En Colombia, la participación femenina en diferentes esferas de la sociedad ha ido ganando terreno, otorgando libertades y participación en entornos diferentes al hogar. Pero a pesar de los avances de los últimos años, todavía queda un largo camino por recorrer para que las mujeres, en especial las que habitan en los territorios, accedan a más oportunidades.

La persistencia de la violencia sexual, la baja participación en la toma de decisiones importantes y pocas oportunidades de salir adelante, entre ellas las migrantes, dan cuenta de los desafíos que aún existen y de la necesidad de seguir en la lucha por los derechos femeninos.

En el marco del ‘Gran Foro Mujeres 2026: Mujeres auténticas, historias reales’, Mabel Gisela Torres Torres, exministra de Ciencia, Tecnología e Innovación y docente de la Universidad Tecnológica del Chocó, aseguró que hoy en los territorios se escucha la voz de las mujeres; no obstante, “uno de los problemas es que ellas no tienen la participación en los espacios donde se toman las decisiones”.
Para la académica, no se puede negar que hay más ministras, políticas y empresarias negras, “pero hay que trabajar en el verdadero poder, y en lograr superar el racismo estructural para que nos dejen de ver como beneficiarias y si como líderes”.
De acuerdo con Coralia Vásquez Salazar, abogada maestrante en Derechos Humanos y directora de la Fundación Mulier, hay crisis estructurales en los territorios que también impactan a la población migrante. Para la directiva, las mujeres que han llegado de países como Venezuela y que se han instalado en departamentos como La Guajira “tienen limitadas oportunidades de desarrollo personal, y ni hablar de emprendimiento o acceso a bienes y derechos”.
Según Vásquez Salazar, las mujeres migrantes carecen de redes de apoyo, y eso las convierte en víctimas de diferentes tipos de violencia, entre ellas la económica. “En los territorios falta entender que cuando se impulsa a las mujeres, también se impulsa el crecimiento y el desarrollo”.
Combatir la violencia sexual
Una realidad que convive con las mujeres es la violencia sexual, y entre las principales víctimas destacan las niñas. Catalina Martínez Coral, vicepresidenta para América Latina del Center for Reproductive Rights, explicó que América Latina es la única región del mundo donde el embarazo en niñas sigue en aumento.
“Esto se presenta porque las niñas no saben identificar la violencia y porque este tipo de cosas se enseñan”, señaló Martínez Coral, quien agregó que tristemente ha visto embarazos en niñas de incluso 8 años. “Por su edad, obviamente no saben qué pasa con su cuerpo y no entienden lo que implica un embarazo”, aseveró.
Catalina Martínez Coral lidera el movimiento ‘Niñas, no madres’, en el que participan más de 200 organizaciones de la región que hacen frente a esta problemática a través de campañas, pedagogía y litigando casos a favor de niñas y mujeres que han sido víctimas de violencia sexual.
Desde otra perspectiva, la representante a la Cámara por Bogotá y senadora electa, Jennifer Pedraza, aseguró que la violencia también se refleja en el matrimonio infantil, que en Colombia se logró eliminar luego de nueve intentos. “Y finalmente el proyecto prosperó gracias a que el 30 por ciento del Congreso está conformado por mujeres”, explicó Pedraza.

Hoy, la senadora electa está detrás de la ley que lucha contra la mutilación genital en Colombia. “Estamos a un debate de lograr su aprobación. En este país se corta y queman los genitales de las recién nacidas en algunas comunidades indígenas y afros, por eso es importante evitar que esto siga sucediendo”.
En Colombia, la lucha para que las mujeres lleguen a posiciones de liderazgo, accedan a más derechos y se elimine la violencia hacia ellas, no se detiene, y desde organizaciones y la política se está haciendo historia.
