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| 10/12/1987 12:00:00 AM

FUERA DE LUGAR

A pesar de sus buenas intenciones, varios proyectos atentan contra el patrimonio arquitectónico

La intervención del Banco Central Hipotecario en obras de desarrollo urbano y arquitectura se ha incrementado notablemente en los últimos años, demostrando una visión y un interés extraordinarios que superan ampliamente la participación de la entidad en la vida urbana colombiana desde su fundación. Algunas obras realizadas que tienen relación con aspectos del patrimonio histórico de algunas ciudades plantean sin embargo una serie de inquietudes que merecen exponerse a la consideración pública.
Uno de los proyectos más controvertidos que ha emprendido el B.C.H. en los últimos años ha sido la renovación urbana del antiguo barrio bogotano de Santa Bárbara, el que ha culminado en la construcción del conjunto denominado "Nueva Santa Fe de Bogotá". Los primeros edificios construidos ya evidencian los criterios de trabajo de los distinguidos arquitectos que han intervenido en esta obra. El gran conjunto de vivienda del cual ya están por concluirse los primeros bloques, se propone como voluminosas masas de ladrillo, con un trabajo bastante elaborado de las fachadas y de los patios interiores. La propuesta plantea un interrogante fundamental. ¿Tienen acaso los profesionales la atribución de sustituir un tejido histórico de ciudad, de origen colonial y republicano, por una ciudadela en ladrillo? ¿Cómo se compagina esta propuesta con las críticas vigentes al impacto de la arquitectura moderna en las ciudades del mundo? Cabe también preguntarse si la vida urbana prosperará en este conjunto cuyas calles, visualmente atractivas, no brindan la comunicatividad que es propia de un centro histórico viviente. ¿No estamos frente a una serie de "conjuntos cerrados" interiorizados que distancian la actividad ebullente de una ciudad?
Dentro del mismo conjunto arquitectónico se construyó la sede de la Superintendencia Bancaria la que ocupa un lugar favorecido desde el punto de vista del paisaje urbano del sector. El edificio es intrínsecamente disonante, a pesar de "armonizar" con sus vecinos por el manejo del ladrillo como material de fachada. Como curioso rasgo, se conservaron las fachadas de unas pocas casas republicanas existentes, sostenidas por unos arbotantes extraños. Si esto se entendió como signo de respeto hacia el patrimonio arquitectónico, el resultado parece más bien una burla, una caricatura que ridiculiza el valor de esas construcciones y que no contienen ningún sentido real de imbricación entre el pasado y el presente, del cual abundan actualmente los buenos ejemplos en el mundo.
En Manizales, un proyecto similar al anterior, la renovación del sector del Parque Caldas propone interrogantes aún más graves por relacionarse ya con problemas de arquitectura de mala calidad. Esta obra se inició con la construcción de un gran centro comercial, parte del proyecto ganador de un concurso bastante reñido, efectuado por el B.C.H. hace algunos años. Una edificación de metal y plexiglás ahumado se impone áhora como modelo de desarrollo urbano en este sector de una de las ciudades que cuenta con el paisaje urbano más bello de Colombia. Si en Bogotá se indága sobre el derecho de intervención en un tejido histórico con propuestas "fuera de lugár", la pregunta adquiere en Manizales proporciones dramáticas.
En la ciudad de Calarcá, el Banco emprendió una tarea realmente meritoria, al arriesgarse a rescatar una vieja casona en la plaza principal, para adecuarla como sede de sus oficinas. La lucha que dió el Banco para despertar la conciencia ciudadana entorno al patrimonio cultural fue llevada con valentía ejemplar. La casa presentaba serios problemas de conservación por lo que se consideró necesaria su restituciórl con una nueva edificación, la que conserva algunos rasgos fisonómicos de su predecesora, pero, orientada por un enfoque indeciso de conciliación entre lo existente y lo nuevo, presenta concesiones urbanísticas y arquitectónicas inexplicables en el sitio y en el contexto de la responsabilidad adquirida. El mismo tratamiento colorístico de la casa, en el que se emplearon colores estridentes, desentona con la calidad armónica de la arquitectura vieja de la ciudad, basada en tonalidades y matices diferentes.
Dada la importancia y seriedad de la obra arquitectónica y urbanistica del B.C.H. en el país, estas preguntas tienden a señalar los problemas que emergen del criterro de intervención individualista que aún subsiste en el medio profesional de la arquitectura colombiana, el que induce a imponer sus propuestas por encima de consideraciones de respeto por el tejido histórico que afectan las obras. Es claro que al extender su escala de incidencia sobre el patrimonio cultural, el Banco debe contar con políticas propias que orienten la acción profesional y le otorguen el respeto que la ciudad merece. Con esta herramienta el Banco avanzará un paso más en la calificación de los aportes que está interesado en brindar al país, ahora más que nunca, cuando ha de intervenir mediante el Fondo Financiero de Desarrrollo Urbano en el manejo de los dineros que recibirán los municipios como parte del nuevo régimen de descentralización.
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