Sábado, 21 de enero de 2017

| 1985/02/11 00:00

"LOS MAS GRANDES MAESTROS DEL AJEDREZ QUIEREN LLEGAR A DIOS"

FERNANDO ARRABAL

"LOS MAS GRANDES MAESTROS DEL AJEDREZ QUIEREN LLEGAR A DIOS"

"Si la vida es un sueño y los sueños sueños son (como diría Calderón), el ajedrez, entre el infinito y la ceremonia, entre la eternidad y lo efímero, celebra meticulosamente la liturgia de lo cotidiano con su violencia y su ternura". Estas son palabras de Fernando Arrabal, para quien el ajedrez no es un juego cerebral, reservado a calculadores insensibles, sino un juego dramático en el cual se revelan y se afrontan todas las pasiones del hombre. Un juego apasionante y peligroso que, como el teatro, plantea los temas esenciales de la vida, y desemboca a menudo en la locura. De ahí su inclinación por ese arte que busca metódicamente la muerte del rey. Arrabal es español, autor de cerca de cien piezas de teatro, varias novelas, una decena de ensayos, cuatro libros sobre el ajedrez y tres películas. Anarquista convencido, antiguo prisionero de Franco, Fernando Arrabal sigue practicando la polémica y el "escándalo". ¿Gusto por la provocación? No necesariamente. Ante todo, fidelidad a la filosofía surrealista que él profesa. SEMANA lo visitó en su casa parisina que, por el número de obras que contiene -de Dali hasta Botero, pasando por Picasso-, puede ser comparada con un pequeño museo.
SEMANA: Para el común de los mortales, el ajedrez es un juego cerebral y frío. Para Ud., un arte de profunda sensualidad. ¿Por qué?
FERNANDO ARRABAL: No se puede negar que el ajedrez es a la vez un deporte, una ciencia y un arte.
Deporte, porque cuando uno juega puede perder hasta un kilo durante una partida de cinco horas. Se trata, pues, de un verdadero combate de boxeo. Eso explica por qué las mujeres no logran el nivel de los hombres. Ciencia porque lo estudiamos como otros estudian la biología molecular. Pero, sobre todo, un arte. "Todos los jugadores de ajedrez son artistas", dijo Marcel Duchamp. Es el arte de lo inefable. Tal vez por eso, los más grandes maestros de ajedrez quieran llegar a Dios. Steinitz, por ejemplo, jugaba partidas contra Dios y, en signo de respeto y de cariño, le regalaba un peón.
S.: Ud. escribió que hay dos actividades fascinantes para el hombre: el ajedrez y el teatro. ¿Por qué ese paralelo?
F.A.: Porque son actividades muy frágiles que escapan al mundo del dinero y de la notoriedad. Porque el ajedrez no es un simple juego del espíritu, sino un juego dramático en donde, como decía Faulkner, "se revelan todas las pasiones del hombre, su locura y su esperanza". Porque las dos son marginales y testigos de los siglos.
Hay, por otro lado, una buena cantidad de jugadores de ajedrez, de Lasker a Fischer, pasando por Hort, que se interesan por el teatro o que han escrito piezas de teatro.
Lo mismo ocurre entre dramaturgos, Beanvente o Beckett. Los dos premios Nobel fueron amateurs apasionados de ajedrez. Una de las piezas de Beckett se llama "Final de partida". "Como en ajedrez", le dije un día. "Naturalmente", me respondió.
S.: ¿Por qué el ajedrez y el teatro llevan a menudo, según ud., a la locura?
F.A.: Porque los dos tratan temas esenciales. Jugadores de ajedrez y artistas de teatro no pueden vivir impunemente esa apasionante y peligrosa aventura.
Cualquiera, cuando se emborracha, ve de pronto claro. Se da cuenta de que la vida es una farsa, un tango, de que estamos en un valle de lágrimas que no tiene sentido. Eso lo ve claro el ajedrecista, porque va más allá que el común de los mortales. Para esos grandes espíritus, la tentación de la locura se encuentra, pues, a la vuelta de la esquina. Steinitz además de jugar contra Dios, afirmaba poder telefonear sin teléfono. Alekhine orinaba por el suelo durante las partidas. Nimzowitsch hacía, cuando jugaba, movimientos muy espectaculares de gimnasia.
El maestro y doctor americano Reuben Fine aseguró que solo tres campeones del mundo fueron "normales". Horphy era paranóico. Capablanca, gran ajedrecista cubano, era terriblemente megalómano. Lasker murió masoquista...
5.: ¿Por qué los grandes ajedrecistas no pueden adaptarse a la sociedad ?
F.A.: Porque la sociedad no los acepta. Un gran ajedrecista posee ciertas cualidades: una gran memoria, un don para las matemáticas, una gran capacidad de concentración. ¿Cómo quiere ud. que la sociedad acepte que un ser con tales cualidades pase su vida, como decía Breton, empujando piezas de madera?
El mismo Breton me confesó varias veces que no entendía cómo Duchamp, que era un gran creador, pasaba su vida ante un tablero de ajedrez. Todos se preguntan ¿para qué? Y es verdad que un ajedrecista puede esperar, en el mejor de los casos, tener algunas líneas en un periódico.
El jugador de ajedrez sabe que si hace una partida excepcional sólo dos o tres mil personas la apreciarán a través del mundo. En el fondo, el ajedrecista es un marginal. Muchos grandes maestros han muerto en la miseria más absoluta. Los demás son prácticamente ignorados. ¿Sabe ud., por ejemplo, quién ganó el campeonato de ajedrez en Colombia?
