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| 2/8/2016 7:00:00 AM

Carta a la estudiante que increpó a Santos en la Universidad Nacional

Sara Abril movió la redes sociales cuando se enfrentó verbalmente al presidente. El director del colegio del que se graduó la invitó a promover un debate más argumentado y respetuoso frente a las diferencias ideológicas.

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Semana Educación

Querida Sara:

La semana pasada fuiste noticia de primera plana en los medios y tendencia en las redes sociales. El presidente Juan Manuel Santos y la Ministra de Educación, Gina Parody, estuvieron presentes en la Universidad Nacional y tú, en calidad de representante estudiantil ante el Consejo Superior, tuviste la oportunidad de hablar 4 minutos, los cuales mágicamente se han convertido en millones por el efecto multiplicador de las redes, la prensa y la televisión.

Siempre te hemos recordado como una mujer reflexiva, autónoma, solidaria y combativa, aunque algo menos flexible de lo que demanda el mundo actual. Fui tu profesor de la asignatura de “Pensamiento argumentativo” y guardo en la memoria tus profundos análisis y tu capacidad para interpretar y transferir ideas a nuevos contextos.

El día de tu grado en el Merani, en el 2008, me agradeciste por ayudarte a ver tus errores y por hacerte entender la prioridad de seguir luchando siempre para ser una mejor persona. Como buena parte de los educadores colombianos, no renuncio a mi misión, e intentaré seguir orientándote, a pesar de que ya llevas ocho años fuera del colegio.

La pregunta a la que te enfrentaste ese día fue en extremo compleja: ¿Qué decirle al Presidente de la República, si te dan la oportunidad de hablar con él durante 4 minutos? (¿Qué le diría usted lector, si tuviera la misma oportunidad que tuvo nuestra egresada?)

Te felicito por tu independencia de criterio y por indagar siempre por la raíz de los graves problemas que nos aquejan. Valoro tu sensibilidad y tu compromiso con los otros. Sin embargo, veo que no tuviste en cuenta dos cosas claves en cualquier argumentación, las cuales, aunque las trabajamos en clase, es posible que las hayas olvidado. Y quiero aprovechar esta ocasión para volver a insistir en ellas.

La primera fue el descalificar al adversario en el debate y no sus ideas. Discutir contra la persona y no contra sus argumentos se conoce en la lógica como falacia ad hominem y se presenta cuando no nos referimos a las ideas de nuestro interlocutor, sino a la persona o lo que él representa. Tú tenías la obligación de responder la pregunta que te hacía el Presidente de la República: ¿Estás de acuerdo o no con el proceso de paz en curso? Sin embargo, evadiste la pregunta. Puedes discrepar de sus políticas y enfoques o proponer otros caminos; pero, en cualquier caso, estabas obligada a responderle. De eso se trata un debate argumentado. Y no lo hiciste.

El segundo error que cometiste fue argumentar múltiples ideas de manera simultánea. En tu calidad de líder estudiantil, no has debido abordar en 4 minutos temas tan diversos como el TLC, la venta de Isagén, el salario mínimo o el paro agrario. Te equivocaste, ya que dejaste de enfatizar lo esencial: un país democrático necesita defender su educación pública para que todos tengan las mismas oportunidades y se valore el esfuerzo y el trabajo, independientemente de las condiciones socioeconómicas de origen. Sin educación pública robusta, las desigualdades sociales se multiplican en lugar de disminuir.

El país tiene que seguir avanzando en la gratuidad de su educación superior, como hicieron de tiempo atrás los países europeos y como están haciendo recientemente países como Ecuador y Chile. Este último aspira lograr para el 2016 que el 50% de sus estudiantes de estrato 1 y 2 ingresen a la Universidad. Por el contrario, en Colombia, el programa Ser pilo paga para el año 2019 apenas alcanzará a becar al 2% de los estudiantes graduados de la educación media, con el agravante de que, al hacerlo, dejará a las universidades públicas sin sus mejores estudiantes y sin dinero.

Al igual que tú, soy egresado de la Nacional y también estoy convencido de que, pese a la asfixia a la que la han sometido, es la mejor universidad del país. Lamento –como millones de colombianos– que no llegue a más regiones, que se limite el derecho a la educación al no garantizar almuerzo y transporte a quienes lo necesitan, que mantenga por décadas congelados sus cupos y carreras o que, en un acto macondiano, se haya caído hasta el edificio sede de arquitectura en Bogotá.

El país necesita debate de ideas y la democracia exige que florezcan múltiples interpretaciones. Sin embargo, discrepo de las felicitaciones que te envió el senador Jorge Robledo. No es conveniente debatir 5 ideas al mismo tiempo ya que se pierde rigor y jerarquización. No fue un acto de patriotismo –como él señaló–, sino de populismo. Al país le conviene una izquierda reflexiva, creativa y propositiva y le ha hecho daño un discurso dogmático, sectario, inflexible y descontextualizado, de ambos lados. No heredemos los males pasados, sino la esperanza que estamos por construir. Te invito a aportar en esta tarea, aprovechando el liderazgo que tienes.

La Universidad Nacional tiene que ser un lugar para debatir ideas de manera razonada, jerárquica y argumentada. El abucheo es la expresión de la intolerancia que ha ahogado la democracia colombiana y el recurso al que recurren quienes no logran estructurar sus argumentos.

Sigue defendiendo tus ideas, pero garantizando siempre el respeto a las del oponente y la jerarquización de las tuyas. El actual proceso de paz nos invita a construir un país más tolerante, diverso y reflexivo, y para ello necesitamos una universidad pública vigorosa que aporte soluciones a los viejos problemas y argumentos a las nuevas preguntas. Ésa es la idea que te propuso el Presidente. Hoy la retomo y te invito a pensarla y discutirla con los estudiantes universitarios que representas. A propósito, ¿estás de acuerdo en que el sacrificio que estaremos pagando los colombianos al firmar los acuerdos de paz es ínfimo al lado de los miles de beneficios que nos dará aprehender a resolver los problemas con ideas y argumentos y no a los tiros y las agresiones, como nos lo impuso una “cultura del atajo” que tanto daño le ha hecho a la estructura valorativa en nuestro país?

Me despido con profundo cariño. Se me acabaron mis 4 minutos.

*Fundador y director del Instituto Alberto Merani. También es consultor de Naciones Unidas en educación para Colombia.

PARA EL DEBATE

¿Cuál es su opinión al respecto? Deje sus comentarios en nuestro Twitter @SemanaEd

Otras columnas de Julián de Zubiría: 

-Democracia sin lectura crítica‘. 

- ‘Lo que no se dijo de la nueva evaluación docente‘.

- ‘¿Es posible una educación para la paz?‘

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