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| 10/9/2017 8:29:00 PM

Falleció el artista peruano Fernando de Szyszlo

El reconocido pintor y escultor murió este lunes en su domicilio en San Isidro, junto a su esposa Liliana Yábar de Szyszlo. SEMANA comparte la última entrevista que tuvo con él.

El reconocido artista plástico peruano Fernando de Szyszlo falleció este lunes a los 92 años en su casa, ubicada en San Isidro. Al lugar llegó una unidad del Cuerpo General de Bomberos para atender una emergencia médica reportada a las 04:40 de la tarde. Esta tarde también murió su esposa Liliana Yábar de Szyszlo a sus 96 años, con quien el artista compartió los últimos 29 años de su vida.

De Szyszlo tuvo una carrera brillante y destacada a nivel intenacional como el autor de una de las obras abstractas más importantes del siglo XX. En el año 2011 recibió la orden El Sol del Perú en el grado de Gran Cruz por su trayectoria. Entre sus obras destacan Inkarri, Mar de Lurín, Mesa ritual, Sol negro, entre varias otras. 

SEMANA lo entrevistó en 2016 cuando presentó su obra en el Museo Rayo de Roldanillo, Valle del Cauca. Esta es la entrevista:  

Contestó desde su casa en Lima (Perú). Allí vive hace 42 años. Ese lugar ha sido su hogar y su taller de trabajo. Está sentado en la sala. Está solo. Su esposa Liliana de Szyszlo, con quien lleva casado 28 años, no está en casa.

Dice que el día está “fresco”. Se despertó, como siempre, a las siete de la mañana. Desayunó y empezó a trabajar. Todos los días pinta hasta que la luz del sol desaparece. Hoy hace una excepción para esta entrevista.

Cuando contesta se puede oír de fondo, detrás de una voz ronca, la suite de violonchelo solo de Bach.

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Semana.com: Abandonó sus estudios de arquitectura para dedicarse al arte. ¿Cómo fue ese proceso?

Fernando de Szyszlo (F.S.): Desde que era niño me gustó la literatura, pero como tenía facilidad para las matemáticas estudié Arquitectura en la Universidad Nacional de Ingeniería de Perú. Después de un año noté que mi dibujo era pobre, muy duro. Por eso, me matriculé en un curso nocturno de dibujo en la Universidad Católica y al día siguiente me di cuenta de que eso era lo que quería hacer el resto de mi vida. En ese entonces tenía 17 años y desde ese entonces no he cesado.

Semana.com: ¿Cómo decide que quiere hacer arte abstracto?

F.S.: Fue todo un proceso. En la Universidad Católica me enseñaron pintura posimpresionista, un poco expresionista, pero poco a poco fui descubriendo que me interesaban otras cosas. Empecé a explorar el cubismo y todas esas cosas que puede hacer uno cuando es joven… la vida pasa muy rápido. Mi primera exposición la hice en el año 47 y era poscubista. Luego descubrí el arte precolombino y eso influenció mi lenguaje artístico. Viajé a París en el 48 y fui evolucionando hasta llegar al arte abstracto.

Semana.com: Para muchos es difícil entender el arte abstracto. ¿Cómo acercarse a este lenguaje?

F.S.: Una vez una señora se acercó a Matisse, el pintor, y le dijo: “Maestro no entiendo su pintura”. Matisse le contestó: “señora, ¿a usted le gustan las ostras?” Y ella respondió: “¡claro!” Matisse le pregunta ahora: “¿Entiende usted a las ostras?”. Lo que quería decir el pintor francés es que no hay nada que entender; hay que sentir. Claro que para sentir la pintura abstracta hay que dar unos pasos previos.

Lo primero es no pensar que la pintura siempre está hecha para describir la naturaleza. En el renacimiento se hizo eso a diario y nos quedó la impresión de que en el arte todo se tenía que parecer a la naturaleza. Del siglo XVII en adelante los franceses nos enseñaron que la pintura no es el tema. Es decir, la pintura es la impresión que trasmite el artista a través de la forma, el color, el claroscuro.

Lo segundo es que la pintura, como la música, tiene un lenguaje. A veces en la música no hay nada qué entender. ¿Qué tienes que entender en una sinfonía de Beethoven? Si uno no la siente está ciego, está perdido. El arte abstracto genera sensaciones que no pasan por el entendimiento, sino por la emoción. Hay que acercarse a la pintura sin prejuicios.

Semana.com: De hecho su obra emociona tanto que se ha expuesto en muchos lugares del mundo, traspasando barreras culturales. Está en museos importantes de ciudades como Nueva York, Seúl, La Habana, Río de Janeiro, Ciudad de México…

F.S.: Es porque expreso en mi obra lo que siento, y lo que siento en el fondo de mí, lo sienten todos los hombres. Hay personas que logran llegar a muchos, como Bach que tenía cantatas en alemán sobre la historia de Jesucristo y sin embargo su música emocionaba a gente en Japón, India, Argentina o Afganistán. Es decir, Bach sacó de dentro de sí una música y unos sonidos que nos tocan a todos. Así pasa en la pintura; hay unos que traspasan las barreras como Rembrandt o Leonardo da Vinci o Matisse o Paul Cézanne.

‘Para casi la noche‘. Acrílico sobre lienzo. 2014. Foto: Cortesía Galería Duque Arango.

Semana.com: ¿Por qué su exposición en 1951 fue tan polémica?

F.S.: Fue la primera exposición de arte abstracto que hubo en Perú. Sí fue polémica por ser abstracta pero también porque yo tenía 26 años y era muy agresivo y deslenguado; ataqué la pintura peruana que se hacía en ese momento; estaba dominada por el indigenismo y por influencias diluidas del muralismo mexicano.

