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| 3/27/1989 12:00:00 AM

EN DIOS CONFIO

Las nuevas teorías sobre la creación del universo hacen indispensable la participación de un ser superior.

EN DIOS CONFIO EN DIOS CONFIO
Durante uno de los escasos días de descanso de su extenso mandato, el emperador Napoleón le preguntó al ilustre sabio Pierre Simon Laplace, por qué en su libro sobre la mecánica celestE no había hecho mención del "Gran Arquitecto del Universo", nombre con el cual los revolucionarios franceses se referían a la idea de Dios. Extrañado, el astrónomo le respondió a Bonaparte: "Yo no necesito esa hipótesis".
No era la primera ni seria la última vez en la historia que un científico pusiera a tambalear las teorías sobre la creación y la existencia de Dios. Ya desde 1543, cuando Nicolás Copérnico publicó su libro sobre "La revolución de las esferas celestes", la Iglesia comenzó a poner problemas por el hecho de que un astrónomo hubiera puesto en duda la idea de que la Tierra era el centro del universo como lo había dicho Santo Tomás de Aquino. En enfrentamientos como este, muchos científicos fueron perseguidos y algunos de ellos, particularmente en tiempos de la Santa Inquisición, perdieron la vida.
La agudeza de este conflicto llevó a las partes a posiciones casi irreconciliables cuando, a mediados de los sesenta, no faltaron los astrofísicos que simplemente proclamaron que Dios había muerto. Esa idea surgía del convencimiento de que la ciencia, en su avasallador progreso, había logrado ya explicar la creación del universo sin necesidad de acudir al expediente de un ser superior.
Sin embargo, este divorcio entre Ciencia e Iglesia puede estar a punto de terminar. Y lo está, precisamente por cuenta de las más recientes teorías de los físicos. En una reciente entrevista con la revista francesa Paris Match, el astrónomo norteamericano de origen vietnamita, Trinh Thuan, declara sin timideces: "...considerando la fabulosa precisión de los mecanismos que han conducido la evolución del universo hasta llegar al hombre, yo prefiero colocarme del lado de aquellos que contemplan la hipótesis del creador" Y agrega que "...un creador que no sería forzosamente un ser bueno y perfecto, como el Dios de los cristianos. Como budista de origen, yo lo concebiría más bien como indiferente al individuo humano".
Thuan no está solo. Físicos tan famosos como Albert Einstein y Stephen Hawking comparten la idea de que es necesario un ser superior para explicar el origen y evolución del universo.
Ese convencimiento es producto de las investigaciones más recientes que han sustentado la hipótesis del "Big Bang", la gran explosión con la cual habría comenzado todo hace miles de millones de años. Esta a su vez se apoya en la ley de expansión del universo, según la cual cada una de las cien mil millones de galaxias que se han encontrado, ha tomado exactamente el mismo tiempo para recorrer la distancia entre el punto en que fue creada y su posición actual. En otras palabras, parece indiscutible que, en algún momento, todas las galaxias del universo partieron de un mismo sitio, y que su separación y alejamiento de éste, fueron resultado del "Big Bang". La teoría ha sido sustentada por diversas pruebas científicas, entre las cuales se encuentra la del resplandor fósil, una especie de ruido de fondo que se encuentra en todo el universo y que sólo puede ser explicado por la presencia de una inmensa explosión.
A partir de ese momento fueron necesarias tantas casualidades para llegar hasta el universo de hoy en día, que científicos como Thuan creen en la necesidad de Dios para explicar lo sucedido. Según el astrónomo norteamericano, "cada vez se descubre hasta qué punto era indispensable que hubiera condiciones extremadamente precisas a partir del 'Big Bang', para que el universo pudiera evolucionar como lo ha hecho. Esta precisión es comparable a la de un arquero que consiguiera atinarle con su flecha a un blanco de un centímetro de diámetro, colocado a una distancia de 15 mil millones de años luz, o sea la talla del universo". Condiciones como la necesaria densidad de la materia, la fuerza de gravitación exigida, la fuerza electromagnética exacta y las fuerzas nucleares correctas, se conjugaron para permitir que el universo llegara a ser lo que es, al cabo de 4.600 millones de años.
Claro que ese argumento no es suficiente para convencer a los escépticos. Incluso el profesor Thuan acepta que todo pudo ser causado por la casualidad, por remota que esta posibilidad parezca. Es en este punto que entran a jugar otras consideraciones.
La más importante de todas es la esperanza. Tal como dice el científico norteamericano, "la hipótesis de la casualidad es angustiante. El universo no tendría ningún sentido, ni la presencia del hombre tampoco". Ese punto es tan importante, que ha conducido a algunos pensadores a una especie de existencialismo basado en la astronomía. Para Jacques Monod, "el hombre está perdido en la inmensidad indiferente del universo, de donde salió por casualidad". A su vez, el físico norteamericano Carl Weinberg opina que "entre más conocemos el universo, más nos parece sin sentido".
En cambio otros, como el astrónomo inglés Brandon Carter, consideran que el hombre y el universo están estrechamente ligados. Carter ha llegado hasta el extremo de formular un principio antrópico (del griego antropos que significa hombre) que dice: "El universo tiene, exactamente, las propiedades requeridas para engendrar un ser capaz de (tener) conciencia e inteligencia". Esa idea de que universo y hombre están atados en su destino, hace caer en la necesidad de alguien que haya tenido esa intención, y ahí es que se enmarca la idea de Dios, como creador e inspirador.
Esa nueva tendencia termina con siglos de divorcio entre la religión y la ciencia. Este fue comenzado en época de Copérnico, continuado por Newton y acentuado por Darwin quien, al publicar su obra "El origen de las especies" en 1859, dejó en claro que el hombre no desciende de Adán y Eva.
Para colmo de males, con la llegada del siglo XX los progresos de la técnica convencieron a los científicos de lo insignificante que es la Tierra dentro del universo. Haciendo la comparación, el tercer planeta del sistema solar es como una ameba en la mitad del Océano Pacífico.
No obstante, todo eso cambió con la llegada de la teoría del "Big Bang". Al saberse que el universo tuvo un comienzo (y eventualmente tendrá un fin), más de un astrónomo se ha convencido de que sólo la presencia de Dios puede explicar acontecimientos inexplicables para la ciencia. Aunque siempre queda la duda sobre si todo se debió a la casualidad, científicos como Trinh Thuan sostienen que "la ausencia de pruebas no es prueba de la ausencia de Dios".

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