Lunes, 16 de enero de 2017

| 2004/09/12 00:00

Avalancha literaria

Este fin de año será inmejorable para los seguidores de la narrativa nacional. Se publicarán más de 30 obras de ficción escritas por autores colombianos.

Entre los autores que estarán en librerías los próximos meses se encuentran algunos muy conocidos como Antonio Ungar, Juan Gabriel Vásquez, Mario Mendoza y Fernando Vallejo, y otros nuevos como Mario González, Carlos Perozzo y Manuel Mejía.

Los que dicen que la literatura está muriendo tendrán que esconderse durante los próximos meses. Sólo basta mirar la cantidad abrumadora de obras de ficción (cuento y novela) que van a inundar las librerías entre los meses de septiembre y diciembre para darse cuenta de que la literatura colombiana está muy de moda en su tierra natal. En efecto, durante lo que queda de año, las editoriales tienen planeado lanzar al mercado más de 30 obras escritas por autores colombianos; una cifra bastante impresionante si se tienen en cuenta algunos estudios que afirman que los colombianos no compran libros.

Una de las explicaciones de este auge de publicaciones es que la literatura nacional ha recibido muy buena prensa en el extranjero en los últimos años. Así, las editoriales se han aprovechado de este buen clima para crear un boom. Por eso buscan publicar cada vez más obras de ficción escritas por colombianos, que se venden muy bien en el resto del continente.

A esto hay que sumarle que a final de año saldrá al mercado Memoria de mis putas tristes, la nueva novela de Gabriel García Márquez. El lanzamiento no tiene una fecha confirmada y los editores prefieren publicar todas sus otras novedades antes de que salga la novela de García Márquez. Esto es evidente, pues para cualquier novela es casi imposible competir en ventas contra un gigante de la talla de Gabo.

Para todos los gustos

La avalancha comenzó a finales de agosto con la publicación de Puro cuento, un libro del periodista Juan Gossaín, quien se ha convertido en uno de los autores más vendidos en Colombia. El éxito de Gossaín ha impulsado a otros periodistas a lanzarse a escribir ficción y dos de los libros más esperados para la época de diciembre son las novelas de los periodistas Mauricio Vargas y Patricia Lara.

Luego vinieron dos libros que han tenido muy buena recepción: Los informantes, de Juan Gabriel Vásquez y Piel de durazno, de Alexandra Samper. Por la misma época se publicó Vulgata caribe, la primera novela de Marco Schwartz, escritor y periodista barranquillero radicado en España desde hace 15 años. También apareció en librerías la nueva novela del siempre polémico Efraím Medina Reyes (ver recuadro). Con Sexualidad de la Pantera Rosa, Medina tratará de repetir el gran éxito alcanzado por sus dos novelas anteriores: Érase una vez el amor pero tuve que matarlo y Técnicas de masturbación entre Batman y Robin. Además se publicarán novelas de escritores que, como Medina, han tenido mucho éxito y se han convertido en los representantes de la nueva literatura colombiana. Entre ellos se encuentran Mario Mendoza, Antonio Ungar y Enrique Serrano, que lanzarán sus nuevos trabajos entre septiembre y octubre. Para esos meses serán reeditadas dos novelas de Fernando Vallejo (Caminos a Roma y Años de indulgencia) y una de Piedad Bonnett (Para otros es el cielo) y aparecerá Cuando besan las sombras, la nueva obra del maestro Germán Espinosa.

Otros libros que han generado mucha expectativa son La O de Aserrín de Carlos Perozzo, una novela que retrata la vida de los personajes de circo; Aguas bravías, una novela histórica del escritor y crítico de arte Antonio Montaña, y La rueda de Chicago, de Armando Romero, un nadaísta que vive hace varios años en esa ciudad. También hay que mencionar Y no volvió, la primera novela del periodista Manuel Mejía; Confesiones de un burgués terrorista, del antropólogo y traductor Mario González y Los niños suicidas del autor de Alford, Luis Fernando Charry. Por último aparecerán libros de autores muy jóvenes que publican por primera vez: Mauricio Becerra, Margarita Posada, Germán Bula, Jorge Aristizábal, Juan Carlos Garay y Carolina Sanín.

Y todavía hay quienes dicen que la novela ha muerto...



