Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/08/07 09:00

Los intereses ocultos detrás de la Independencia

El 7 de agosto se conmemora la Batalla de Boyacá. Un hito que recuerda la historia tradicional de héroes y episodios, pero que omite los intereses de los criollos. Semana Educación se los explica.

Acuarela de Martín Tovar. Foto: Wikipedia
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Semana Educación

La historia tradicional de los grandes héroes, capaces de cambiar el rumbo de las naciones con su sola presencia, se reproduce una y otra vez en los medios de comunicación y en las versiones oficiales. La independencia pareciera descrita como una mala película de Hollywood; los próceres son buenos, y los españoles, malos. Así de simple, no hay matices; la descripción del pasado podría resumirse, en cómo los buenos se organizaron,  a pesar de las dificultades -son necesarios los elementos dramáticos-, para salir victoriosos en su gesta libertaria. 

Sin embargo, no cuentan cómo las familias realistas eran fusiladas por orden de nuestros héroes, ni como Bolívar les permitía a los soldados saquear Pasto, para que castigaran con terror y muerte a los que no querían la independencia. Los métodos militares de Bolívar, los fusilamientos, las confiscaciones y los saqueos, no eran distintos a los de la época, sin embargo, nuestra historia tradicional no los suele mencionar. En cambio, describe detalladamente la maldad de los españoles y los desmanes de Murillo, exagerados por la prosa del siglo XIX, para justificar a la nación, con una historia de buenos y malos. 

Desde hace varias décadas, los historiadores dedicados al estudio de la independencia han abandonado las narraciones nacionalistas, que aportan poco al conocimiento del pasado. Sin embargo, sus investigaciones han sido poco difundidas por fuera de los límites de la academia. Así es que Semana Educación se ha arriesgado a resumir, a grandes rasgos, una cronología que sirva para entender la independencia, por fuera de las batallas y de los hitos patrios.

  1. España había perdido el control militar

El control de los mares era esencial para la economía mercantil del siglo XVIII. Las grandes fortunas en América y Europa se construían con largos intercambios de trigo, algodón, azúcar, oro, plata,  esclavos, y la venta de productos manufacturados provenientes de las metrópolis. España había garantizado la seguridad del comercio, levantó ciudades amuralladas en el Caribe para protegerlas de los piratas, y escoltaba con su flota las caravanas que viajaban cargadas de plata a Sevilla. Sin embargo, con los años, la armada española cada vez era menos capaz de proteger el comercio de los virreinatos americanos. Los británicos, franceses y holandeses saqueaban sin temor, organizan invasiones, ante los ojos de un imperio que se derrumbaba, según lo afirma el historiador Jaime Rodríguez.

  1. La caída de España

A comienzos del siglo XIX, la situación en España pendía de un hilo, entonces, la corona decidió aliarse con quien pensaba que era el mejor postor, Napoleón Bonaparte. El ejército francés era el más poderoso de Europa, pero la armada británica controlaba los mares y bloqueaba los puertos; y mientras que Napoleón se extendía por todo el continente para impedir a los ingleses el comercio, España estaba en medio. Los borbones no controlaban los puertos ni los territorios en ultramar. Y todo se agravó cuando Napoleón de camino a Portugal aprovechó la crisis monárquica en España para traicionar a su antiguo aliado. En una campaña rápida, sustituyó a la monarquía borbónica por su hermano, José de España.

  1. Respuesta a la invasión

La mayoría de los súbditos de la corona española no reconocieron el gobierno de Bonaparte, ni en América ni en la península, según lo afirma el historiador Francois Guerra. No aceptaban la autoridad francesa, y para resistirse formaron en todos los territorios del imperio juntas insurrectas en nombre del rey Fernando VII. Los rebeldes enviaban emisarios para comunicarse y organizar la oposición a Bonaparte desde Cádiz. Sin rey, los liberales españoles y americanos tomaron decisiones trascendentales, como abolir el carácter colonial de los territorios de ultramar y además declararon que americanos y españoles eran iguales.

  1. Malestar por los problemas de representación

 No obstante, había un problema de representación en la elección de diputados, cuántos delegados irían de cada provincia, quiénes serían contados, ¿sería proporcional?, ¿los afrodescendientes e indígenas eran iguales y contarían dentro de la proporcionalidad por diputados? Para adquirir una mayor representación, a pesar de su racismo, los criollos blancos de América proponían que afrodescendientes fuesen contados como iguales, pero los liberales españoles advertían los peligros de otorgarles la ciudadanía a los africanos. Recordaban con temor la independencia haitiana, en la que los esclavos se tomaron el poder violentamente. Según la historiadora Marixa Lasso, la decisión final afectó a los americanos. Los afrodescendientes no serían contados como iguales, lo que disminuía la proporción de americanos en las juntas.

  1. No valía la pena seguir con España

La corona española había impuesto restricciones al comercio marítimo, que molestaban a los exportadores e importadores. Los españoles no permitían el libre comercio en las colonias, porque querían vender sus productos sin la competencia británica; también impedían que se desarrollara la industria vinícola y textil en las colonias, lo que molestaba a los criollos emprendedores, que tenían que recurrir al contrabando. Al malestar económico, se sumaba la rivalidad entre criollos y españoles por los cargos públicos, acrecentada por las condiciones de desigualdad en Cádiz. 

  1. El oportunismo de los héroes

España no ofrecía protección militar, su ejército se esforzaba por expulsar a Napoleón en una guerra de guerrillas. No había rey legítimo, y sus intereses estaban poco representados en las juntas de Cádiz. Era un momento oportuno, podían aprovecharse de la crisis en España, de su incapacidad militar. Europa estaba en guerra y nadie sabía qué pasaría. Podrían eliminar las restricciones económicas que molestaban a los hacendados, podrían adueñarse de la burocracia gubernamental para emitir leyes convenientes a sus intereses, podrían apropiarse de los resguardos indígenas, y disponer de las tierras baldías, sin miedo a la corona. 

  1. Pero no fue tan fácil

Las 39 juntas que se formaron en el Virreinato de la Nueva Granada estaban fraccionadas, se peleaban unas con otras, y emitían un sin fin de leyes, mientras que Napoleón era expulsado y derrotado. El rey volvió al trono, y envió a América al ejército que había organizado la resistencia. Murillo tomó Santa Fe en 1816. El imperio español les había mostrado a los criollos que no era tan débil, y luchó fieramente por mantener sus colonias, en una guerra que devastó la economía y la agricultura de la Nueva Granada, hasta que fue derrotado por las tropas comandadas por Bolívar. Pero su victoria fue solo el principio de una serie de enfrentamientos entre la élite por los cargos burocráticos, mientras intentaban construir un país devastado, con las arcas vacías, y endeudado con Gran Bretaña.

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