Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 9/11/1995 12:00:00 AM

VIVIR 100 AÑOS

Los científicos creen que con una terapia de reemplazo hormonal se podría frenar el proceso de envejecimiento.

VIVIR 100 AÑOS, Sección Vida Moderna, edición 693, Sep 11 1995 VIVIR 100 AÑOS
LA PREGUNTA QUE TODOS LOS CENTEnarios del mundo deben responder siempre que los entrevistan es la misma: ¿Cuál es su secreto para vivir tanto y conservar la vitalidad? Sin embargo, la respuesta que estas envidiadas personas dan se queda generalmente en vagas referencias sobre sus hábitos de vida. Ahora parece que finalmente los científicos tienen respuesta al interrogante que ha obsesionado a la humanidad desde tiempos inmemoriales. Todo parece ser una cuestión de bioquímica. Recientes estudios sugieren que la gradual pero inexorable disminución en la producción de hormonas es la gran culpable de los achaques de la vejez. Por consiguiente, prometen una terapia de reemplazo de hormonas que podría ayudar a retroceder el reloj biológico, extender la vida y mejorar la calidad de esos años.
Los extraordinarios avances en biotecnología han permitido a los investigadores comprender mejor el proceso de envejecimiento y explorar los rejuvenecedores efectos de varias hormonas al punto que hoy ofrecen esperanzadoras alternativas que podrían evitar los estragos del tiempo. Entre las principales consecuencias de la disminución de la producción de hormonas están la pérdida de masa muscular, el aumento de la grasa corporal, el debilitamiento de los huesos, el declive de la respuesta inmune y una general pérdida de energía. La promesa es crear terapias de reemplazo hormonal que logren evitar la enfermedades crónicas y debilitantes que no sólo causan la muerte sino que deterioran la calidad de vida.
Estos avances han sido vistos como la moderna fuente de la eterna juventud. Cuatro siglos han pasado desde que el afamado explorador Juan Ponce de León creyó descubrir en las costas de Florida la fuente cuyas legendarias aguas estaban dotadas de misteriosos componentes que conferían vigor y belleza a quienes la bebieran. Hoy los modernos exploradores del elixir del rejuvenecimiento son los especialistas en biología celular, quienes ante un computador descifran los secretos del envejecimiento grabados en el ADN. Ya no se trata de un sueño mítico sino de un objetivo científico. Y, la meta no es sólo añadir años a la vida sino vida a los años.

DOS SUSTANCIAS
Las baterías científicas están ahora enfiladas hacia dos prometedoras sustancias. La llamada hormona del crecimiento (GHRH), producida por la glándula pituitaria, y la DHEA -dehydroepiandrosterona-, que es segregada por las glándulas suprarrenales. Nueve equipos de investigadores, franceses y estadounidenses, exploran desde hace varios años la terapia de reemplazo hormonal en gente mayor de 60 años. Y los resultados obtenidos hasta ahora prometen que, para finales de esta década, la humanidad tendrá en sus manos el remedio contra el envejecimiento. No se trata sin embargo de un sueño estético sino bioquímico. Aunque las nuevas terapias no evitarán la aparición de las arrugas ni las sienes cubiertas de cabellos grises, sí podrían detener o revertir los cambios degenerativos en los huesos, músculos y tejidos, lo que significa que la gente podría permanecer fuerte y activa hasta la ancianidad.
La hormona del crecimiento parece poseer el mágico efecto de aumentar la masa muscular y disminuir la grasa corporal. Hasta hace poco, se pensaba que una vez se había alcanzado el nivel de estatura, esta hormona no era indispensable en el organismo. No obstante, los nuevos estudios la han colocado en la vanguardia de la lucha contra el envejecimiento. Investigaciones realizadas por el doctor Marc Blackman, jefe de endocrinología del Centro Médico Johns Hopkins en Baltimore, Estados Unidos, en pacientes que han perdido su glándula pituitaria, muestran que cuando esta hormona les es suministrada presentan un considerable mejoramiento físico y sicológico. Hombres sanos de 60 a 80 años, a los cuales les fue suministrada la hormona tres veces por semana, mostraron, al cabo de seis meses, que habían ganado músculo y perdido grasa corporal.
El declive en la producción de la hormona de crecimiento empieza a una edad temprana. Y cuando la gente llega a los 70 años sólo queda en su organismo un 10 por ciento de ella. Los científicos han comprobado que esta hormona es segregada especialmente durante la fase del sueño profundo, que es, justamente, la que más se altera con el paso de los años, ya sea por la edad, los medicamentos o las enfermedades. Posiblemente esos bajos niveles en la agenda de la naturaleza puedan ser alterados, con considerables beneficios.
Otro factor que contribuye a la disminución de los niveles de esta hormona es la vida sedentaria. Lo que los investigadores han encontrado es que las personas que tienen una actividad física regular -particularmente el ejercicio aeróbico- muestran, independientemente de su edad, pulsaciones de liberación de esta hormona en su organismo. Puede no ser mera coincidencia que los saludables efectos del ejercicio sean tan similares a los observados por los científicos con la terapia de reemplazo.

