es la pregunta del millón", afirma Cristina Villarreal, directora de la Fundación Oriéntame, entidad sin ánimo de lucro que ofrece asesoría al público en salud reproductiva. Parte de la respuesta radica en los problemas de siempre, es decir, en la pobreza, la marginalidad, la falta de oportunidades escolares y laborales y la ignorancia. De las anteriores, la educación es uno de los factores más determinantes pues a mayor nivel de estudio menos embarazos. La encuesta de demografía citada arriba señala que entre las jóvenes sin preparación escolar el 33,7 por ciento ya están embarazadas. Si se mira el mismo grupo de edad en adolescentes que ya han culminado su primer año de universidad sólo el 12 por ciento son madres o esperan su primer hijo.

También está el hecho de que los jóvenes cada vez comienzan más temprano su actividad sexual. En las mujeres la edad promedio está en 14,8 años y entre los hombres es de 13 años. Y en ese punto es inevitable cuestionar los programas de educación sexual. Aunque no han sido del todo inefectivos, para muchos no han logrado el objetivo esperado. "La sexualidad sigue siendo un tema tabú", dice Susana Moya, sicóloga y directora del programa de jóvenes de Profamilia. Según ella los novios no hablan de sus encuentros sexuales ni antes ni después de tenerlos y los padres aún ponen obstáculos para que sus hijos tengan información porque temen que mientras más datos manejen más promiscuos serán. Muchos creen que el mensaje de la cátedra no ha llegado, "y para confirmarlo sólo es necesario hacerles un pequeño 'quiz' sobre aspectos básicos de sexualidad", dice Ojeda. La mayoría se rajan porque no saben cuál es el ciclo de ovulación, ni los riesgos de contraer enfermedades de transmisión sexual ni para qué sirve un condón". Otros especialistas, como Cristina Villarreal, piensan que la solución no está en ofrecerles más datos pues ya tienen suficientes. "El problema no es de información sino de formación", dice, y explica que el trabajo que falta hacer es ver cómo toda esa teoría se aplica en la práctica. "Es ver si tienen dificultades comprando los condones, si los deben esconder en la casa, ver si los padres piensan que la sexualidad de ellos es para dentro de unos años o para ahora", agrega.

Pero dentro de los factores que originan este incremento también hay circunstancias nuevas que responden a los problemas coyunturales del país. "Es parte de la desubicación de los jóvenes dentro del conflicto social que vive Colombia, dice Sofía Gutiérrez, encargada del tema de VIH Sida del viceministro de Salud. Esa desesperanza frente al futuro hace que los jóvenes vean un hijo como una forma de aferrarse a algo propio en la vida ", afirma. Para Cristina Villarreal, la falta de oportunidades ha provocado que los muchachos vean el futuro más cerca y tengan un afán por vivir la vida ya. El otro factor, a su modo de ver, es la diferencia que hoy existe entre un adulto y un joven frente al concepto de riesgo. "Nosotros vemos el riesgo como algo indeseable que se debe evitar pero para los adolescentes el riesgo es la vida". En ese sentido, asumir un embarazo tempranamente es una forma de desafiar el destino. Y también, por qué no, de escapar. Los expertos señalan que muchas jóvenes buscan el embarazo para huir de un ambiente hostil en su hogar o para independizarse de los problemas en casa. "Luego se dan cuenta de que es una alternativa equivocada", dice Gabriel Ojeda.

Aunque hay factores que no se pueden controlar tan fácilmente, como el desempleo y las perspectivas económicas, es importante que se haga un esfuerzo conjunto en el que participen no sólo el gobierno sino las instituciones educativas y los padres para que se aborde el tema y se promuevan políticas que ayuden a los jóvenes a ver otras opciones.

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