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Con conmovedoras palabras familiares y pacientes despidieron al oncólogo Robledo

Acompañadas de colegas y amigos, decenas de pacientes vestidas de blanco acudieron a la Iglesia La Inmaculada para rendirle homenaje a José Fernando Robledo, el doctor que les salvó la vida. Durante más de 30 años el cirujano operó a pacientes con cáncer de seno.

Eran las 5:30 de la tarde y la iglesia La Inmaculada estaba a reventar. Familiares, amigos y, sobre todo pacientes, se habían dado cita allí para despedir al doctor José Fernando Robledo, uno de los mejores especialistas en cáncer de seno que ha tenido el país. 

 

El pasado 21 de enero el oncólogo cayó del séptimo piso de la Clínica del Country, en el norte de Bogotá, institución en la que trabajaba desde hace 15 años. Aunque el hecho aún es materia de investigación, varios testigos indican que el doctor decidió acabar con su vida tras el difícil momento que atravesaba por la pérdida de una de sus hijas.

 

El hecho dejó en conmoción al gremio de los médicos, pero también a las cientos de mujeres a las que Robledo les salvó la vida en los últimos 30 años. Para honrar su memoria, al menos 350 personas asistieron a una misa el pasado 27 de enero. 

 

 

Todas sus pacientes fueron vestidas de blanco y destacaban entre la multitud. Iban solas, acompañadas de sus esposos, hermanas o hijos; quienes también agradecían entre murmullos al doctor por haberle salvado la vida a sus madres, esposas o amigas.  

 

Pasadas las 6:00 de la tarde empezó la eucaristía y la gente no paró de llegar hasta el último momento. Sus dos hijas y su mejor amigo, ofrecieron unas palabras en las que recordaron cómo Robledo “cuidó con delicadeza y exquisitez a las mujeres” durante toda su vida. Por un lado estaban su esposa y sus tres hijas, y por otro, las miles de mujeres a quienes a diario atendía. 

 

“Siempre que salía a la calle con él me sentía como estar cargando una medalla de oro. Y su risa era mi sonido favorito en el mundo”, dijo una de sus hijas. Su familia también recordó como, además de ser un hábil cirujano, Robledo podría pasar horas tocando la guitarra en las reuniones con amigos hasta que los hijos se durmieran, o disfrutando de la finca.

 

Hablar con sus pacientes también deja un sinsabor por su prematura partida. Esperanza Puente Báez, que ahora supera los 60 años, cuenta que cuando tenía 35 el médico le salvó la vida. “Cuando me diagnosticaron cáncer de seno el presidente de la compañía donde trabajaba logró una cita con el doctor. Desde el principio me inspiró mucha confianza, llamó a la clínica y al día siguiente me operó. Fue una cosa muy rápida", dice.  

 

Puente agrega que Robledo siempre le insistió en que se hiciera la reconstrucción de seno, pero ella nunca aceptó porque tenía una cirugía de apéndice. Y es que como bien lo retrata un perfil hecho hace unos años por El Tiempo, Robledo era un médico particular. No sólo extirpaba los tumores y hacía al rededor de 300 mastectomías al año, sino que también le gustaba hacer parte de la cirugía reconstructiva de sus pacientes.

 

“Le agradezco la vida, yo era muy joven — dice Puente—. Pero ahora me sorprendo de ver tantas mujeres que vivieron de blanco a esta misa. Sólo de mi edificio me encontré con tres que no tenía ni idea que también fueron operadas por el doctor. Eso me da la alegría  de que era un gran médico y que seguramente salvó a muchísimas mujeres”. 

 

Además de agradecimiento en todas las mujeres se evidencia una angustia. “Su vida era salvarle la vida a la gente, a mí me salvó la vida dos veces, y ahora ¿Qué voy a hacer? Me parece que me quedé sola en el mundo sin él”, dice Blanca Lilian, que hace 22 años años llegó al consultorio del médico por la misma razón que las cientos de mujeres que acudieron a la misa. “En noviembre de 2019 fue la última vez que lo vi. Él se preocupaba mucho por sus pacientes”, agrega.

 

Algo similar dice Gloria Uribe quien desde hace 19 años tenía una cita obligada al año con el doctor Robledo pero ahora vive la incertidumbre de quien la atenderá en la próxima. “Era una maravillosa persona. Durante todos estos años yo fui a control una vez al año y hace dos me puso prótesis, se me dañó y me la cambió de inmediato. Le agradezco todo. Su trato como médico, su generosidad, me dio la seguridad de que iba a estar bien. Hoy tengo 82 años y estoy muy bien pero muy triste de que ya no vayamos a tener otra cita”.

 

 

Al hablar con las pacientes todas coinciden en que el tacto con el que el doctor manejaba una situación tan difícil, como notificarle a alguien que tenía cáncer, fue lo que más las alivió. “Un 26 de diciembre llegué muy preocupada a su consultorio porque no sabía qué venía después y de una forma muy dulce él jamás pronunció la palabra cáncer. Siempre me decía ‘tu examen no salió bien pero vamos a hacer esto, todo puede mejorar‘”, cuenta Yanira Aldana paciente del doctor Robledo desde hace dos años. 

 

Aldana relata que hace dos meses Robledo le salvó la vida en una segunda intervención. “Fui a control de rutina y me encontré con que mi tumor había hecho metástasis en las axilas así que tuve que hacerme otro procedimiento. Días después me enteré que la cirugía me la había hecho a los ocho días de haber perdido a su hija, ahí entendí que él vivía por nosotros. Una parte muy importante éramos sus pacientes”. 

 

Pero para Aldana el cambio fue notorio después de lo de su hija. “Se veía más callado”, dice. “En  una intervención quirúrgica le dije que él no debía estar conmigo, que ese no era su lugar en este momento. Le dije que le agradecía de corazón porque estaba dejando a su familia por nosotros cuando debía estar viviendo su duelo”. 

 

Ahora, sin cabello, Aldana tiene los recuerdos más grandes de él. “Él decía que yo podía ser guerrera y agradezco que haya llegado a mi vida. Fue un médico ejemplar. Siempre daba tranquilidad y soluciones. En un momento pensé en no hacerme el tratamiento, pero él con su dulzura me explicó que eso era lo mejor y en caso de que no lo hiciera eran altas las probabilidades de tener otra vez metástasis”.

 

Justamente como un buen médico, amigo, esposo y padre,  su hijas pidieron que lo recordaran a todos quienes alguna vez hicieron parte de la vida del doctor Robledo. “Quiero que lo recuerden por esos buenos momentos. Ahora mi papá y María José estarán dandose ese abrazo tan ansiado”. 

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