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| 9/15/2003 12:00:00 AM

Muerte repentina

Uno de cada 10.000 individuos puede sufrir el síndrome de muerte súbita, una extraña condición que mata a 3.000 jóvenes al año.

La mañana del pasado 27 de agosto, como cualquier otro miércoles, Felipe Villaveces se levantó temprano para ir al Gimnasio Campestre. Debía trotar a las 6:30 y estar listo para la izada de bandera a las 7. En el típico corre corre diario ni tiempo tuvo de despedirse de su padre, Camilo Villaveces. Pero se mostraba feliz y tranquilo, como siempre. En son de tomadura de pelo le hizo un comentario a su conductor, a quien notó muy callado: "Oiga Fercho, no hable tanto que no me deja conversar a mí". Cuando faltaba poco para las 9 de la mañana y esperaban a la profesora de inglés él y sus compañeros empezaron a molestar. De pronto Villaveces cayó al piso. "No exagere, párese", le decían sus amigos. Pero el joven de 16 años no estaba haciéndose el chistoso. Cuando los demás muchachos se dieron cuenta de que era en serio lo llevaron de inmediato a la enfermería, a donde llegó sin pulso y su corazón no latía. Tenía un paro cardíaco. El pediatra y su enfermera trataron de reanimarlo con masajes en el corazón y respiración boca a boca, pero al ver que no respondía decidieron llevarlo en un carro a la Fundación Cardio Infantil, el centro hospitalario más cercano al colegio. Allí le hicieron un electrocardiograma, en el que pudieron comprobar que el corazón no se movía y que toda la actividad del músculo se reducía a una fibrilación ventricular. Se hicieron los exámenes de rigor para descartar una sobredosis. Las pruebas de sangre y orina dieron resultados negativos. El ecocardiograma tampoco mostró malformaciones congénitas. Mientras buscaban una posible causa de lo ocurrido los especialistas de la Fundación trataban de recuperar el ritmo cardíaco. Primero usaron el defibrilador, pero no hubo respuesta. Luego le colocaron un marcapasos y por fin el músculo reaccionó. Pero la esperanza duró sólo unos cuantos minutos. El corazón volvió a entrar en paro. A las 9:25 minutos los médicos detuvieron el esfuerzo para revivirlo y a Felipe lo declararon muerto.

Los especialistas que han revisado el caso han podido establecer que el joven murió a causa de un extraño síndrome conocido como muerte súbita, en el que se agrupan una serie de enfermedades, como la de la muerte de la cuna, que tienen en común una característica: el corazón deja de funcionar sin que haya una causa aparente. El de Villaveces se denomina síndrome del QT prolongado, un trastorno genético en el que están involucradas unas proteínas que conforman los canales por donde se mueven el sodio, el potasio y el cloro en las células cardíacas. Esa actividad es la que permite el paso de la electricidad por el corazón. Cuando las proteínas no funcionan de manera correcta el corazón es susceptible de sufrir arritmias que pueden desembocar en un paro cardíaco.

Aunque el caso ha generado gran sorpresa entre los padres de familia el síndrome no es tan poco frecuente como parece. Se calcula que en Estados Unidos una de cada 4.000 personas puede sufrir esta enfermedad, que al año causa la muerte de 3.000 jóvenes entre 16 y 20 años de edad. "En Colombia podría hablarse de 100 niños en riesgo", dice Jaime Bernal, médico genetista y rector del Gimnasio Campestre. Lo importante es que la población en riesgo se pueda detectar. Según Camilo Villaveces, cuando en Estados Unidos se tuvo conciencia sobre la muerte en la cuna se redujeron los casos en 70 por ciento.

Para un tercio de los niños que sufren esta condición la primera señal de la enfermedad puede ser la propia muerte. Otros, sin embargo, pueden experimentar síntomas como desmayos o pérdidas rápidas de conocimiento, ya sea cuando están en reposo o durante un ejercicio. Los expertos señalan que este síndrome puede presentarse en niños en cuyas familias ha existido un caso similar o una historia de muerte en la cuna. Cuando estas situaciones ocurren Bernal recomienda que los padres acudan a un médico cardiólogo para que, con la ayuda de un electrocardiograma, se pueda detectar si la región QT está alargada. De ser así se deben practicar exámenes genéticos para observar anomalías en este nivel que confirmen el diagnóstico.

Tanto el doctor Bernal como Camilo Villaveces están convencidos de que los colegios tienen una responsabilidad enorme en estos casos. "Deben llevar un registro para identificar a los niños con riesgo", afirman. Si hay desvanecimientos o pérdidas de conocimiento consideran que los profesores deben informar a los padres y alertarlos sobre este síndrome. También es importante crear conciencia entre los médicos para que busquen el problema. "Ningún pediatra ordena un electrocardiograma a un niño y cuando lo hace no pide que busquen el segmento QT", dice Villaveces.

No se sabe a ciencia cierta qué eventos pueden disparar la muerte súbita. Algunos reportes indican que nadar puede ser un detonador del problema en 15 por ciento de los casos, pero también lo son los sonidos abruptos como el de una alarma, un teléfono o un detector de humo. Recientes estudios muestran resultados preliminares frente a ciertos medicamentos que se venden sin fórmula médica que podrían acelerar la enfermedad.

Pero hay maneras de prevenir que el corazón de un joven con el síndrome haga un paro. Existe terapia farmacológica con betabloqueadores, medicinas utilizadas para bajar el nivel de colesterol que han probado ser buenas para otras enfermedades. La otra opción es usar un marcapasos que envíe una carga eléctrica al corazón para reiniciarlo en el momento en que deje de latir.

Felipe estaba demasiado joven para morir. Su padre ahora quiere concientizar a los colombianos sobre la enfermedad para evitar que otros padres sufran lo que él está viviendo. "Si logramos salvar, así sea una vida, creo que la muerte de Felipe habrá tenido un sentido", dice Camilo.

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