Domingo, 22 de enero de 2017

| 1984/09/17 00:00

MEPHISTO

En la Alemania nazi, el protagonista, Hendrik Hofgen, se enreda en una telaraña de presiones personales, familiares y políticas

MEPHISTO

No será fácil olvidar a Hendrik Hofgen. En la primera parte de la película uno se puede despistar un poco en cuanto a la situación que se desarrolla, pero no en cuanto a la vivencia de ese personaje que paulatinamente se va identificando.
Es Hendrik. Y es él lo que nos mantiene sentados en la silla aunque al principio no logremos precisar quienes son los otros personajes y por qué discuten tanto de teatro.

¿ CUAL ES MEPHISTO ?
La escena con Juliette --violencia, danza y sexo--, en el cuarto escondido del puerto, los describe a los dos con nitidez. De Hendrik impacta el afán, la ansiedad con que quiere coger cada segundo que pasa. Su actitud ante Juliette es de totalidad. Esta es más mesurada, hasta un poco calculadora, sin dejar de ser sentidos, cuerpo y ritmo al danzar.
Por pequeñas escenas fragmentarias, que hacen-avanzar la película como compulsivamente, nos vamos enterando de lo que sucede. Entonces nos situamos en Hamburgo. El nazismo progresa en contra del comunismo durante los años 30. En el arte hay pugna entre las corrientes tradicionales del teatro y las nuevas propuestas de un teatro político. Todo esto lo deducimos a través de Hendrik, de lo que él ve, discute y hace, compulsivamente, como el ritmo de la película.
¿En qué momento Hendrik comienza a ser Mephisto? O ¿no es él Mephisto sino el General nazi que lo va conduciendo por nuevas teorías y prácticas del teatro a cambio de conservar la vida, de adquirir poder y lograr el éxito? No es tan simple, porque antes de entrar en acción el General y su concepción de la "cultura nacional", Hendrik tenía su arte puesto al servicio de otra causa política que también le prometía el éxito junto con la liberación de la opresión para todos.
Entonces hay que proponer otra interpretación: Hendrik es el arte, que no existe en abstracto sino siempre al servicio de un poder político, de un orden social o en relación con los poderes económicos y con una teoría de la sociedad. En el caso de la película se muestran tres prácticas del arte dentro de tres concepciones sociales: liberal, comunista y nazi. Siempre el poder, o un proyecto de poder, susurrándole al arte, cual Mephisto, que la plenitud está en él.

LA LIBERTAD DEL ARTE
Pero tampoco esto es tan absoluto. Hay datos en la película que sugieren una visión más actiya del arte. Hendrik está entre varios fuegos: el General lo quiere conservar en Alemania, su esposa le recrimina lo que para ella ha sido una entrega a los nazis, Juliette lo llama a París hablándole de libertad, Hendrik duda, no está seguro de que París sea la libertad y Alemania la no libertad.
Pronto tendrá Hendrik algunas experiencias que le mostrarán cómo es más complicada la relación del arte con la libertad: en plena Alemania nazi escucha al público aplaudir cuando uno de los personajes de Schiller, en "Los bandidos", declama su texto sobre la libertad de opinión. El mismo, que ha visto las salas repletas cuando hace el Mephisto, presencia las salas vacías cuando hace un Hamlet presentado como conflicta racista. Pero por encima de estos datos está el hecho de que el personaje central sea Mephisto y no Fausto.
¿Por qué en ese momento de la historia pasa a segundo término Fausto y Mephisto emerge como protagonista?
Vista así la película puede ser un análisis bien interesante sobre la compleja relación entre el arte, el artista, lo social y el espectador. Pero, como siempre que se encuentra una obra de esta calidad, ninguno de los anteriores--y otros posibles--planteamientos teóricos tienen vigencia ni fuerza sino en la medida en que los personajes impactan como seres humanos, no como símbolos abstractos o materializaciones de ideas. Por eso comencé hablando de Hendrik Hofgen. Porque, al margen de cualquier temática, uno puede ver la película como la historia de la angustia de este hombre en medio de presiones personales, familiares y políticas. Se sufre viendolo oscilar en un remolino de ideas, observando cómo cada día se enreda más y más en una telaraña de la cual uno no sabe si podrá salir.
Hernando Martínez Pardo

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