S.: ¿Cómo analiza ud., globalmente, el actual campeonato mundial de ajedrez?
F.A.: Todos los campeonatos del mundo, desde hace 60 años, han tenido como resultado 6-3, 6-4 inclusive con el fenómeno Fischer. Este va a terminar 6-0. Es algo así como si el Ecuador le ganara un partido de fútbol a Argentina por 28-0. Es imposible. Varios indicios me hacen pensar que las autoridades han tomado posición en favor de Karpov.
S.: ¿Cuál sería su interés si, de todas maneras, el título se quedara en la Unión Soviética?
F.A.: Spassky dice que hay un iceberg del cual no conocemos sino la parte visible. Es verdad que Kasparov pertenece al sistema soviético. Pero Karpov es verdaderamente ruso, no es judío, está situado más alto dentro de la nomenklatura y es presidente de la sección soviética de la "Amistad entre los pueblos". Sabemos que Kasparov es díscolo y que ha hecho declaraciones que son inaceptables para las autoridades. No de tipo político. Ha dicho, simplemente, que Fischer es el mejor jugador vivo del siglo XX. Sabemos igualmente, que Kasparov tenía un equipo de tres asistentes. Y ud. sabe hasta qué punto el equipo es importante para un ajedrecista. El primero de ellos fue enviado a Afganistán. El tercero, reemplazado.
S.: ¿Son indicios pero no hay pruebas de que el campeonato esté, como ud. dice, "trucado"?
F.A.: En realidad, no conocemos lo que está pasando y para asegurarse de que no podamos saberlo, las autoridades han impedido la entrada de periodistas especializados en ajedrez. Es un campeonato muy misterioso.
S.: El campeonato mundial no suscita, en todo caso, el mismo entusiasmo que en la época de Fischer Spassky. ¿Cómo lo explica ud.?
F.A.: Todo ha cambiado desde que Fischer está ausente. Muchos consideran ese extraordinario campeón como un jugador sin porvenir. Olvidan que Steinitz fue campeón mundial hasta los 58 años y Alekhine hasta los 54. Fischer no tiene sino 41 años y sigue jugando con grandes maestros como el argentino Quintero. De hecho, el mundo del ajedrez está frustrado porque no está Fischer. Karpov es un gran, un formidable jugador. El reproduce, con un talento único en el mundo, los diversos planos. Pero no conoce ni la esencia ni la trama del juego. Es un jugador sin imaginación .
S.: ¿A qué atribuye ud. el hecho de que la Unión Soviética haya sido, tradicionalmente, un país de ajedrecistas?
F.A.: La Unión Soviética, no, Rusia. Rusia ha suministrado, en efecto -ahora menos-, algo asi como 40 de los grandes maestros. Pienso que la religiosidad del pueblo eslavo y del pueblo judío -la mitad de los jugadores rusos son judíos- explican ese hecho.
Hoy el ajedrez es una de las raras actividades que escapan a la censura. Muchos jugadores y jugadoras lo han utilizado para salir y quedarse en los Estados Unidos, Canadá, Francia y Holanda. Ellos dicen que les sirvió para liberarse. No sé si uno puede liberarse en este mundo pero, en todo caso, les sirvió para salir de la Unión Soviética.
S.: Ud. evocó una de las posibles razones que explican la diferencia que hay entre hombres y mujeres en ajedrez. ¿Hay otras?
F.A.: La explicación que doy siempre es de tipo estadístico. Hay una diferencia abismal. Eso significa que la campeona mundial no podría ser campeona de Colombia o de España, pues no se encuentra entre los 2000 mejores jugadores del mundo.
Creo que hay motivos de tipo sicológico. El ajedrez significa jaque mate, "el rey está muerto". La escuela freudiana pretende que el juego de ajedrez es ideal para celebrar la ceremonia del complejo de Edipo. Matar al rey sería matar al padre. ¿Qué interés tendría la mujer de matar a su padre? El ajedrez está cubierto, por otro lado, de normas sexuales y fálicas que no le interesan a la mujer. ¿Sabe ud., por ejemplo, que en ajedrez no queremos tocar la pieza del rival y que decimos "pieza tocada pieza jugada"? ¿Por qué no se la podría tocar? Y cuando lo haces dices "J'adoube", como si fuera a tocarle su sexo. La tensión que hay entre dos jugadores también es muy especial. Incomprensible, creo, para el universo femenino.
S.: ¿Qué piensa ud. del nivel del ajedrez en Colombia?
F.A.: Colombia ha dado un paso excepcional en ajedrez. Silva, Zapata, Castro, son jugadores de primer orden. Cuando se analizan las partidas de los jugadores colombianos lo que llama la atención es la chispa, el don la gracia. Son jugadores fantásticos en partidas rápidas. Pero tengo la impresión de que han dejado de lado la preparación. Tendrían que coger esta biblioteca y empollársela. Creo que tampoco tienen ayudas. No pienso en el Estado, hablo de los industriales, de las universidades, etc... Así podrían vivir -y estudiar- sin tener que realizar tantos torneos. Si tuvieran un mecenazgo digno de Colombia, caluroso y dicharachero, los ajedrecistas colombianos podrían ir más lejos.

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