MARIO MENDOZA

''Estamos imponiendo una nueva visión de los cambios de nuestra sociedad''

SEMANA: ¿De dónde sale esta novela?

Mario Mendoza: El título hace referencia a un término de justicia wayuu: si uno comete un crimen de sangre sólo lo puede pagar con sangre. Utilicé este término porque era perfecto para la historia que quería contar, que tiene que ver mucho con el exterminio de la UP y con la violencia política de los últimos años.

SEMANA: ¿Por qué decidió abordar este tema?

M.M.: La opción estética de mis otras novelas me llevaba inevitablemente a eso. Claro que no se trata de regresar a esa literatura mamerta y de denuncia de los 70. Esa clase de literatura está condenada a fracasar en América Latina.

SEMANA: ¿Cambió el tono con respecto a sus novelas anteriores?

M.M.: No creo que haya un cambio de tono. En esta novela sigo hablando del mundo subterráneo, pero la diferencia es que al final hay una afirmación de la vida, algo que no había podido hacer antes. Mis otras novelas son de detracción y al final no dejan ninguna esperanza. Cobro de sangre, sin ser una novela rosa, afirma la vida. Pero es afirmativa en la mitad de la desgracia y el dolor.

SEMANA: ¿Qué tan difícil es volver a escribir después de haberse ganado un premio como el de Biblioteca Breve?

M.M.: Para mí hay una división entre el mundo de fuera y el de dentro. Lo que pasa en el mundo del comercio, de las editoriales y de los medios es diferente al trabajo de escritura. A mí me ha ido muy mal, pero también he tenido éxito y sin embargo nunca he escrito pensando en eso.

SEMANA: ¿Cómo se siente frente a este 'boom' de la literatura colombiana?

M.M.: Muy bien. Con algunos, como Jorge Franco, tengo proximidad narrativa y las temáticas se rozan permanentemente. También me siento muy cercano a los primeros trabajos de Santiago Gamboa. Con otros no tengo esa misma afinidad pero respeto mucho lo que hacen. Creo que cada uno está buscando una línea temática y una estética diferente, pero lo importante es que entre todos estamos imponiendo una nueva visión de los cambios de nuestra sociedad.

SEMANA: Muchas obras colombianas se están llevando al cine. ¿Le interesaría que se hiciera una película de alguna de sus novelas?

M.M.: Claro que sí. De hecho, sin proponérmelo, escribo de una manera que se puede adaptar muy fácil al cine. Y eso ha pasado con la literatura en los últimos años: si antes el cine tomaba elementos de la literatura, ahora es la literatura la que toma elementos del cine. Los escritores tendemos cada vez más a narrar por escenas. Un narrador del siglo XIX pensaba narrativamente, mientras que un narrador del XXI piensa cinematográficamente.



EFRAIM MEDINA

El provocador

Si alguien pasara por su lado no podría creer que ese tipo de 1,90, de camiseta de rayitas rojas con azul y pantalón blanco de bolsillos a los lados sea el mismo que con sus libros ha escandalizado a medio mundo y que se ha convertido en una de las nuevas figuras de la novela. De regreso a su casa, al caminar por las calles del centro de Cartagena, donde nació hace 36 años, Efraím Medina arrastra su popularidad, en parte ganada como escritor pero también por su fama de líder de una pandilla juvenil que destruía avisos y hacía videos, literatura y teatro.

Muchos amigos de infancia y juventud le preguntan por su tercera novela, La sexualidad de la Pantera Rosa, que pronto se publicará en italiano, francés, portugués y alemán. Él les responde que en una página aparece su nombre o que en otra hay una señal para ellos o un recuerdo. En el barrio San Diego se le recuerda por la publicación y quema de su libro de poemas El automóvil sepia. La edición de 100 ejemplares despertó la ira de un grupo de feministas de la Universidad de Cartagena que compraron toda la edición y la quemaron en una plaza. "Gracias a ellas agoté mi primera edición".

Desde adolescente le gustaba escandalizar, y caminando por las calles del centro amurallado de su ciudad inmóvil se entiende por qué sus gritos son las palabrotas de un niño de 36 años que siempre peleó por un espacio. Desde sus peleas de boxeador sin victorias que nadie recuerda en La Heroica hasta la fundación de su empresa Fracaso Limitada. Como negociante ha hecho cosas sin sentido, como intercambiar con Óscar Collazos los derechos de autor de su novela inédita Eso no me infla la banana por los de otra del escritor de Bahía Solano.

