Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1999/07/26 00:00

HABLA MONSEÑOR STEHLE

Desde la prohibición de su entrada al país el prelado no había conversado con un medio <BR>colombiano

HABLA MONSEÑOR STEHLE

Dos días despues de que el Ejército de Liberación Nacional secuestrara a los feligreses de la
iglesia de La María, en Cali, el jefe de Estado, Andrés Pastrana, presidió en esa ciudad un consejo
extraordinario de seguridad. Al finalizar la reunión el propio mandatario señaló que había 'curas' que estaban
negociando secuestros en Colombia. Al día siguiente el director del DAS, coronel Germán Jaramillo, prohibió la
entrada de monseñor Emilio Stehle con el argumento de que no eran claras las actividades que el prelado
alemán desarrollaba en Colombia. Desde ese momento monseñor Stehle decidió guardar silencio. Partió
de su parroquia _en Santodomingo de los Colorados, Ecuador_ rumbo a Alemania. Allí ha permanecido
manejando los hilos de la liberación de los rehenes. La semana pasada decidió hablar. SEMANA lo entrevistó.

Semana: El gobierno prohibió su ingreso a Colombia porque según el DAS usted estaba negociando la
liberación de secuestrados con el ELN. ¿Qué hay de cierto en esta acusación?
Monseñor Stehle: Eso es una gran mentira. En el rescate de secuestrados mi labor ha sido únicamente
humanitaria. He asistido pastoralmente a las familias que han sufrido ese drama. Las autoridades
colombianas conocían muy bien mi labor.
Semana: ¿Qué autoridades?
M.S.: Mi labor estaba autorizada por el doctor Rubén Darío Ramírez, quien hasta hace poco se desempeñó
como zar antisecuestro. Cuando él se retiró, yo personalmente hablé con el nuevo zar, José Alfredo
Escobar, y después con el doctor Diego Caicedo, secretario técnico de esa dependencia. A ellos dos los
puse al tanto de lo que estaba haciendo. Sabían de mi labor pastoral. De modo que mi servicio ha sido dentro
de la moral y la ley de la Iglesia.
Semana: ¿En ese puente que usted tendió entre familiares y secuestrado en alguna oportunidad se prestó
para pagar los rescates?
M.S.: No, nunca. Mi labor ha sido siempre humanitaria. Nunca he recibido un solo peso por ese trabajo.
Nunca me he enriquecido con el dolor ajeno.
Semana: ¿Por qué razón el zar antisecuestro le prohibió servir de intermediario en la liberación de siete
personas en febrero pasado?
M.S.: El me dijo que había otras personas haciendo esa labor humanitaria. El no quería que yo estuviera en
eso. No quería que los esposos Mauss colaboraran. Entonces decidí no meterme en el asunto y así ocurrió.

Semana: ¿Cuánto hace que cumple esa labor de intermediario frente a la guerrilla para que liberen a los
secuestrados?
M.S.: Hace más de 10 años. En ese entonces era capellán de la colonia de mi país en Colombia. Las mismas
familias me pidieron asistir espiritualmente a los compatriotas que cayeron en manos de la guerrilla. Una
de las primeras labores que hice en ese campo fue lograr la liberación de los dos cónsules alemanes
secuestrados por allá en 1987.
Semana: ¿Usted es amigo de los 'elenos'?
M.S.: Sí. El año pasado en la reunión de Puerta del Cielo logré convencer a los comandantes del ELN que en
los acuerdos de paz con la sociedad civil había que liberar a todos los niños y ancianos. Que había que
humanizar la guerra. Ellos finalmente me hicieron caso.
Semana: ¿Cuántas personas ha liberado el ELN a través de su gestión?
M.S.: Muchas. Más de una docena. Sin contar las de los secuestros masivos. Las primeras liberaciones del
avión de Avianca se lograron por mis gestiones realizadas con los comandantes del ELN. Fue un trabajo
muy difícil, pero al final los convencí.
Semana: ¿Cómo se hizo amigo de los comandantes del ELN?
M.S.: Eso es una historia muy larga. Yo fui muy amigo de Camilo Torres. Conocí también a Manuel Pérez y a
Domingo Laín. Con Camilo Torres tuvimos una estrecha amistad. El hablaba alemán y compartimos muchas
historias. Pero nos divorciamos cuando él dio el paso para irse a la guerrilla.
Semana: ¿A usted quién lo busca para entregarle los secuestrados que van a liberar?
M.S.: Casi siempre me buscan las familias. Yo después hago los contactos con los comandantes del ELN.
Ellos me hacen ir a la selva, a distintas partes. A veces me la paso un mes, dos meses, recorriendo de un
lado para otro hasta que logramos nuestro objetivo humanitario.
Semana: ¿Pero en esos trabajos no se entera del dinero que están pidiendo por los rescates?
M.S.: Claro que sí. A veces piden unas cifras tremendas y yo me pongo muy bravo. Les digo a los
comandantes que esa filosofía está equivocada. Que ese no es el camino. Que eso sólo conduce a la
violencia y a la guerra. Ellos sólo me escuchan y después la familia que ha tenido que pagar me pide el favor
que vaya a recoger a sus seres queridos.
Semana: ¿La acusación que le hizo el gobierno colombiano le ha traído líos con el Vaticano?
M.S.: No, para nada. Porque ellos saben muy bien de mi labor humanitaria. Ellos saben cómo vivo yo y saben
que nunca me he lucrado con un solo peso por servir de intermediario para que devuelvan a las personas
retenidas.
Semana: ¿Ha pensado en demandar por las acusaciones que le han hecho?
M.S.: No me he puesto a pensar en eso. Me duele mucho lo que pasó. Dos días antes de que se
posesionara el presidente Andrés Pastrana me entrevisté con él. Hablamos del proceso de paz con el ELN. El
me conocía de tiempo atrás. En una oportunidad nos reunimos en Europa con su padre, el doctor Misael
Pastrana. A mí me da pena que el Presidente hoy piense que yo soy un mercenario y que me estoy lucrando
con los secuestros. Algún día tendré la oportunidad de demostrarle lo contrario.
Semana: ¿Cuál ha sido el trabajo que ha desarrollado en Europa para que el ELN devuelva a los rehenes?
M.S.: En este momento soy una especie de exiliado. El que ha hecho todo el trabajo ha sido monseñor
Castrillón. El sentó a la gente del ELN, les tiró las orejas y los comprometió a la devolución de los rehenes.
Semana: Pero el ELN incumplió y además secuestró a los feligreses de una iglesia. ¿Cómo creer en ellos?
M.S.: Yo personalmente hablé con los comandantes del ELN y les hice una fuerte reprimenda por lo que
hicieron en la iglesia. Ellos pidieron perdón. Yo los comprometí para que devolvieran a los rehenes sin
cobrar un solo peso. La liberación tiene que ser gratuita. Nadie debe pagar por sus familiares.
Semana: ¿Cuándo van a liberar a los demás rehenes?
M.S.: En eso estamos. Trabajando muy duro. Buscando salidas lo más pronto posible. Moviendo
contactos y haciendo reuniones para que por fin se pongan de acuerdo el gobierno y el ELN.
Semana: ¿Usted va ser garante de esa entrega?
M.S.: Me gustaría mucho. Pero allá en Colombia dicen que no soy bienvenido, entonces me toca trabajar a
control remoto. A mí lo único que me importa es que los rehenes vuelvan a sus casas sin pagar un peso.
Lo demás lo arreglaremos después.

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