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| 9/5/1994 12:00:00 AM

'YO ME BAUTIZO'

A los colombianos les ha dado por cambiar de nombre. Segùn los notarios, las razones son variadas y la clientela potencial es inmensa.

'YO ME BAUTIZO' 'YO ME BAUTIZO'
PABLO EMILIO EScobar Escobar tiembla cada vez que dice su nombre. Lo mejor que recibe es una mirada de compasión. Ser homónimo del extinto jefe mafioso y vivir en Medellín, no ha sido fácil. Sin embargo, el único Pablo Emilio Escobar de la capital antioqueña, pese a las continuas requisas e indagaciones sobre sus nexos con 'El Padrino', y no pocas sugerencias para que cambie de nombre, no ha querido hacerlo. "Ahora que desapareció el susodicho, ya no me importa", le dijo a SEMANA.

La situación revela los problemas a que pueden verse enfrentado alguien simplemente por un nombre. Unos porque sea muy conocido y otros porque resultan extraños. Tal es el caso de Divina Guerra, quien creía tener un nombre inolvidable hasta que un recién conocido la llamó 'Hermosa Batalla'. Hoy se llama Diana.

Hasta 1989, cambiarse el nombre era labor de titanes. El gobierno de Virgilio Barco lo reglamentó ante notario, por una sola vez en la vida. Sin más justificación que el deseo, se puede sustituir, rectificar, corregir o adicionar elementos al nombre, con el único argumento de "fijar su identidad personal". Si alguien se siente incómodo con su segundo nombre, puede eliminarlo de un brochazo. Si se quiere, se puede legalizar un diminutivo. Desde entonces, las notarías reciben numerosas peticiones de cambio y de corrección o supresión. "La persona es víctima de una mofa directa o soterrada y lo delicado es que pierde respetabilidad por las bromas que se sussitan a su alrededor", dijo a SEMANA Rubén Darío López, notario 18 del Circuito de Medellín, quien ha escrito ensayos sobre el tema.

Los cambios pueden ir desde modificaciones en la escritura -por ejemplo, Marta por Martha o en el antioqueñísimo Jhon por John- hasta una nueva identidad. Como el señor Lesbiano que lo cambió por uno más corriente para evitar los comentarios. Los más frecuentes son a causa del exceso de originalidad de los padres. "Por aquí han pasado Dioscórides, Triponio, Fondopio, Miniato, Fructuoso, Fulco, Críspulo, Eglantino, Gorgonio, Malcoba y muchísimos por el estilo ", dice el notario López. Pero el más común es el de la supresión del 'de' en las mujeres casadas. Al parecer, ya ninguna quiere llevar la preposición de pertenencia.

Los notarios también han tenido que reemplazar un Carlos por María, o viceversa, en el caso de las personas que cambian de sexo, aunque ellos deberán conservar siempre con el que nacieron. "Tenemos atribuciones para cambiar nombres pero no sexos. Legalmente una María lo será de nombre, pero seguirá siendo varón en su registro civil", dijo Oscar Alarcón, notario 46 de Bogotá y superintendente durante el gobierno de Virgilio Barco, responsable de introducir las reformas.

NOMBRES CON MARCA
Desde la expedición del decreto 999, de 1989, el procedimiento para cambio de nombre es sencillo: Se requiere de una minuta que declara la intención, acompañada del registro civil original y del documento de identidad. La escritura pública resultante se envía a la notaría donde reposa el registro civil de nacimiento, para su modificación.

Hasta aquí, todo es muy simple. Los próximos pasos, sin embargo, pueden hacer desistir a cualquiera. Si el cambio se realiza después de la mayoría de edad, el proceso afecta toda prueba documental en la vida del individuo: diplomas títulos universitarios, libreta militar, pasaporte, cuentas bancarias, tarjetas de crédito, nombramientos. "Ahí es cuando uno se echa para atrás", dijo Pablo Emilio Escobar Escobar. Obtener la escritura pública toma una semana, pero los demás trámites pueden prolongarse por varios meses o años.

Un rápido vistazo a documentos notariales o a las páginas del directorio telefónico demuestra la inventiva colombiana cuando de nombres se trata: Waldir, Yydyd, Belkix, Hilmerio, Diurny, Yalili, Yaissury, Yiniva, Bianery, Diola, Dulfay, Eibarde, Nubiardo, Trofilia, Gaster, Vesty, Adrico, Ubelni, Icodosia, Eucraneo, Olems, Queena, Erculano, Elconides, Edocadiz, Durey, Frankelina, Gry Marleny, Aicardo, Obrian, Darnelli, Brisderby, Ingel, Rey Belgrado o Libaniel.

El exceso de devoción religiosa lleva a casos de bautizados como 'De la Eucaristía', 'De la Divina Concepción' o 'San Cayetano'. También el inglés parece avivar la imaginación: Por ejemplo Usnavy -inspirado por la presencia de un barco de guerra estadounidense-. Pero también están nombres como: 'Disneylandia', 'Onedolar', 'Marlboro' y 'Usmail'.

Pero no todo es culpa de los padres. Juan Guillermo Peña Trujillo decidió enfrentar a la familia cambiándose el nombre para hacer realidad una obsesión personal: llamarse 'Guillén Petriny Escritor Diecinueve': Guillén, por el escritor español Jorge Guillén; Petriny, por la conjunción de Peña y Trujillo y Escritor Diecinueve, por considerarse un nuevo integrante de los Dieciocho Poetas Malditos.

En Colombia hay una larga tradición de fusionar y copiar nombres extranjeros o inventarlos. Y sus dueños deben, involuntariamente hacer gala de lo que la sicóloga María Isabel Herrón llama "una alta autoestima que contrarresta las expresiones de asombro de la sociedad". Y la verdad es que a la hora de inspirarse, a los colombianos les sobran musa. Casos curiosos abundan, como el del español que le dio a su hija el nombre de la primera expresión que oyó después de que nació: "Son soles", dijo alguien al verle los ojos a la niña, quien se llamó 'Sonsoles'. O el padre que decidió que su hija fuera un homenaje viviente de la carrera espacial y la bautizó 'Enórbita'... Menos mal que para eso hay remedio.

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