COCTEL REJUVENECEDOR
Pero esta no es la única hormona que hace parte del coctel rejuvenecedor que la humanidad tendrá en un futuro cercano. Hace unos meses el famoso endocrinólogo francés Etienne-Emile Baulieu anunció el hallazgo de una sustancia capaz de evitar el deterioro físico y síquico causado por la edad. Se trata de la dehydroepiandrosterona (DHEA), hormona segregada por las glándulas suprarrenales y cuya producción abarca sólo desde los siete hasta los 25 años. Después de esa edad los niveles comienzan a disminuir progresivamente. Según Baulieu, la disminución de los niveles de esta hormona tienen relación directa con muchas de las enfermedades propias de la vejez, especialmente la pérdida de la función inmune.
Un estudio realizado recientemente en personas de mediana edad y ancianos que recibieron DHEA por un año mostró que hubo un mejoramiento de un 75 por ciento en su bienestar físico y síquico, frente a otro grupo que no fue tratado con la hormona. Los investigadores percibieron importantes efectos en la función cardiovascular y en la función inmune, especialmente entre los hombres.
El científico cree que una terapia de reemplazo podría evitar los principales males que se sufren al envejecer, como son el reumatismo, la pérdida de la memoria, la descalcificación ósea y el desarrollo de la esclerosis. Si sus sospechas se confirman, la hormona podría ser suministrada a la población mayor de 50 años como tratamiento compensatorio, a fin de regular las carencias individuales.
Otras hormonas que podrían hacer parte de los ingredientes de la píldora de la juventud son el estrógeno y la testosterona. Los investigadores saben que, en las mujeres, el suministro de estrógenos después de la menopausia protege contra la enfermedad cardíaca y la osteoporosis. Aunque los hombres no experimentan el mismo precipitado declive en las hormonas sexuales -a los 80 años los hombres sanos tienen cerca de una tercera parte de los niveles de testosterona que tenían a los 25 años-, ya se iniciaron estudios en hombres mayores de 65 años para ver los efectos.
Todo parece indicar que, en el próximo siglo, el elixir de la juventud hará parte del botiquín doméstico. Sin embargo, aunque las esperanzas de lograr una vejez activa están puestas en las hormonas, los científicos del siglo XX no descartan que en el secreto de la longevidad intervengan también los consejos que hace varios siglos promulgaban los monjes taoístas, quienes hablaban de prolongar la vida por medio de la nutrición, la meditación, el deporte y la actividad sexual. De hecho, entre las respuestas que los centenarios tienen a flor de labios al momento de confesar su secreto no faltan los buenos hábitos alimenticios, el ejercicio, la vida apacible y el amor.
Aunque los avances médicos han aumentado la expectativa de vida en 25 años en el transcurso de este siglo, y los centenarios son una población más numerosa que nunca antes, la verdad es que vivir 100 años es todavía una excepción. "No es que haya más centenarios hoy que antes -dice el destacado microbiólogo estadounidense Leonard Hayflick, autor del libro Cómo y por qué envejecemos- es que hoy hay mucha mas gente de todas las edades". La pregunta que surge entonces es ¿cuántos años podría prolongarse la vida humana?

