Recientemente, por medio de redes sociales se dio a conocer la historia de Román, un gato de apenas cinco meses diagnosticado con una grave enfermedad que tristemente acabó con su vida.

El minino, que fue rescatado de las calles durante sus primeras semanas de vida y alimentado por una madre lactante en un refugio, experimentó un rápido deterioro en su estado de salud que llevó a sus propietarios a trasladarlo de urgencia a un centro veterinario.

Tras someterlo a diversos exámenes y pruebas de laboratorio, los especialistas confirmaron que el felino padece Peritonitis Infecciosa Felina (PIF).
Frente a este complejo panorama médico, los propietarios del animal pusieron en marcha un emprendimiento con el objetivo de recaudar los fondos necesarios para completar el tratamiento del felino.
La iniciativa para salvar la vida de Román
Con el objetivo de cubrir la totalidad de las erogaciones médicas, la familia inició con un negocio de venta de postres llamado Dulceras Team.
Gracias a la repostería de tartas y pudines, los amos de Román buscan recaudar los fondos requeridos para cada ampolleta, cuyo costo unitario se sitúa en los 75 dólares.
Los propietarios del minino resaltaron que Román se encontraba bien, pero de repente tuvo un cambio en su actitud; de repente no se mostraba tan juguetón como de costumbre y, pasados tres días, se desmayó. Ese fue el signo de alerta por el cual acudieron a un experto en salud animal.
Igualmente, explicaron que las ampolletas del tratamiento deben administrarse de forma ininterrumpida, destacando que cada pedido realizado a su iniciativa representa una oportunidad directa para garantizar la supervivencia de la mascota.
Tristemente, pese a sus esfuerzos, Román no logró sobrevivir al tratamiento y semanas después de su diagnóstico falleció a causa de un paro cardíaco.
¿Qué es el PIF?
La Peritonitis Infecciosa Felina (PIF) constituye una patología de origen viral que se desencadena cuando un coronavirus común felino muta dentro del organismo.
Esta condición afecta con mayor frecuencia a los gatos jóvenes o inmunodeprimidos, manifestándose a través de fiebre persistente, inapetencia, letargo y, en casos severos, acumulación de fluido en la cavidad abdominal.
A pesar de que históricamente esta enfermedad era considerada un diagnóstico letal para la especie, la medicina veterinaria moderna cuenta con terapias antivirales que alcanzan tasas de efectividad del 99 %.
Sin embargo, el protocolo clínico exige un seguimiento continuo durante 84 días, tiempo en el que se requiere la aplicación estricta de las dosis para erradicar la presencia del virus.
