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| 3/24/1986 12:00:00 AM

LAS CAPSULAS DE LA MUERTE

Escándalo en Estados Unidos por hallazgo de cianuro en cápsulas del analgésico Tylenol

LAS CAPSULAS DE LA MUERTE LAS CAPSULAS DE LA MUERTE
Para muchos, la muerte por envenenamiento de una secretaria de 23 años que había ingerido dos capsulas de Tylenol extrafuerte en una zona de Nueva York, era la repetición de una pesadilla vivida cuatro años atrás en Chicago cuando perecieron siete personas afectadas por el mismo producto.
Ahora, en medio de la mayor confusión y mientras los directivos de la compañía Johnson & Johnson (una de cuyas subsidiarias fabrica el producto en distintas formas), iniciaban después de varios días de dudas la recolección de todo el Tylenol en cápsulas existente en territorio norteamericano, la histeria y la preocupación de la gente iba en aumento, ocho estados prohibían la venta del producto, grupos de sicólogos trataban de concretar un perfil del posible asesino, sesenta personas se encerraban en un laboratorio a destapar caja por caja, frasco por frasco, cápsula por cápsula de Tylenol en busca de nuevos trazos del cianuro que acabó con la vida de esa muchacha, la modalidad de las medicinas en cápsulas era puesta en duda por la inseguridad que ofrece y toda clase de preguntas surgían con el fin de establecer lo que industriales, autoridades y consumidores quieren saber todavía: ¿en qué momento se produjo el envenenamiento de las cinco pastillas que estaban en el frasco mortal? Para un país como Estados Unidos, donde los casos de envenenamiento colectivo son frecuentes por medio de dulces, alimentos y medicinas, a pesar de las rígidas medidas de prevención y seguridad impuestas por el gobierno a los fabricantes y distribuidores, éste viene a ser el golpe de gracia contra un producto que ha sido el favorito de los norteamericanos entre los analgésicos que no necesitan de prescripción médica para ser adquiridos en cualquier farmacia o tienda.
Aroma de almendras
Lo más curioso de este caso es la forma fría y mesurada como han reaccionado tanto las autoridades policiales y sanitarias como los fabricantes, al enterarse que Diane Elsroth, de 23 años, quien pasaba un fin de semana con los suegros y el novio en la zona de Yonkers, en Nueva York, había sido encontrada muerta el sábado 8 de febrero a la una y media de la tarde, doce horas después de haber ingerido dos cápsulas de Tylenol porque tenía dolor de cabeza. El mismo amigo las había sacado de un frasco nuevo, destapado en presencia de los suegros y adquirido en la vecindad.
Aunque la primera declaración oficial afirmaba que esa muerte era un caso aislado de envenenamiento y no había razón para creer que hubiera más cantidades de droga con cianuro, poco después otro frasco con más cápsulas envenenadas sería encontrado en una zona cercana. Lo dramático de esta muerte es que, al principio, la autopsia no reveló nada sospechoso en el cuerpo de la joven, pero un leve aroma de almendras en su ropa de cama y la boca reveló la presencia del cianuro en grandes cantidades en la sangre.
Cuando la noticia se propaló ese fin de semana frío, las droguerías y almacenes iniciaron la recolección de todas sus existencias de Tylenol y los directivos de Johnson & Johnson revivían la crisis atravesada en 1982, cuando murieron 7 personas en la zona de Chicago, también envenenadas con cianuro. En esa ocasión, 31 millones de frascos fueron recogidos por la compañía, perdiendo 100 millones de dólares. Hasta este sábado trágico, el Tylenol mantenía el 35% del mercado de analgésicos sin fórmula médica. En 1985 la compañía vendió 550 millones de dólares en competencia con otros productos como Anacín 3, Datril y Panadol.
Comenzó entonces el trabajo de diez agentes del FBI, quienes rastrearon todo el recorrido del frasco envenenado que formaba parte de un lote de 209 mil unidades fabricadas en mayo de 1985 y despachadas a Montgomeryville, en Pensilvania, donde funciona uno de los tres centros nacionales de distribución de Johnson & Johnson.
Desde un principio, tanto las autoridades como los fabricantes decidieron que el envenenamiento no se había producido durante el proceso de envase. Había que determinar quién, dónde y cuándo había colocado las cinco cápsulas envenenadas.
Cuando un segundo frasco fue encontrado a poca distancia de la casa donde murió la muchacha, no fue difícil determinar que los dos envases provenían del mismo centro de distribución. A pesar de las declaraciones contradictorias, era evidente que si ambos frascos tenían los sellos de plástico y aluminio intactos, las cápsulas envenenadas habían sido colocadas antes del cierre final de los envases.

