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| 12/19/2004 12:00:00 AM

Más allá de la llamada

A pesar de lo que avanzó el celular en el último año, todavía le falta mucho para que sea fácil de cargar y de programar según las necesidades de cada cual y más cómodo que el teléfono tradicional.

Más allá de la llamada Más allá de la llamada
En fecha reciente, un fabricante de teléfonos celulares advirtió que uno de sus productos tenía la característica de "no tener cámara fotográfica". ¿Es esto el inicio de una tendencia? Sí. Dentro de poco menos será más. La inclusión constante de funciones en el celular frustra a muchos de nosotros. La mayoría de esas funciones son imposibles de usar a menos que uno tenga 15 años o disfrute de una excelente agudeza visual y tenga dedos diminutos. El desarrollo tecnológico de los teléfonos móviles se encuentra en una encrucijada, y pronto veremos tendencias que se alejan de la complejidad. Mandará la sencillez. Lo que tenemos ahora se siente como una navaja del ejército suizo que constantemente está añadiendo desarmadores y leznas cuando nosotros sólo deseamos la navaja y las tijeras. La microelectrónica es cada día más eficiente y el diseño mecánico, cada vez más pequeño, con muchas funciones incorporadas en el software, de forma que la industria puede seguir añadiendo funciones sin por ello aumentar mucho el volumen, peso o consumo de energía. Por eso -por la incorporación de nuevas funciones y características, las necesitemos o no- aunque los costos deberían estar bajando, se mantienen constantes o incluso aumentan.