¿CUANTOS AÑOS VIVE EL HOMBRE?
Según el Génesis "los días del hombre son 120 años". Y eso coincide con la tesis científica actual. La mayoría de los especialistas en el tema considera que la vida biológica del homo sapiens oscila entre los 115 y los 120 años. Pero esta cifra representa, no el promedio, sino el tope máximo para el cual el ser humano está programado genéticamente. No obstante las probabilidades estadísticas acerca de vivir 120 años no son muy alentadoras: en los registros científicos actuales solamente hay una persona acreditada que haya alcanzado esta edad- la francesa Louise Calment-. Entonces se trata de una proporción de 1 entre 5.000 millones.
Pero si bien la duración de la vida humana ha permanecido igual desde épocas remotas, ésta es muy distinta de lo que se conoce como expectativa de vida, la cual ha aumentado de 50 años a comienzos de este siglo a 75 años en la era actual. Eso se debe a que la ciencia médica ha logrado vencer las enfermedades.
Sin embargo, en opinión de los científicos, la expectativa de vida no aumentará dramáticamente mientras no se eliminen las dos mayores causas de muerte: enfermedad cardiovascular y cáncer. "Si logramos eliminarlos, la expectativa de vida aumentana en 16 años, lo cual la colocaría en 91 años", señala el doctor Hayflick.
Y esta ambiciosa meta es posible con buenos hábitos de vida. La longevidad de la comunidad mormona -cuya expectativa de vida es de 87 años- es una muestra palpable de que es posible prolongar la vida con base en hábitos sanos. Las reglas son bien conocidas. Y mientras más se sigan más se amplían las posibilidades.
El doctor Hayflick, cuyos descubrimientos hace dos décadas orientaron el estudio sobre el envejecimiento hacia el funcionamiento de las células, la piedra angular de la biogerontología, señala que la prolongación de la vida al límite impuesto por la naturaleza no tiene que ver tanto con la eliminación de las causas de muerte como con el conocimiento que alcance la humanidad acerca de las causas del envejecimiento. "Alrededor de los 100 años la capacidad de los órganos y sistemas del cuerpo para funcionar ha disminuído en tal forma, que esto predispone a otras causas de muerte que nosotros, en nuestra ignorancia, llamanos 'causas naturales", dice. Y combatir ese deterioro progresivo es el reto que hoy tienen los científicos que intentan comprender los complejos fenomenos que se operan en las células. Es decir que mientras aparece la ansiada píldora de la juventud, lo que queda es seguir la prescripción tradicional: consumir sólo el 30 por ciento de grasa en la dieta, hacer ejercicio diario, no fumar ni beber demasiado, no vivir en sitios de contaminación ambiental y evitar el estrés.