Recompensa
Mientras tanto, el presidente de la McNeil Consumer Products Co., la subsidiaria de Johnson & Johnson daba a conocer un detalle que produjo escalofrío en millones de consumidores: varios meses atrás varias cantidades de cianuro se habían guardado en la planta para realizar algunas pruebas y control de calidad de los productos, pero descartaba que esa sustancia hubiera entrado en contacto con las cápsulas.
En ese momento, los fabricantes esgrimieron un argumento aparentemente válido: si el cianuro hubiera sido depositado en las cápsulas desde varios meses atrás, su acción corrosiva hubiera alterado visiblemente el producto en pocas semanas.
En medio de la confusión, varias ligas de consumidores llamaron la atención hacia la poca confiabilidad que ofrecen los sellos de seguridad que ostentan los envases de medicinas y alimentos, y aseguraron que basta la utilización de una plancha eléctrica para poder remover el plástico y el aluminio que traen los frascos. Para reponerlos es suficiente usar una de las piezas plásticas que emplean los coleccionistas de modelos de aviones en miniatura. Las mismas ligas revelaron que, como los consumidores jamás examinan la seguridad de los envases, hay que acudir a los sellos holográficos empleados por las tarjetas de crédito que son difíciles de imitar, pero demasiado costosos para los fabricantes.
La fabricación de Tylenol se suspendió del todo, se ofreció una recompensa de 100 mil dólares a quien diera una pista de los responsables y los sicólogos llegaron a una conclusión inicial: el asesino es una persona que quiere llamar la atención, con enormes alteraciones mentales y listo a gozar con el espectáculo de toda una nación asustada porque uno de sus productos favoritos la puede matar. Mientras tanto seis mil personas que ya habían sido interrogadas e investigadas durante el envenenamiento colectivo de Chicago, fueron llamadas de nuevo a los despachos policiales.
Como siempre, surgió un espontáneo que se proclamó autor del asesinato. Dewitt Gilmore, de 22 años, fue arrestado con dos compañeros al ser sorprendidos utilizando tarjetas de crédito falsificadas, pero fueron exonerados de cualquier relación con este otro caso. Otra botella de Tylenol apareció entonces con claras muestras de adulteración, pero con un detergente industrial. Cada norteamericano se convirtió en un cazador de frascos y cápsulas del producto. Cápsulas, no tabletas, que son más difíciles de adulterar.
Mientras el FBI investiga, mientras se piden sellos de seguridad más efectivos, mientras se suspende la producción y mientras la histeria sigue su curso, los médicos ponen en duda la efectividad de las cápsulas como forma de ingerir medicamentos. Inventadas en el siglo XIX las cápsulas representaron una revolución para la medicina, pero no proporcionan más alivio que las tabletas o las gotas. Son más fáciles de adulterar, pero según una encuesta realizada pocos días después de los envenenamientos de Chicago, un 54% de los norteamericanos seguía prefiriendo los medicamentos en cápsulas y sólo un 13%, en tabletas. Además, las tabletas son más baratas y fáciles de producir: en un minuto se fabrican 100 mil tabletas y sólo 3 mil cápsulas.
En una oficina de Brooklyn, sesenta personas con máscaras y guantes, trabajando en turnos agotadores, han seguido buscando cianuro en nuevas cajas del producto. Son funcionarios de la Oficina de Alimentos y Drogas que ya tienen experiencia en situaciones similares cuando el envenenamiento colectivo ha surgido como un espectro: por un queso estilo mexicano contaminado por una bacteria, con una sombra para los ojos que producía ceguera momentánea y por unos alimentos enlatados y contaminados con botulismo. Se demoran veinte minutos examinando cada frasco.
Dos semanas después de la muerte de la secretaria, había finalmente conclusiones concretas: los dos frascos envenenados procedían de la planta de distribución en Pensilvania y su adulteración tenía que haberse producido en algún momento del manejo de los envases. El primer frasco formaba parte de un lote de 209 mil unidades, mientras el segundo era de un grupo de 84 mil envases.

El incidente ha provocado toda clase de escenas, especialmente cuando los consumidores descubren que algún alimento o medicina ha cambiado de color o muestra señales de intento de adulteración de los sellos. La gente se ha vuelto más prevenida, desconfiada. Mientras Johnson & Johnson anunciaba que no producirá más cápsulas de sus distintos productos, los otros fabricantes decidían continuar con esa modalidad y el gobierno federal negaba las versiones de que prohibiría la fabricación del Tylenol: sin embargo, otra forma de Tylenol, también en cápsulas, pero con codeína, ha seguido en el mercado porque sólo es vendida mediante prescripción médica. El responsable por los envenenamientos de 1982 nunca fue detenido y aunque fabricantes y autoridades afirman que no existe relación alguna entre ambos casos, las mismas preguntas que se hace la gente de la calle siguen en pie: ¿dónde fueron adulteradas las cápsulas?, ¿por qué fueron envenenadas? ¿por qué no han dejado una nota explicando ese crímen?, ¿que se puede hacer para evitar que alimentos y drogas sigan siendo envenenados?
Diecisiete días después de la muerte de la secretaria que tenía dolor de cabeza en la madrugada de un sábado, apareció un aviso en los periódicos norteamericanos en el que los fabricantes ofrecen cambiar todas las cápsulas de Tylenol por caplets, una forma intermedia entre cápsulas y tabletas. En el aviso, después de afirmar que sólo las cápsulas fueron objeto de envenenamiento la firma fabricante anuncia su decisión de retirar sus productos Tylenol Regular y Extra-Fuerte, Co-Tylenol, Tylenol más Fuerte para el tratamiento de la sinusitis, y las cápsulas de Dimensyn que alivian las molestias de la menstruación. También anuncia la decisión de suspender la fabricación de cápsulas de todos sus productos y se ofrece a los consumidores el cambio de las cápsulas por caplets o la devolución del dinero gastado.
La histeria, obviamente, seguirá y un producto popular habrá quedado herido de muerte: cuando alguien sienta dolor de cabeza, lo pensará dos veces antes de decidirse por la medicina que tomará. Sobre todo si es de madrugada.

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