Lunes, 16 de enero de 2017

| 2006/11/25 00:00

El fin de los precios caros

El petróleo y los productos básicos continuarán en niveles altos, pero menores a los de los últimos años.

En los últimos tres meses el precio del petróleo cayó un 25 por ciento, y el del carbón, 16 por ciento. Se trata de los dos principales reglones de exportación de Colombia

De todas las palabras que aparecen en las publicaciones económicas y de negocios del planeta, hay una en particular que despierta gran curiosidad entre quienes no saben inglés o no conocen de cerca este mundo: commodities. Eso en castellano significa bienes básicos o materias primas. Y su precio es determinante para cualquier economía del mundo, bien sea porque los produce, o porque los importa.

El rey de los commodities es el petróleo. Su cotización en 2005 y 2006 sorprendió a todos los analistas. Nadie imaginó que la férrea temporada de huracanes que impactó la refinación petrolera del Golfo de México y las continuas tensiones geopolíticas llevarían el barril a un pico de 78 dólares, como se registró en agosto pasado. A partir de ese momento, el precio comenzó a caer y en cuestión de meses se redujo hasta 25 por ciento. Hoy se cotiza alrededor de los 60 dólares y todas las proyecciones para el año entrante van en esa misma dirección: un precio entre los 53 y los 58 dólares el barril para 2007.

Si el petróleo cae, también bajan los precios de las otras fuentes de energía. Por eso, en lo que va corrido del año, el gas natural ha disminuido 22 por ciento en su precio, y el carbón, 16 por ciento. Entre los metales básicos, el cobre ha venido cayendo de precio, a diferencia del oro, la plata y el níquel, que este año volviieron a niveles de 1987. ¿Qué va a pasar con el precio de estos commodities? Todo depende del ritmo de desaceleración de la economía mundial, que hasta ahora se ha traducido en una menor demanda de estos bienes. Y a menor demanda, menor precio.

Por eso todos los ojos están puestos en lo que pase con las economías de Estados Unidos y China. El primero, porque representa una tercera parte del producto interno bruto mundial. Y el segundo, porque sólo el año pasado consumió el 9 por ciento de la producción global de petróleo, el 20 por ciento del aluminio, el 45 por ciento del cemento y cerca del 35 por ciento del acero-hierro-carbón. Cualquier caída -así sea de medio punto- en el crecimiento de estos países, tiene grandes repercusiones en el nivel de los commodities.

Si caen los precios de los productos básicos, también caen los ingresos por exportación de la mayoría de países emergentes. Por ejemplo, una caída en el precio del crudo es un golpe mortal para un país tan dependiente de este combustible como Venezuela. Lo mismo pasa en el caso del acero en Brasil o de algunos productos agrícolas como la soya en Argentina. Colombia no es ajeno a esta situación. Una reducción en el precio del barril de petróleo o de la tonelada de carbón -los dos principales reglones de exportación del país-puede tener un fuerte impacto sobre las finanzas públicas. En cambio, que caigan los commodities es lo mejor que les puede pasar a las economías desarrolladas. Primero, porque pueden importarlos más baratos. Y segundo, porque les ayuda a reducir las presiones inflacionarias.

Un estudio del Fondo Monetario Internacional publicado recientemente concluye que los precios de los productos básicos de los últimos años no son sostenibles y que los países emergentes como Colombia tendrán que encontrar la forma de adecuarse a las nuevas condiciones. Como quien dice: llegó el final de la fiesta de los precios muy caros.

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