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Semana.com: La poesía ha estado siempre en sus obras, ¿qué poetas lee?  

F.S.: En efecto. Siempre he sido un gran lector y especialmente de poesía. Mi pintura ha estado vinculada más con la poesía que con cualquier otra cosa. Leo todo lo que puedo. San Juan de la Cruz, Luis de Góngora, Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire, Paul Valery, Pierre Jean Jouve, Thomas Eliot…  También la poesía hispana, estoy muy vinculado con la obra de César Vallejo, Pablo Neruda, Fernando Varela, Javier Sologuren, en fin…

Semana.com: Le gusta tanto la poesía que estuvo casado con una poeta…

F.S.: ¡Blanca Varela! (Risas). Tuvimos dos hijos. Era una persona muy cercana, de mi generación, de mi barrio.

Semana.com: ¿Qué artistas le gustan ahora?

F.S.: Actualmente, en materia del arte no hay nada que me entusiasme. Ese arte que necesita una página escrita al costado de la pintura para explicar lo que el autor quería decir me parece fracasado. Si el artista no logra decir algo a través de su obra es inútil que lo explique en una página escrita por otra persona.

Pero entiendo que este tipo de arte representa las civilizaciones en que vivimos. Es una civilización en que la frivolidad ha ido tomando cuerpo. La pintura, al igual que el sexo y el amor, ha perdido sentido, se ha banalizado, se ha vuelto una gimnasia intrascendente cuando era una de las emociones profundas que estaban al alcance del hombre. Pero pienso que este momento va a pasar. No soy pesimista.

Semana.com: ¿Por qué dice que los artistas son banales?

F.S.: No me parece, por ejemplo, que este señor que nos quiere hacer mirar su excremento en una botella sea considerado un artista. Una botella con excremento del “artista” no es arte. Son gestos. No tienen más importancia que eso. Pero ponerlas en una galería o un museo, digo, se necesita estar un poco fuera de onda, ¿no?

Semana.com: Hace poco hubo muestra donde la artista quería mostrar cómo se vería su periodo después de unos días en unas cajas petri.

F.S.: (Risas) ¡Qué horror! ¡Eso es una desgracia! Pero también lo son las cabezas de vaca naturales metidas en una caja de vidrio con moscas adentro que se exhiben, ¡y algunas cuestan 100 millones de dólares!

Semana.com: ¿Pero hay artistas que le den esperanza?

F.S.: Debe haber pero no he visto. Gustavo Adolfo Bécquer decía: “Podrá no haber poetas pero habrá poesía”. Ahí está seguramente. Pero el bajón que ha dado la pintura desde Mark Rothko es impresionante. Claro que en muchas partes del mundo hay quienes seguimos batallando por la pintura, por sacar de nosotros mismos cuadros que le hablen a la gente que tengan contenido, que turben. El pintor George Braque decía: “La ciencia ha sido hecha para calmarnos y el arte para atormentarnos”.

‘De Szyszlo 2‘. Acrílico sobre lienzo. 2014. Foto: Cortesía Galería Duque Arango

Semana.com: ¿Y por qué dice que el amor y el sexo también se han banalizado?

F.S.: Porque la pareja ha perdido misterio. Para una persona de mi generación alguien del sexo opuesto era un misterio, era algo un poco sagrado, uno se acercaba con mucha devoción. Eso ya no pasa.  

Semana.com: ¿De qué se trató el partido político movimiento liberal que fundó con Vargas Llosa?

F.S.: Era inevitable que mi generación y la de Mario, que es más joven, intentáramos, por una vez, decir lo que pensábamos. Fue una gran decepción encontrar que el pueblo peruano no lo apoyó, que luego la prédica de esa campaña que hizo Mario sobre economía y sobre qué nos hace ricos y pobres quedó, y el gobierno de Fujimori, que supuestamente fue escogido para hacer una economía socialistona terminó siguiendo lo postulado de la teoría liberal que proponía Mario. Y luego casi que no nos liberamos de la lacra que era el fujimorismo.

Semana.com: ¿Y qué tal le parece que está Perú ahora?

F.S.: Hemos tenido cuatro presidencias democráticas, cosa que no había pasado nunca antes en mi país. Finalmente tenemos un presidente de lujo: Kuczynski es muy preparado, es un economista que estudió en Princeton, en Oxford, también estudió en la Real Escuela de Música en Londres, tocaba flauta o piano, fue presidente de un banco en los Estados Unidos. Estamos muy contentos. Por primera vez el presidente tiene una favorabilidad por encima del 65 por ciento. La economía peruana es una de las que más crece junto con los países de la Alianza del Pacifico…

Semana.com: ¿Qué lamenta?

F.S.: Con Blanca tuve dos hijos hombres. Los dos estudiaron arquitectura. Hicieron su master en Pensilvania. El menor Lorenzo se mató en el año 96 cuando tenía 35 años en un accidente aéreo. El otro sigue trabajando como arquitecto. Pero lo que nos dejó la ausencia de él  no lo superó ni su mamá, ni yo, ni su hermano Vicente.

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Semana.com: Usted ha recibido muchas distinciones, entre ellas, tres Honoris Causa, Caballero de la orden del Sol de Perú, Cruz de Caballero de la Orden de Artes y Letras del Gobierno de Francia,  ¿Por qué no aceptó el premio de la Universidad César Vallejo?

F.S.: Nunca rechazo un premio, pero este sí porque no me interesa; esa institución ha tomado el nombre del poeta peruano más grande para hacer una universidad un poco elemental. No sé si merece el título de universidad.

Semana.com: ¿Cómo está de salud?

F.S.: Estoy muy bien de salud, pero nadie que tiene más de 90 años está muy bien de salud porque la peor enfermedad que hay es la vejez.

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