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| 1/2/1989 12:00:00 AM

DE ENTRE LAS RUINAS

Arqueólogos descubren antiguo método inca de cultivo, que podría revolucionar la agricultura del Tercer Mundo.

DE ENTRE LAS RUINAS DE ENTRE LAS RUINAS
En los países desarrollados la agricultura ha sufrido una transformación tan grande que el fenómeno es llamado "la revolución verde". Una serie de avances tecnológicos que van desde el manejo genético de los cultivos hasta el surgimiento de nueva maquinaria agrícola, han multiplicado varias veces la productividad de la tierra. Esa revolución, sin embargo, poco se ha sentido en los paises del Tercer Mundo, donde las condiciones son menos favorables y los escasos medios económicos hacen que la introducción de nueva tecnología sea un sueño poco menos que irrealizable. Sin embargo, de ponerse en práctica un sistema antiquísimo de cultivo de los antiguos incas, el resultado podría estar muy cerca del conseguido en el mundo desarrollado, y con una relación costobeneficio que podría poner verdes de la envidia a los paises ricos.

Se trata de un descubrimiento alcanzado por la llamada "arqueologia experimental". Por medio de ella los cientificos han sacado del olvido un arte que estaba ya perdido cuando llegaron los conquistadores españoles.
Todo lo que había sobrevivido era una serie de misteriosas elevaciones de tierra, afectadas por la erosión, que formaban plataformas rectangulares alternadas con canales, en estructuras que vistas desde arriba semejaban un tejido. Los indios peruanos de hoy solían llamar esas estructuras waru-waru y las consideraban señales dejadas por una reverenciada "raza primigenia" que, según ellos, vivió alli antes de los incas.

Las características de esa técnica apuntan en esa dirección: se la ha llanado agricultura de campo elevado" y no requiere de fertilizantes ni de maquinaria moderna. Su costo es practicamente nulo, a no ser por el del trabajo. Todo lo que requiere son herramientas tradicionales y aun así, ha logrado en cultivos experimentales, desarrollados en el mismo sitio por la comunidad indígena, superar los índices de productividad de cultivos similares en medio de la más avanzada tecnología.

El asunto comenzó hace más de 20 años, cuando un grupo de arqueólogos norteamericanos descubrió los campos abandonados en la región que circunda el lago Titicaca. Más tarde, una agencia de Estados Unidos para el desarrollo internacional adscrita al Departamento (Ministerio) de Agricultura, puso en marcha un programa en colaboración con el gobierno del Perú para que la propia comunidad reviviera la técnica de sus ancestros. Los resultados han sido tan favorables, que en opinión de los expertos, esta podría ser la puerta de entrada del Perú a su propia "revolución verde". Todo parece indicar que los cultivos elevados son, además, especialmente adecuados para países afectados por fuertes sequías y grandes inundaciones.

Desde su descubrimiento en los años 60, se ha encontrado que el sistema abarcó casi todo el continente desde México, donde los mayas usaron una tecnica parecida, hasta los incas. Pero a diferencia de varios intentos hechos en México, el experimento peruano se basa en la utilización de herramientas tradicionales y allí está, por lo visto, el secreto de su éxito.

Fue el doctor Clark Erickson quien logró deducir la forma como los campos elevados funcionaban en la práctica. Erickson, quien trabaja en la Universidad de Pensilvania, resolvió aplicar allí un ejercicio de arqueologia experimental, una rama de la ciencia en la que los investigadores tratan de recrear las condiciones antiguas y usar utensilios de la época como una forma de resolver las preguntas que se plantean. En este caso particular, lo que el doctor Erickson se propuso fue la recreación en la vida real, no sólo en cuanto al terreno síno en cuanto al trabajo de la comunidad, de la agricultura de los tiempos precolombinos. El sitio escogido para el experimento fue la población de Huatta, en la ribera norte del lago Titicaca.

Tanto en esa región como en una vasta área circundante, los cientificos habían descubierto restos de plataformas elevadas de diferentes tamaños.
La formación típica correspondía a un largo de 100 metros por un ancho de 10 y una elevación sobre los canales circundantes de un metro. Según parece, las plataformas eran construidas con la misma tierra que se sacaba para excavar las zanjas.

Al analizar el suelo y muestras arqueológicas de polen recogidas en el sitio, el equipo de investigación descubrió que el sedimento de los canales prehistóricos resultaba mucho más rico que lo normal en nutrientes vegetales. Por medio de la técnica del carbono, se encontró además que el sistema de las zanjas y las piataformas se remonta al menos a 1.000 años antes de Cristo, por lo que no se trató de un sistema breve y circunstancial, como se pensaba hasta entonces, sino de una de las formas más estables y primigenias de agricultura intensiva. Los descubrimientos posteriores demostraron que esos campos habían sido renovados sucesivamente en múltiples ocasiones hasta el siglo XVI.

Desde entonces, las plataformas comenzaron a erosionarse y las zanjas a llenarse hasta el punto que ya eran irreconocibles. Las excavaciones arqueológicas revelaron las dimensiones originales, que fueron las usadas en el proyecto experimental. Desde la reconstrucción, en 1981, de algunos campos, el sistema se ha extendido a 120 hectáreas.

Pronto se encontró que el equipo ideal de trabajo era de tres hombres, dos de los cuales excavaban las zanjas, por medio de herramientas tradicionales, mientras el otro extendía la tierra por la superficie de la plataforma, que es donde se siembra el cultivo. El trabajo se desarrolló con un promedio de 10 a 50 equipos que laboraban por turnos. Durante los primeros cinco años del experimento, los resultados fueron significativos: 10 toneladas métricas de papa por hectárea comparadas con 1 a 4 logradas por medios convencionales, no podían menos que entusiasmar a los científicos, y más si se tiene en cuenta que los campos experimentales no usaron ninguna clase de fertilizantes químicos, al contrario de las plantaciones de los alrededores. Por el contrario, lo que se hizo en los campos elevados para mejorar el suelo fue, a más de distribuir allí la tierra excavada, la aplicación de las algas extraidas de los canales. Uno y otro método se aplicaron por cuanto los arqueólogos adelantaron la teoría de que los antiguos pobladores también las usaban.

Los resultados del experimento son impresionantes: la acumulación de nutrientes orgánicos y la ausencia de químicos, permitió demostrar que esos campos no requieren "descansar" entre cultivos; el agua de los canales permitió que las sementeras sobrevivieran una sequía en 1983 y la elevación de las plataformas las puso a resguardo de la peor inundación que se recuerda en la zona, cuando el lago Titicaca se desbordó en 1986 .
Como si eso fuera poco, el agua de los canales, al retener la radiación solar, probó ser un medio para evitar el peligro de heladas.

Según el doctor Erickson, "mientras más grande sea la extensión cultivada con el método, mayor es el efecto de microclima. Podría tener un gran impacto por su sencillez y bajo costo en el desarrollo de la agricultura tropical" .

Se trataría del regreso triunfal de parte de la cultura que los antiguos pobladores de América perdieron por múltiples causas. Un-legado de los ancestros que podría llegar muy a tiempo a sus sufridos descendientes. --

EDICIÓN 1879

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