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| 2/12/2006 12:00:00 AM

Barriga llena

La nueva tendencia para ayudar a perder peso a los más gordos es implantar un marcapasos en el estómago que le emite al cerebro la señal de estar saciado.

Barriga llena El estimulador gástrico conocido como Trascend II está disponible en Europa y en Estados Unidos para estudios clínicos. El aparato se le coloca al paciente debajo de la piel, y los cables se conectan a la pared externa del estómago. Los impulsos eléctricos disparan las señales químicas que generan la sensación de saciedad.
El by-pass gás- trico, la cirugía a la que se sometió Armando Maradona hace unos meses, es muy efectiva. El astro del fútbol ha perdido 40 kilos después de este procedimiento, con el cual se busca reducir el tamaño del estómago y saltarse un pedazo de intestino para que disminuya la absorción de comida. Sin embargo, esta técnica tiene altos riesgos, entre ellos la muerte. Según los más recientes estudios, la tasa de mortalidad es de 1,4 por ciento y se debe tanto a la cirugía como a las enfermedades asociadas con la obesidad del paciente. Por ello, los científicos están desarrollando técnicas alternativas menos drásticas que las cirugías bariátricas, que son las que se practican sobre el estómago del paciente para hacerlo adelgazar. El resultado de las investigaciones ya está a la vista. Se trata de los implantes de estómago, unas cajitas diminutas que se colocan en la pared de este órgano y que funcionan como los marcapasos para el corazón. Pero en el estómago emiten señales eléctricas que engañan al cerebro haciéndole creer que la persona está satisfecha. Otros funcionan acelerando el metabolismo (ver recuadro). La mayoría de los aparatos aún se encuentra en etapa de experimentación. Sólo uno, conocido como Trascend II, ya está disponible en Europa y se estudia en Estados Unidos para someterlo a la aprobación de la Food and Drug Administration (FDA). Trascend II es una especie de pila de cinco centímetros de ancho por cinco de largo que tiene dos cables. La diminuta batería se implanta en un bolsillo de grasa abdominal mediante una laparoscopia, una cirugía que sólo requiere de un par de incisiones. Los cables luego se conectan a las paredes exteriores del estómago. Por medio de un radio control, el médico modula el impulso de las señales eléctricas de tal manera que se dispara la secreción de los llamados químicos de la saciedad, los cuales le indican al cerebro que el estómago está lleno. De esta forma, controla el apetito. "Además, el impulso eléctrico les ordena a los músculos del estómago distenderse, tal como sucede cuando está lleno", explica el cirujano Rami Mickler. Lo que tiene más entusiasmados a los expertos es que los efectos secundarios son pocos, comparados con los de la cirugía para adelgazar. El aparato está fabricado en titanio, con lo que se garantiza que no haya infecciones, y la señal eléctrica es baja, lo suficiente para que la persona la sienta, pero no tenga náuseas. Aún es incierto si los implantes son tan efectivos como algunas técnicas de la cirugía bariátrica. Más de 500 personas se han sometido a estudios con Trascend II y los resultados muestran que el aparato sólo funciona en un tercio de los pacientes. Los que comen compulsivamente y están picando a toda hora continúan haciéndolo aun después de ponerse el implante. Cuando el marcapasos funciona, no obstante, logra bajar en promedio 40 por ciento del sobrepeso. "Son resultados parecidos a los de la banda gástrica ajustable, otro tipo de cirugía bariátrica", afirma el cirujano Humberto Jiménez, pero no a los del by-pass, que reduce hasta 80 por ciento del exceso de peso. Así como la cirugía bariátrica, estos implantes son recomendados exclusivamente a personas con obesidad mórbida, es decir, aquellos que tienen un índice de masa corporal (IMC) mayor de 40, o de 35 si el paciente además tiene enfermedades asociadas a la obesidad como la diabetes. En dichos casos, los riesgos de morir por el exceso de peso son más altos que los de fallecer por la cirugía y es por ello que se recomienda. Además, estos pacientes han intentado otros mecanismos -dietas, medicamentos, ejercicio- y no han logrado ganarle la batalla a la obesidad. El implante es, según Mickler, "una idea promisoria". Pero aún falta que se termine de desarrollar para lograr una mayor efectividad. Para Jiménez, el futuro de los tratamientos de la obesidad no serán las cirugías, sino los medicamentos, para lo cual los científicos ya están preparándose. Se ha encontrado una serie de hormonas que estarían involucradas en dicha enfermedad, y el próximo paso será lograr medicamentos que puedan controlarlas. Para entonces, los pacientes con obesidad mórbida podrán tratar su problema con sólo tomar una pastilla diaria, "y probablemente en 20 años se verá a la cirugía bariátrica como un procedimiento muy invasivo", afirma Jiménez. Mientras ese día llega, los científicos consideran que este tipo de alternativa ayudará a muchos obesos a controlar su voraz apetito.

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