Martes, 17 de enero de 2017

| 2015/08/26 07:20

La cocina en lengua de señas

Lizeth Arce creó el primer diccionario de gastronomía para sordos en Colombia. Este fue su camino.

Lizeth Arce en una de las cocinas de la Escuela de Gastronomía Mariano Moreno.

Probando. Así se encontró Lizeth Arce con la cocina. A punto de graduarse del colegio empezó a barajar algunas opciones de carrera. Tenía claro que quería seguir estudiando. Entonces, la gastronomía apareció en su radar. Indagó y le gustó. Sin más se la jugó por convertirse en chef. Incluso cuando en la búsqueda de una universidad, las puertas se cerraban de tajo.

Tres procesos de selección se negaron a mirar más allá: la discapacidad no define a una persona. Ella hace parte del 65,8 % de la población sorda que asiste a una institución educativa en Colombia. Para el 2013, sólo 988 sordos en el país entraron a la educación superior. Hoy Lizeth está terminando un técnico laboral y creó un diccionario multimedia de cocina para sordos en Colombia.

La idea nació a raíz de su experiencia en la Escuela de Gastronomía Mariano Moreno. Al principio las clases fueron muy complejas. Su intérprete debía deletrear los ingredientes, cortes y técnicas de cocción. Un proceso que la mayoría de las veces no lograba alcanzar el ritmo del profesor.

“Yo no podía decirle que fuera más despacio o que repitiera y la verdad, al final no entendía algunas cosas. Entonces, con la intérprete acordamos hacer unas señas nosotras. Me grabé en un video muy sencillo y así nos acordábamos”, explica Lizeth a través de Ana María, la voz que traduce sus expresiones.

Ese primer insumo fue la semilla del diccionario multimedia. Si bien empezó como una estrategia para entender todos los contenidos de un programa que es para oyentes, con el tiempo se concretó en su trabajo de grado. Lizeth reconoce que las señas son ideas que crecieron a la par de su formación como chef. Construyó y consignó cerca de 350 términos culinarios, los que más se usan en la escuela.

Además, es muy enfática en que hace falta tiempo y difusión para que las señas de su diccionario sean apropiadas por quienes tienen una discapacidad auditiva en Colombia. Justamente, porque en su lenguaje no se pueden imponer los términos. “Eso es con el tiempo, hay que hablar, hay que hacerle publicidad, que los sordos las miren y les interesen para que sean señas colombianas. Es un proceso de años”, sostiene.

Tal vez por eso es muy reservada con el contenido del multimedia, que aún no está al aire. Un trabajo que le llevó más de un año de construcción y que contó con la asesoría de otros sordos. Mandó un video por Facebook, en lengua de señas, para que quien quisiera colaborarle lo hiciera.

Fue cuando un joven en Barranquilla le explicó las señas con las que se referían a los peces. Además, una compañera de Lizeth que estudiaba pastelería le colaboró en la construcción de ciertos términos. “De resto sí fueron ideas mías”, dice. Sacó Las palabras y los conceptos de los libros que la acompañaron durante el técnico laboral.

Pese a que en la Mariano Moreno hay un programa de inclusión por competencias para estudiantes con procesos diferenciales de aprendizaje, Lizeth no quiso cursarlo. “Yo quería demostrar que soy igual a cualquier persona oyente. Yo puedo entender procesos. Entonces hacía las recetas y las dibujaba para que se dieran cuenta de que sí estaba comprendiendo”, afirma.

Precisamente, insiste en que todos los oyentes deberían entender que los sordos son personas iguales, con enseñanzas valiosas. “Mi costumbre, mi cultura como sorda, es en lengua de señas. Los que sí oyen pueden acercarse y aprender de lo que yo sé para incluirme en la universidad”, sostiene. Como efectivamente sucedió con la comunidad de la Mariano Moreno.

Estudiantes, profesores, directivas y todo aquel que tiene relación con ella han aprendido un par de señas para poder saludarla o despedirse. Ese y el diccionario es el granito de arena que Lizeth ha puesto para los que vienen detrás. No sin dificultad. “Yo no era muy buena en lengua de señas porque siempre estuve en un contexto de oyentes, desde el colegio. El reto fue mejorar mi comunicación y que el proyecto impactara: estuve practicando hasta que los sordos pudieron entender mis videos”, enfatiza.  

Su siguiente proyecto es montar su negocio propio: un restaurante en que todas las personas que trabajen sean personas sordas. Mientras tanto, espera poder trabajar en un hotel. Otro de sus sueños. Eso sí, con la mira puesta en que no le vuelvan a cerrar las puertas.

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