Jeanne Louise Calment: 120 años
EN 1875, EL AÑO en que Jeanne Louise Calment nació, se promulgó en Francia la Constitución Republicana, Victoria era la reina de Inglaterra, el Réquiem de Verdi acababa de estrenarse y el Teatro de la Opera de París de inaugurarse. Han pasado 120 años pero ella aún recuerda a sus abuelos, quienes habían conocido a María Antonieta y, ella misma, en 1888, conoció a Vincent Van Gogh, a quien describe como "feo y desagradable".
El pasado 21 de febrero, Jeanne Calment celebró 120 años en el ancianato de Arles, el pueblo al sur de Francia donde nació. Según el Libro de Records de Guiness, ella es el ser humano más viejo sobre la Tierra cuya edad ha sido certificada. Y si vive hasta el próximo mes de septiembre, como todo parece indicar, esta anciana francesa se convertirá en el primer ser humano en alcanzar la más larga vida en los registros de la historia, por encima del japonés Shigechiyo Izumi, quien murió a los 120 años y seis meses.
Aunque la señora Calment se precia de haber tenido una vida privilegiada porque "siempre tuve sirvientes y nunca me vi obligada a trabajar", ha pasado la cuarta parte de su vida en soledad. Hace más de 30 años, en 1963, desapareció el último sobreviviente de su familia, su nieto Fréderic, quien falleció en un accidente automovilístico. Su única hija murió en 1934 y su esposo en 1942. Durante los últimos cinco meses la señora Calment ha tenido que responder mil veces a la misma pregunta: ¿Cuál es el secreto de su larga vida? Con una sonrisa, siempre responde: "Creo que Dios debe haberse olvidado de mí".
Sin embargo, considera que el secreto de su longevidad puede estar en haber sido una mujer feliz y activa. Antes de ser confinada a una silla de ruedas, hace cinco años, a causa de una fractura en la cadera, era reconocida en el vecindario por sus vigorosas caminatas diarias. A los 100 años todavía montaba en bicicleta. Al parecer, la única concesión que le ha hecho a la edad fue cuando tenía 118 y decidió dejar de fumar.

Las fuentes de la eterna juventud
UNA DE LAS mayores obsesiones del hombre a lo largo de la historia ha sido la búsqueda del elixir de la eterna juventud. Aunque en el transcurso de este siglo, la preservación de la juventud ha ido de la mano de los avances médicos, no son pocas las fórmulas mágicas que han prometido evitar el envejecimiento. Chinos, hebreos, griegos y romanos, monjes medievales y charlatanes contemporáneos han hecho intentos por evitar el envejecimiento. Este es a grandes rasgos el recuento de las descabelladas promesas y las defraudadas esperanzas.
Algas marinas: los babilonios narran la historia del rey Gilgamés, a quien hace 5.000 años un sabio convenció de que para lograr el sueño de vivir eternamente debía comer una extraña planta que crecía en el fondo del mar. La fórmula no sólo no impidió la muerte del soberano sino que causó la de muchos enviados a recogerla.
Cuchara de oro: en épocas milenarias los boticarios chinos preparaban un coctel compuesto de oro y mercurio que prometía evitar el envejecimiento. Por las propiedades tóxicas de estos metales, ninguno vivió para contarlo. En la Edad Media, la alquimia también intentó transmutar la mortalidad por inmortalidad. Se dice que un alquimista convenció al emperador chino de comer con utensilios de oro para prolongar indefinidamente su vida. La teoría tuvo tanta acogida que durante varios siglos, los orientales acostumbraron los baños en tinas de oro macizo, con la esperanza de evitar las enfermedades y aumentar la longevidad.
Joven aliento: el monje franciscano inglés Roger Bacon, quien en el siglo XIII fue llamado 'el Doctor Admirable', creía que el envejecimiento era el resultado de la pérdida de 'partículas vitales' que eran exhaladas con la respiración. Con la creencia de que la salud podía ser tan contagiosa como la enfermedad, Bacon recomendaba a los viejos dormir con jóvenes vírgenes -quienes poseían grandes reservas de 'principios vitales'- para recibir su aliento. Referencias de esta creencia se encuentran desde el Antiguo Testamento hasta el siglo XVIII.
Macho cabrío: en el siglo XIX investigadores de varios países, entre ellos Francia y Rusia, trataron de revertir el envejecimiento utilizando glándulas de animales para recargar hormonalmente a los viejos. Esta tendencia alcanzó a llegar al presente siglo, cuando el doctor John 'Doc' Brinkley en Estados Unidos se convirtió en millonario por cuenta de una cirugía para injertar a los humanos los testículos de machos cabríos.
Secretos de la mala leche: la búsqueda de la eterna juventud tomó en este siglo un rumbo más científico. Durante la primera década, Elir Metchnikoff, un renombrado microbiólogo del Instituto Pasteur de París, afirmó que la leche fermentada era el mejor antídoto para detener el envejecimiento. Su teoría se basaba en la longevidad de los habitantes de una población del sur de Rusia, que la consumía para liberarse de las toxinas intestinales.
Solución estéril: en 1920, Eugen Steinag, un profesor de fisiología de la Universidad de Viena alcanzó instantáneamente la fama al idearse una especie de vasectomía con el fin de que los ancianos recuperaran su vitalidad. Steinag pensaba que al cerrar el ducto del esperma se estimulaba la producción hormonal. El costo de este tratamiento era la esterilidad.
Divino tesoro: a comienzos de los años 50 y por cerca de 30 años, la famosa bioquímica rumana Ana Aslam promovió el GerovitalH3 como una eficaz fórmula para frenar el proceso de envejecimiento. Por cuenta de esto, Rumania se convirtió en uno de los lugares más visitados del planeta, lo cual le dejó al país descomunales dividendos. Cuando la doctora Aslam murió, la popularidad de la fórmula se extinguió con ella.
Después de la era Aslam, quienes han revivido el sueño de la eterna juventud son los promotores de embriones de pato o células de feto de cordero, que aseguran que estas inyecciones incitan a las células decrépitas a rejuvenecerse. Cierto o no, estas fórmulas se han convertido para sus creadores en un divino tesoro.