En un país de héroes solitarios llama la atención la capacidad de Medina de reírse de sus fracasos y de las derrotas colectivas. "Me burlo de mí como un antídoto para el fracaso, estudié siete semestres de medicina y otros tantos de economía para complacer a mi madre, pero al final me di cuenta de que lo mío era escribir. Este es un país hipócrita, de pacatos, de doble moral con sociedades cerradas, con racismo de la forma más cruel y más sutil. Es un país en donde hay muchas cosas que decir y muchas por repetir. ¿Por qué repetirlas? Porque no se solucionan". También busca que mucha gente sienta que alguien habla por ellos, del sexo, de la adolescencia, de las frustraciones y de su amor por las gordas. "Este es un país cerrado y para abrir espacios hay que escandalizar en supuestos sectores que se escandalizan pero de dientes para afuera. Nosotros sabemos qué pasa de dientes para adentro, es como un grito histérico falso de una postura que se maneja", dice.

Sus guerras personales contra Shakira, Juanes, el presidente Uribe y los paisas tienen un sentido. "Me siento representante de una clase popular en donde se tiene que gritar muy fuerte para que te tomen en cuenta".



ANTONIO UNGAR

''No somos un grupo ni nada por el estilo''

SEMANA: Esta es la primera novela que usted publica. ¿Cómo se sintió en este género?

Antonio Ungar: Hasta ahora sólo había publicado cuentos, pero desde hace mucho que no escribo uno. En los últimos dos años me he dedicado a escribir novelas y de hecho tengo varias inconclusas. Zanahorias voladoras es la primera que logro terminar pero cada vez me siento más cómodo con la novela.

SEMANA: ¿Cómo definiría 'Zanahorias voladoras'?

A.U.: Ni siquiera sé muy bien si es una novela. Son más bien pedazos de la vida de un emigrante, un colombiano más o menos de mi misma edad que se va a vivir a Europa, que poco a poco se empieza a volver loco y termina muy mal.

SEMANA: ¿Es una novela autobiográfica?

A.U.: No, es una historia que escribí a partir de lo que les ha pasado a muchas personas que yo conozco y que les ha ido muy mal viviendo en Europa.

SEMANA: Usted vive desde hace años en Barcelona. ¿Le ha servido para su trabajo?

A.U.: Vivir en el extranjero me ha servido mucho. Cuando yo comencé a escribir nunca creí que fuera a tocar el tema de Colombia. Sin embargo, después de tanto tiempo por fuera he tomado distancia y me he dado cuenta de muchas cosas que pasan en el país y que antes no me importaban y de todas las mentiras que se dicen, entonces empecé a escribir sobre eso. En esta novela apenas hago referencia a esos problemas, porque casi toda la acción sucede en Europa. Pero en la nueva novela que estoy trabajando, sí hago una sátira de la vida política de Colombia. Cada vez me interesa más ese tema.

SEMANA: Muchos escritores colombianos jóvenes viven en Barcelona. ¿Se trata de una generación o de un grupo?

A.U.: No creo. En Barcelona sí viven muy buenos escritores como Sergio Álvarez, Juan Gabriel Vásquez, Luis Noriega y Carolina Sanín, pero la verdad es que no somos un grupo ni nada por el estilo.

SEMANA: ¿Cómo ve la literatura que se está haciendo en Colombia?

A.U.: Creo que se están escribiendo cosas buenas y hay gente con mucho talento, como Antonio García o Efraím Medina. Pero siento que la gente realmente buena es la que está una generación más abajo y que está comenzando a escribir.

SEMANA: ¿No le parece que el título 'Zanahorias voladoras' es un poco desconcertante?

A.U.: Lo hice por dos razones. La primera, porque en algún momento de la novela el protagonista se vuelve loco y comienza a perseguir sus propias palabras por las calles. Él dice entonces que sus palabras son como zanahorias voladoras. Pero también lo hice porque me parece que toca quitarle un poco de solemnidad a la literatura colombiana.

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