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| 4/27/1987 12:00:00 AM

UN REMEDIO QUE "SI DA"

Se descubre droga que prolonga la vida de los enfermos de SIDA, pero no lo cura.

UN REMEDIO QUE "SI DA" UN REMEDIO QUE "SI DA"
En un tiempo récord, las autoridades norteamericanas han dado el sí a una droga de comprobados efectos para prolongar la vida de los pacientes afectados por el SIDA aunque de ninguna manera se trata de una cura definitiva para la terrible enfermedad. Se trata de la Azidotidimina, también conocida como AZT una droga antiviral que había sido sintetizada desde 1964 como una posible cura contra el cáncer por el doctor Jerome P. Horwitz, de la Fundación para el Cáncer de Michigan. Ante el fracaso de su objetivo inicial, y en una época en que nadie imaginaba siquiera la aparición de año nuevo y terrible flagelo, las investigaciones fueron abandonadas.
Veinte años más tarde, las propiedades de la AZT llamaron la atención del laboratorio Borroughs Wellcome, cuyos científicos descubrieron en noviembre de 1984, que inhibía la formación de virus animales en el tubo de ensayo. Lo que siguió se ha desarrollado a una velocidad que los expertos consideran inusual en la industria farmacéutica. En febrero de 1985 se demostró que dentro de las propiedades de la AZT, está la de inhibir la duplicación del virus del SIDA. Pocos meses más tarde la Borroughs Wellcome solicitó el permiso para iniciar las pruebas en seres humanos algo que recibió tan sólo tres dias más tarde. Lo siguiente fue la realización de pruebas masivas en doscientos ochenta pacientes en todo Estados Unidos que tuvieron un éxito tan espectacular que los procedimientos utilizados usualmente de administrar a un grupo la droga verdadera mientras a otros se les da tan sólo un placebo o sustancia inocua pero que permite un punto de referencia sobre la actividad de la droga se suspendió. Se consideró entonces que el número de muertes entre los pacientes que recibían el placebo los hacía víctimas de una discriminación injustificada. No morian por recibir la droga sino precisamente por no recibirla.
Finalmente en marzo 20 de 1987 tan sólo dos años largos desde la iniciación de la última etapa de investigaciones, las autoridades federales de Estados Unidos le han dado su aprobación a la droga, lo que significa que en adelante los médicos podrán formularla a su discreción, y los laboratorios producirla libremente.
Se trata, sin embargo, de una decisión que en opinión de los observadores puede estar motivada hasta cierto punto por la necesidad urgente de dar alguna esperanza a los enfermos de una afección que resulta aterradora no sólo por los devastadores efectos que ejerce sobre el organismo de los pacientes sino por el ritmo con que su propagación se extiende por todo el mundo. Se habla de treinta y tres mil casos reportados hasta ahora en Estados Unidos de los cuales solamente catorce mil están vivos. Pero dadas las características de la enfermedad que se puede mantener latente por un tiempo indeterminado se cree que esa es sólo la "punta del icerbeg".
El doctor Robert Windom, de la Food and Drug Administration, el organismo federal competente anunció cuando presentaba la AZT a la prensa que "la aprobación que se dio hoy, no constituye una victoria, pero sí un importante paso adelante en la guerra contra el SIDA (...) El retrovir (nombre comercial de la droga) ha demostrado su habilidad para incrementar la supervivencia de los pacientes con las enfermedades típicas que se presentan como secuelas del SIDA".
Sin embargo no todo es un jardín de rosas en lo que a la nueva droga se refiere. Una importante crítica que se le hace es que los efectos secundarios no han sido suficientemente estudiados, pero lo que más ha preocupado a las organizaciones de homosexuales es el enorme costo del tratamiento, que podría llegar hasta los 10 mil dólares por año para cada paciente. Algo que los observadores no han dejado de recibir con cierta ironía.--

EDICIÓN 1879

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