Un pueblo de ancianos
EN PERSHORE, la capital británica de la longevidad, cada anciano tiene su propia fórmula de la vida larga. Sophie, una mujer de 104 años, asegura que el secreto radica en consumir siempre agua hervida; Rosie, de 101, dice que la fórmula está en no probar el pescado. Según los hermanos Joseph y Natan Carrieth, quienes tienen sobrinos de 70 años, el fenómeno es hereditario. Sea cual fuere la explicación, el pueblo de 9.000 habitantes en el centro de Inglaterra se caracteriza por el gran número de personas centenarias y nonagenarias que viven allí.
El farmacéutico J. C. Ogle, un 'adolescente' de 69 años, asegura que pocos residentes toman grandes cantidades de medicamentos: "La mayoría solo compra remedios para combatir el estreñimiento", dice. Y resume así su explicación: "En la época en que estas personas nacieron, la mortalidad infantil era bastante elevada. Entonces sólo los más fuertes sobrevivieron y eso va en las familias".
Entre las estadísticas del pueblo figuran 77 mujeres y 17 hombres mayores de 90 años y casi un millar de personas tienen más de 75 años. La edad promedio de las 30 personas que residen en el ancianato es de 93 años. Blanche Dufty, de 104, todavía fuma y atribuye su longevidad a que sólo toma bebidas alcohólicas en ocasiones muy especiales. Su amiga Elizabeth, de 101, nunca ha fumado pero señala que el secreto radica en haber sido siempre feliz.
Para los expertos, el factor que parece contribuir a la longevidad de los habitantes de Pershore es su plácido tren de vida y su buena alimentación. El doctor Marshall Wilson, dice: "Esta es una zona de cultivo de hortalizas. A finales del siglo pasado, incluso las personas más pobres tenían huertas. Pudieron haberse beneficiado de una mejor comida". Pero está convencido de que sea cual sea la causa, el fenómeno no se repetirá en las generaciones subsiguientes. "Con el factor de tensión nerviosa de la vida de hoy y la mala alimentación, no creo que en el futuro haya mucha gente que llegue a los 100 años".

EDICIÓN 1884

PORTADA

Duque versus Petro: La hora de la verdad

A una semana de las elecciones la diferencia entre encuestas genera tensión, incertidumbre y hasta pánico. Sin embargo, en la de Invamer para Caracol Televisión, Blu Radio y SEMANA, Iván Duque alcanza una amplia ventaja.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1885

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.