¿Es que no hemos pasado ya por eso con las computadoras laptop? ¿Cuáles son las alternativas? Una opción es buscar la sencillez. Un teléfono celular sin funciones agregadas puede ser fabricado por menos de 15 dólares, lo que sin duda sería de interés para los próximos 1.500 millones de usuarios, desde los niños hasta los individuos en los países en desarrollo. Un teléfono de bajo costo quizá también atrajera a los usuarios actuales que cuentan con recursos económicos. Basta con ver a Swatch, una compañía que comprendió que la gente quizá quisiera ser dueña de muchos relojes como accesorios de moda, en lugar de poseer un solo reloj que le fue regalado en su fiesta de graduación y ha conservado toda la vida. En la línea Swatch, el diseño tiene un papel dominante. Pero 'sencillo' no necesariamente significa 'barato' o 'de una sola función' sino sólo 'elegante' y 'fácil de usar'. Piense en el iPod de Apple, bellamente diseñado, que tiene menos desempeño y un precio más alto que la mayoría de sus competidores, y aún así domina el mercado. Si reestructuramos el teléfono celular y lo convertimos más en un accesorio de moda, los audífonos Bluetooth serían sólo el inicio. Piense en una sociedad de 'cosas' intercomunicantes que usted podría cargar, usar o incluso tragar, como quien toma su vitamina diaria. La función de un teléfono, por ejemplo, podría estar incrustrada en su anillo de boda o en su reloj de muñeca, permitiéndole recibir o hacer una llamada con sólo colocar la mano en su mejilla y hablar sobre su muñeca... lo que además le permitiría susurrar, un beneficio no sólo para usted, sino para el resto de nosotros. La señal vibradora podría provenir de su cinturón. Incluso podría generar energía con sus zapatos, simplemente con el acto de caminar. Y si hubiera una pieza de electrónica que usted quisiera tener consigo todo el tiempo, su dentista podría implantarla en su siguiente corona dental. Un escenario más futurista que el teléfono dental es una nueva clase de aparato, uno dotado de razonamiento y sentido común. Un ejemplo podría ser un teléfono móvil que no timbre o vibre. Más bien contestaría por su cuenta, leería el mensaje y adoptaría la acción apropiada, como un mayordomo bien adiestrado que sabe cuándo y cómo interrumpirlo. Este nivel de inteligencia, que probablemente no estará disponible durante los próximos 10 ó 20 años, exige que el aparato esté muy familiarizado con su vida y sus humores; que lo conozca tan bien como lo haría la mejor secretaria humana del mundo. Pero esta inteligencia artificial también requiere la comprensión del mundo que nos rodea y cómo vivimos con él. Ninguno de estos progresos ocurrirán mañana. En lugar de eso, evolucionaremos con cambios más pequeños que pueden ocurrir con mayor velocidad y certeza. Para mí, los tres cambios más notables están en las áreas de energía, descargar o bajar (downloading) y forma. La energía es quizá la parte con menos imaginación en los actuales teléfonos móviles. Todos tenemos que enfrentar adaptadores (o cargadores) AC más grandes que el propio teléfono, enchufes incompatibles y alambres que nunca se enrollan adecuadamente. Un pequeño progreso para los guerreros del camino es que se pueda cargar el teléfono mediante un cable de datos. El llamado conector USB para su laptop es un estándar mundial y mucho más pequeño para cargar ... ¡Bravo! Una innovación más radical quizá incluyera la capacidad de cargar un teléfono mediante sacudimientos, usándolo como calzado o simplemente oprimiendo los botones. La idea es cosechar energía, no sólo del sol y del viento, sino también de las actividades humanas. Eso resulta particularmente posible a medida que desarrollamos teléfonos que hagan menos, no más. Otra falla de los teléfonos móviles es que ninguna de sus funciones proviene de un software que pueda ser descargado por la red. En lugar de eso, están preprogramados desde la fábrica. El usuario debería ser capaz de ordenar nuevas funciones mediante una llamada. ¿Desea un radio FM o un mejor reloj? Descárguelo. Cuando se ponga en circulación un nuevo modelo, no necesariamente debe consumir nuevo metal y plástico, lo cual es mejor para el planeta y más fácil para el consumidor. Descargar lo necesario por la red también nos permitiría deshacernos de la sopa de alfabeto de Cdma, Gprs, tdma, Umpts, etcétera. En lugar de que trabajemos para establecer una tecnología de trasmisión acordada por todos, nuestros aparatos de trasmisión y recepción podrían simplemente descargar cualquier estándar que se necesitara, de país a país. Incluso el uso de frecuencia de radio podría ser definida por software. Para mí, lo más decepcionante de los celulares modernos es que todos se ven iguales. Se venden en una de dos formas básicas que afectuosamente llamamos 'clamshells' (almejas) y 'barras de dulce'. ¿Por qué no podemos ir más allá y, por ejemplo, diseñar un teléfono en forma de pluma o de gafas? Porque el GSM utiliza un chip pequeño -el llamado 'módulo de identidad de suscriptor' o SIM, por sus siglas en inglés- para establecer su identidad y le permite desplazar el mecanismo de su teléfono de lugar a lugar. Cuando el SIM fue originalmente propuesto, hace 15 años, pensé que sería el ingrediente clave para el modelo Swatch. Todos tendríamos múltiples teléfonos trasmisores y receptores, en todas las formas y tamaños a los que podríamos introducirles o removerles una tarjeta SIM. Eso, sin embargo, ocurre rara vez, y cuando sucede uno se rompe las uñas, y eso suponiendo que usted pueda siquiera adivinar, en primer lugar, cómo sacarle la batería. En un tiempo asombrosamente corto, la industria del teléfono móvil ha adquirido la madurez que posee la manufactura de automóviles. En la actualidad se puede vender un teléfono celular provisto de una lámpara o de una cámara fotográfica, en la misma forma que las empresas automovilísticas promueven sus diseños con espacio para sostener vasos, sus espejos dobladizos y llaves electrónicas. Pocos consumidores se preocupan ahora por la combustión o, para el caso, por el rendimiento de combustible, que dan por sentado... exactamente en la misma forma como los compradores de teléfonos móviles dan por sentada la calidad de la voz, la vida de la batería y el sistema de roaming. Pero un teléfono celular no es un auto, con un precio y un tamaño que limita el número de unidades que podemos poseer. Tenemos la libertad de poseeer tantos aparatos de comunicación como deseemos, y es hora ya de que la industria explote esa libertad... para empezar pensando más allá del teléfono tradicional.

Director y fundador del laboratorio de Medios de Comunicación de la Universidad de MIT (Estados Unidos) autor de 'Being Digital' (Knopf, 1995)

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