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| 10/12/1987 12:00:00 AM

TETE-A-TETE

Equipo médico gringo realiza en 22 horas la más compleja operación para separar bebés siameses unidos por la cabeza

TETE-A-TETE TETE-A-TETE
Fue un maratón médico que duró 22 horas. Un equipo de 70 profesionales de la medicina del Hospital Johns Hopkins (Baltimore, Estados Unidos) realizó con éxito el lunes 7, la separación de dos siamese de 7 meses que se hallaban unidos por la cabeza. En la intervención se utilizó una combinación única de técnicas quirúrgicas, diseñadas para prevenir daños neurológicos.
Los mellizos, Patrick y Benjamin Binder, fueron puestos durante una hora en el curso de la operación, en la que se llama "animación suspendida": la sangre fue drenada, el corazón detenido y las funciones cerebrales reducidas prácticamente a cero. Esto permitió a los neurocirujanos cortar la vena que unía a los bebés (seno sagital superior, que irriga la mayor parte del cerebro), para luego reconstruír los vasos afectados en cada bebé antes de devolverles la circulación.
CASO RARO
Se estima que ese tipo de mellizos, los siameses, se da uno en cada 70 ó 100 mil nacimientos, y que casos de siameses unidos por la cabeza son tan escasos como uno por cada 2 millones de nacimientos. Los siameses se llaman así por el lugar donde nacieron los primeros de que se tiene noticia, Chang y Eng, nacidos en 1811, que vivieron hasta 1874 y fueron exhibidos en el mundo entero. La mayoría de los siameses mueren en el momento de nacer o muy poco tiempo después del nacimiento. Sólo se han realizado pocos intentos para separar siameses y sólo muy pocos han tenido éxito total. Por lo general, los pequeños separados no quedan completamente normales. El éxito de las intervenciones depende en gran parte de qué tanto y qué tipo de tejido comparten los mellizos, tanto como de la habilidad de los cirujanos.
En este caso, Patrick y Benjamin Binder, dos pequeños alemanes nacidos en Ulm, Alemania, el pasado 2 de febrero, estaban unidos por la parte posterior de la cabeza y compartían un área extensa de cráneo y tejido cerebral. La parte de cerebro que tenían en común es la responsable del drenaje de la sangre y los fluídos de la mayor parte del cerebro. Por eso, la única forma de dividir el tejido sin que se desangraran los bebés era detener la circulación, lo cual implicaba serio riesgos.
Esta intervención, la más compleja realizada en los 98 años de existencia del Hospital Johns Hopkins, comenzó a gestarse hace 5 meses. Un equipo de médicos viajó a Alemania para estudiar el caso de los mellizos Binder. Diseñaron un plan para separar a los pequeños sin causar daño cerebral.
Lo primero en el plan era estirar la piel de los niños, de tal manera que hubiera suficiente para cubrir la herida que dejaría la operación. Luego vinieron meses de preparación y largos experimentos con muñecos unidos con "velcro" por la cabeza, para asegurarse de que la operación se realizaría tan suave y rápidamente como era necesario. Un pequeño error podría significar daño cerebral permanente o aun la muerte de una o las dos criaturas.
El doctor Mark Rogers, el médico que diseñó la "coreografía" de tan delicada intervención, la asoció con una "compleja operación militar" en la cual anestesistas, cirujanos del corazón, neurocirujanos, cirujanos plásticos, enfermeras, técnicos y aun electricistas fueron "entrenados para aportar lo necesario en el momento preciso y para saber cuándo había que cambiar puestos". La operación se planeó con 70 médicos en la sala de cirugía y otros 70 para prestar servicios de apoyo. Se dispusieron también 60 unidades de sangre y de componentes de la sangre que podían necesitar los mellizos.
"Independientemente del éxito de la operación, y de nuestra habilidad para planear algo tan complejo, esto nos enseñó que podíamos lograr mucho más de lo que pensábamos", afirmó el doctor Rogers. "En el futuro, cuando surjan este tipo de problemas, no podremos decir que no podemos hacerlo y estaremos dispuestos más bien a explorar sobre la forma como se puede hacer".
COMA ARTIFICIAL
