Jueves, 19 de enero de 2017

| 2016/04/26 12:00

Chernóbil: 30 años después

Se cumplen tres décadas de la explosión nuclear que le puso punto final al poder de la Unión Soviética. ¿Qué pasó exactamente?, ¿Por qué no es posible vivir en Chernóbil o en Prípiat hoy?, Semana Educación le explica.

La explosión provocó la mayor catástrofe en la historia de la explotación civil de la energía nuclear. Por siglos, extensas áreas permanecerán deshabitadas. Foto: A.F.P.
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Semana Educación

Hoy, 26 de abril de 2016, se cumplen 30 años de la explosión del reactor de la central nuclear Vladimir Illich Lenin de Chernóbil, la más potente de Europa y una de las joyas del complejo industrial soviético.

A 30 años de esta tragedia es imposible exagerar la gravedad del accidente y sobrevalorar sus consecuencias. La explosión del reactor cuatro de la planta nuclear de Chernóbil dejó un cráter del que emanaron gases radiactivos durante varias semanas. Aunque las autoridades soviéticas trataron de minimizar el hecho, los cánceres y las malformaciones se dispararon en las zonas afectadas. Los niños fueron los más afectados por la tragedia.

Las emisiones radiactivas debidas a la fusión del núcleo del reactor acabaron con la vida de más de 90.000 personas, dejaron 350.000 desplazados, produjeron millones de cánceres, propiciaron miles de malformaciones y convirtieron en un antro reactivo un área del tamaño del departamento del Atlántico.

Lo cierto es que un test de seguridad desencadenó el accidente nuclear. El ensayo, que no buscaba reparar ningún daño, sino que simplemente quería poner a prueba la capacidad del reactor de funcionar con un generador de diésel tras un apagón eléctrico. Además, una falla en una planta eléctrica local obligó a aplazar varias horas el test y provocó la catástrofe. Entre la medianoche y la una de la mañana los responsables de la central manipularon de tal manera sus sistemas que crearon las condiciones ideales para que el núcleo del reactor se recalentara hasta entrar en fusión.

Lo paradójico del asunto es que hoy, 30 años después, la zona en donde ocurrió el accidente quedó inhabitable; por otro lado, la ciudad japonesa de Hiroshima fue bombardeada por los estadounidenses, y a pesar de los 70.000 muertos que dejó la bomba, hoy se puede vivir ahí.

La bomba de Hiroshima produjo un radio de explosión de 1,6 kilómetros que dejó a cenizas todo a su paso. Por otro lado, la tragedia de Chernóbil, según el informe de la Agencia para la Energía Nuclear, solo produjo la muerte de dos empleados de la planta como consecuencia de la explosión y tres meses después murieron otras 29 personas. No obstante, el número exacto de muertes provocadas por la radiación se desconoce. Y es que el reactor es hoy el epicentro de una zona de exclusión de más de 30 kilómetros de radio y aproximadamente 160.000 habitantes fueron evacuados.

Hay varias razones por las cuales el lugar no es habitable. Entre ellas, en el reactor de Chernóbil había 180 toneladas de combustible nuclear del que 3.600 kilos era uranio en estado puro. Cuando el reactor explotó, se estima que volaron siete toneladas de ese combustible por toda la zona. En cambio, en Hiroshima, la bomba estadounidense apenas tenía en su interior 6,3 kilogramos de plutonio.

Además, sólo el 10% del plutonio de la bomba de Hiroshima entró en fisión, lo que hizo que la explosión evaporara el 90% restante y los vientos se encargaron de dispersar el rezago. En Chernóbil, la deflagración y el incendio posterior evaporaron los materiales del reactor y los repartieron alrededor de la planta en dosis masivas.

Teniendo en cuenta el poder destructivo de la bomba en Japón, esta sólo liberó un 10% de su radiación por las altas temperaturas que generó al momento de estallar. En cambio, en la catástrofe de la ciudad soviética los isótopos altamente radiactivos, generados por gases, lo impregnaron todo. La dosis de radiactividad en el área sigue siendo letal en un plazo de días.

A pesar de que los niveles de radiación impedirán vivir allí durante los próximos 20.000 años, la región no se ve hoy devastada. Incluso, la naturaleza luce exuberante, hay árboles entre los edificios, extensos bosques y las tierras todavía son fértiles. Sólo los detectores de radiactividad indican que los niveles siguen siendo incompatibles con la vida humana y que los animales han preferido vivir ahí para estar lejos del hombre.

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