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| 1/9/2015 3:00:00 PM

Los aprendices de Alá

Se estima que los primeros musulmanes llegaron a Colombia a finales del siglo XIX, pero solo desde hace 30 años se empezó a difundir su cultura de manera organizada en el país. Los niños se forman en pequeñas comunidades y la convivencia con otras religiones es su principio rector.


En el segundo piso de una casa del barrio Pablo VI, en Bogotá, un grupo de personas toma una clase de árabe. Un hombre está sentado solo en la primera fila. Detrás suyo se acomodan las mujeres con las cabezas cubiertas. Un niño entra y sale de la habitación entapetada convertida en salón de clases, lleva un juguete en la mano y el profesor le dice que debería empezar a estudiar. Al fin y al cabo, tarde o temprano tendrá que aprender la lengua de Mahoma para leer, memorizar y recitar el Corán.

Aunque desde finales del siglo XIX empezaron a llegar algunos migrantes provenientes de Oriente Medio, solo desde la década de 1980 se organizaron las primeras comunidades musulmanas en Colombia. Por esa época, la colonia libanesa en Maicao, La Guajira, creó el Colegio Colombo Árabe Dar El Arkam, el primero, más grande, y una de las pocas instituciones educativas que hay en Colombia fundadas en el Islam. En el resto del país, los musulmanes establecieron centros culturales para que los niños y jóvenes estudien la lengua árabe y aprendan los principios islámicos en horarios extracurriculares.

Diego Castellanos, musulmán converso e investigador del Centro de Estudios Teológicos y de las Religiones de la Universidad del Rosario, explica que aunque no son muchos, los musulmanes en el país son muy diversos. “Cuando la comunidad árabe es demasiado pequeña para formar colegios enfocados en su cultura, en general se crean instituciones paralelas donde los niños reciben formación religiosa o cultural. Los turcos y los iraníes han hecho cosas semejantes, pero normalmente no se comparten. Los turcos en Bogotá tienen espacios para sus familias, no es que sean cerrados, pero se asume que eso es para turcos y un árabe no ve con buenos ojos mandar a sus hijos a estudiar con los turcos. Ocurre lo mismo al revés”.
 
Los niños y jóvenes musulmanes deben asistir a los colegios tradicionales donde conviven con estudiantes de su edad que muchas veces desconocen sus creencias. “Mis hijos estudiaron en colegios católicos”, cuenta el imán Julián Zapata, fundador del Centro Cultural Islámico de Chía, “tomamos esa decisión con mi esposa porque eso es lo más cercano a su espiritualidad, porque habla de unos principios éticos parecidos y porque nuestra intención es que nuestros hijos puedan ver un mundo diverso, no sectario”.

El reloj marca las 4:30 de la tarde cuando un hombre hace el llamado a la oración en el primer piso del Centro de Estudios Islámicos Al Qurtubi, en la casa del barrio Pablo VI. Se trata del Asr, la tercera de cinco oraciones que deben hacer los musulmanes al día para honrar a Alá. El sheikh (una especie de líder espiritual) Lyes Marzougui, pasa al micrófono, señala al cielo y cruza los brazos en el pecho mientras dice en árabe que “Alá es supremo”. La sentencia se repetirá en varias ocasiones durante la plegaria. El niño que hace un rato estaba correteando por la casa ha dejado su juguete a un lado y se ubica junto con dos hombres detrás del sheikh.

Marzougui, franco-tunecino, llegó hace seis años a Colombia y hace cuatro fundó el Centro Al Qurtubi. “Aquí se enseñan las bases del conocimiento teológico y de la jurisprudencia islámica, es decir, el culto. Además se enseña el idioma árabe. Y está dirigido a personas musulmanas y no musulmanas. Nuestra visión aquí es abrir la puerta a cualquier persona que esté interesada en nuestra tradición”.

Según Marzougui, el musulmán tiene una identidad fuerte y por eso está preparado para hablar de su fe a quienes lo cuestionen. En Colombia los niños musulmanes crecen en un contexto católico, pero sus compañeros pueden no entender sus creencias. Para él la clave está en la pedagogía.

Por cuestiones migratorias, económicas y políticas, la comunidad árabe en Maicao ha disminuido. Pedro Delgado llegó al Colegio Colombo Árabe un año después de su fundación y dictó la clase de religión islámica por más de 20 años. Se retiró en 2011 y antes de irse tuvo la oportunidad de tener en su salón al mismo tiempo a estudiantes musulmanes sunitas, chiitas, católicos y evangélicos. Aunque enfocadas en el Islam, sus clases no podían ignorar la diversidad de sus estudiantes.

“Dentro de toda esa amalgama de pensamiento religioso, el objetivo fundamental era generar esos espacios de diálogo y de encuentro para construir seres humanos integrales desde esta experiencia”, recuerda el profesor formado en la Universidad Islámica de Medina, en Arabia Saudita.

El imán Julián Zapata, miembro del Comité Asesor de Libertad e Igualdad Religiosa del Ministerio del Interior, dice que los líderes de otras comunidades religiosas están trabajando en una cartilla para que los profesores entiendan, y le trasmitan a los estudiantes, que este es un país multicultural y multirreligioso. “Nunca los gobiernos pudieron digerir qué era lo que estaba exportando el Islam y para que podamos entenderlo se necesita una reforma académica”.

Pero a pesar de que los analistas, profesores e investigadores han pedido un diálogo entre los creyentes de distintas religiones, algunas comunidades prefieren permanecer aisladas y hay poco interés de los no musulmanes por conocer esta cultura. Al colegio Colombo Árabe de Maicao han llegado líderes religiosos que, a pesar de haberse preparado en las mejores universidades de Egipto y Arabia, no se han interesado en aprender español ni en entender la cultura Caribe. Marzougui cuenta que a Al Qurtubi llegan otras personas a aprender sobre la lengua arábiga y el Islam, pero pierden el interés fácilmente.

Todos reconocen que existe cierta percepción negativa sobre el mundo islámico. El profesor Castellanos afirma que en Colombia la estigmatización no es tan fuerte porque se asume que el fundamentalismo es un problema de otra parte. El sheikh Marzougui, por su parte, dice que hay una manipulación desde dentro y fuera de los grupos extremistas, que se ha sacado de contexto el texto sagrado y que hay muchos intereses políticos de por medio. Cuenta que en los cafés la gente se acerca a preguntarle de dónde viene, por qué se viste así (usa un taqiyah, un gorro tejido a mano que cubre su cabeza), y qué opina de lo que pasa en el Medio Oriente. Él les explica con gusto porque hacerlo forma parte de su fe; al contrario de lo que se cree, la tradición islámica quiere conocer al otro.

La cuarta edición de la revista digital Semana Educación se le midió al debate de la formación religiosa en los colegios y visitó ocho instituciones de distintos credos para conocer de primera mano cómo se imparte esta materia. En esta última entrega, que ya está disponible para descargar, los lectores encontrarán las historias de un colegio cristiano, uno laico, uno musulmán y un centro budista, entre otros.

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