Para que los traumatizados cerebros de los pequeños puedan recobrarse sin lesiones permanentes, los bebés han sido puestos en un coma artificial, provocado por la droga Pentobarbitol que reduce drásticamente la actividad metabólica del cerebro. En su estado comatoso, los pequeños son mantenidos por un sistema que cantrola su flujo de sangre y su respiración. La inflarnación del cerebro se monitorea indirectamente por la medición de los cambios en el ritmo cardiaco y en la presión sanguínea y por periódicas escanografías que permiten una visión tridimensional del cerebro.
En la operación, para evitar un daño cerebral permanente, una complicación que se presenta erl operaciones de este tipo, el equipo científico de Hopkins combinó procedimientos quirúrgicos de rutina con una serie de maniobras médicas muy avanzadas que suspenden temporalmente la actividad cerebral. Los bebés fueron conectados a máquinas artificiales para que corazón y pulmones siguieran funcionando, puesto que había que reducir prácticamente a cero la actividad cerebral, mediante el enfriamiento de la sangre. En el momento crítico de la separación, cuando se dividió la cavidad cerebral y la vena que compartían los siameses, los cirujanos del corazón drenaron toda la sangre del cuerpo de los bebés y detuvieron sus corazones.
Los médicos sólo tenían una hora para realizar la separación final y para reconstruir las cavidades cerebrales divididas y las venas, y restablecer las funciones cardiacas y la circulación de la sangre en los bebés. Prolongar por más tiempo la intervención y dilatar la deficiencia de oxígeno en el cerebro, que funciona mínimamente aun a grados centígrados, podía derivar en daño cerebral permanente. "Un cronómetro empezó a marcar el tiempo cuando se pararon los corazones de los bebés. Cuando llevábamos 45 minutos, había una enorme tensión en el quirófano. Pero lo logramos. Uno de los bebés quedó listo en 56 minutos y el otro en 63", sostiene el doctor Pen Carson, el neurocirujano pediátrico que hizo la separación de los bebés.
Luego vino un momento aún más dramático. Cuando los corazones de los bebés volvieron a palpitar, los pequeños vasos del cerebro que se vieron afectados durante la operación comenzaron a sangrar profusamente, de tal forma que se tuvo que utilizar toda la sangre que estaba prevista e inclusive se ofrecieron voluntarios para donar más sangre. Aunque el sangrado era de esperarse, para utilizar la máquina para mantener el corazón y los pulmones funcionando mecánicamente, se tenía que adelgazar la sangre de los pequeños con un anticoagulante. Cuando sus corazones recuperaron sus funciones, el anticoagulante, en efecto, causó un profuso sangrado en el área de la herida. Al misma tiempo, los cerebros de los bebés comenzaron a inflamarse dramáticamente. Se tomó la decisión de terminar la operación lo más rápidamente posible, y no seguir el plan original que suponía un recubrimiento del cráneo especialmente diseñado en malla metálica. De acuerdo con el doctor Craig Dufresne, el cirujano plástico que inventó la cobertura con un modelo simulado en computador, se necesita una segunda operación para crear un cráneo cosméticamente aceptable, si los bebés se recuperan normalmente. Las cubiertas de malla de titanio se tienen que mezclar con una pasta del hueso triturado del cráneo que compartían los siameses. Una vez en su lugar, los huesos del cráneo de los bebés crecerán entre y alrededor de la malla, que nunca necesitará ser removida.
En Alemania, en mayo pasado, el doctor Dufresne insertó bolsas de silicona debajo del cuero cabelludo de los bebés para ir gradualmente estirando la piel, de tal manera que para la operación hubiera suficiente tejido para cerrar la inmensa herida de la operación. A causa de la inflamación y del tamaño de la herida, el cerebro de uno de los bebés no pudo ser totalmente cubierto y está protegido con malla quirúrgica.
El mayor interrogante que se abre es si los bebés, que se encuentran en situación crítica pero estable, pueden sobrevivir a la operación sin daño cerebral alguno. Excepción hecha de su inmovilidad, los bebés sonreían, lloraban y se comportaban como bebés normales. La intervención que se les practicó intenta devolverles lo que les falta: la capacidad para moverse, sentarse y desarrollarse independientemente el uno del otro, y preservar sus cerebros normales como antes de la operación.
"Todo salió como se había planeado y tan bien como lo esperábamos" dijo el doctor Carson. "El resto depende de Dios".

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