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| 10/1/2011 12:00:00 AM

El juicio del año

En el proceso contra Conrad Murray por la muerte de Michael Jackson, algunos creen que el médico fue negligente, mientras que otros consideran que es una víctima de un 'show' mediático.

Michael Jackson quería que lo recordaran como una gran estrella. Durante sus últimos meses, concentró todos sus esfuerzos en This Is It (Esto es todo), la maratón de conciertos con la que esperaba recuperar su imagen, afectada por el juicio por pederastia que enfrentó en 2005. "Cuando la gente salga del 'show', quiero que diga: 'Nunca había visto algo así. Es increíble. Es el artista más importante del mundo'", le dijo a su médico personal, Conrad Murray, poco antes de morir, el 25 de junio de 2009. Y aunque no pudo cumplir el sueño de volver a los escenarios para cerrar su carrera con broche de oro, hoy es considerado una leyenda.

La prueba más reciente del poder de convocatoria del Rey del Pop es la aglomeración de fanáticos y medios que se ubicaron frente al Tribunal Superior de Los Ángeles para presenciar el juicio contra Murray, acusado de homicidio involuntario por haberle dado al cantante un anestésico que acabó con su vida. La mayoría de los seguidores del músico creen que el doctor no hizo nada para evitar el fatal desenlace. Otros defienden su inocencia y aseguran que la opinión pública se ha encargado de satanizarlo en su afán por encontrar un culpable. Familiares, amigos y empleados de Jackson reconstruirán los momentos previos y posteriores a su muerte, durante los próximos días. El veredicto solo se conocerá a principios de noviembre.

En la primera semana del proceso, el detalle que más conmocionó a la prensa internacional fue la fotografía del artista, inerte sobre una camilla del Hospital de Ucla, adonde una ambulancia lo llevó minutos después de su deceso en su mansión de Los Ángeles. La Fiscalía comparó esa imagen con una en la que Jackson aparece enérgico ensayando una coreografía de su espectáculo, tomada el 24 de junio, que demostraría el cambio de un día para otro. Aunque la foto es inédita, varios expertos consideran que se trata más de una estrategia para despertar morbo y desviar la atención que de una evidencia para probar un hecho concreto.

Pero más allá del show mediático, el principal argumento del fiscal David Walgren es que Murray actuó con negligencia. Según él, Jackson se encontraba muy estresado porque faltaban pocos días para el estreno de su gira en Londres y, desde hacía varias semanas, no había podido conciliar el sueño. En la madrugada del 25 de junio, el doctor le inyectó sedantes, pero no le hicieron efecto. Entonces, el músico le pidió que le pusiera la "leche", como solía decirle al Propofol, un peligroso anestésico que se usa en operaciones quirúrgicas. Murray le hizo caso a pesar de que no contaba con los equipos de reanimación en caso de una emergencia y salió del cuarto a hacer una llamada. Cuando regresó, minutos más tarde, lo encontró sin signos vitales: acababa de sufrir un paro cardiaco.

Por el contrario, la defensa sostiene que el músico tomó ocho pastillas para dormir y una dosis de Propofol sin que el médico se diera cuenta. "Cuando Murray volvió a la habitación, no había doctor o máquina que pudiera haberlo salvado. Murió tan rápido que ni siquiera tuvo tiempo de cerrar los ojos", explicó el abogado, Ed Chernoff.

Sin embargo, a la Fiscalía no la convence ese argumento, pues existen pruebas de que el doctor había encargado varios frascos del medicamento meses atrás, que escondió el día de la tragedia con la ayuda del guardaespaldas y antes de que llegaran los paramédicos y la Policía a la residencia. A eso se suma la grabación de una charla telefónica entre Jackson y Murray en la que el artista habla como si estuviera drogado. El miércoles pasado, el coreógrafo Kenny Ortega reforzó esa versión al mencionar la pelea que alguna vez tuvo con el médico porque cuestionó el estado físico y mental del cantante. En esa oportunidad, Murray, furioso, le respondió que mejor se ocupara de sus asuntos, pues el músico se encontraba en muy buenas manos.

Ante la avalan-cha de acusaciones, Chernoff dice que el galeno en realidad estaba ayudando al Rey del Pop a superar su adicción a las sustancias farmacológicas y culpa al dermatólogo Arnold Klein de volverlo dependiente del Demerol, un poderoso analgésico que produce efectos secundarios como el insomnio. En la cita del martes recordó que Jackson y Murray se conocieron en Las Vegas en 2006 y, tres años después, el cantante le propuso que lo acompañara en su nueva gira. Aun así, el fiscal no cree que existiera una verdadera amistad entre los dos: "Era más bien un relación de empleado y empleador", pues a Murray solo le importaba la plata y, por eso, cada vez que su cliente le pedía una dosis de Propofol, se la daba sin problema. Paul Gongaware, productor de This Is It, confirma esa fama de "ambicioso" de Murray, porque al principio el médico le pidió a Jackson cinco millones de dólares mensuales por sus servicios, pero al final se conformó con 150.000.

Sobre los hechos posteriores al deceso, varios testigos coincidieron en que el doctor se demoró mucho en llamar al 911 y, de paso, confirmaron que dos hijos del cantante presenciaron sus esfuerzos para revivir a su padre. "Paris estaba en el piso llorando y Prince Michael parecía en 'shock'", contó el jefe de seguridad de los Jackson al jurado. También se supo que Murray le pidió al asistente personal del artista que regresara a la casa para recoger las cremas que este usaba contra el vitiligo, una enfermedad que produce la despigmentación de la piel y explicaría por qué se volvió blanco. "Era algo de lo que no quería que nadie se enterara", dijo al jurado Amir Williams.

Las declaraciones explosivas y los momentos de pánico que vivieron aquellos que vieron a Jackson por última vez seguirán generando titulares todo el mes. Además, el juicio tiene todos los elementos para ser vendedor: los papás del ídolo, Joe y Katherine, y los hermanos, Janet, La Toya, Jermaine, Tito y Randy, no se pierden ninguna cita en el Tribunal y varios canales de televisión lo transmiten en vivo y en directo. "Es algo inevitable en ese tipo de espectáculos, donde se identifican los chivos expiatorios, se reparte la culpa y el público obtiene su porción -escribió Neil McCormick, el crítico musical de The Daily Telegraph-. El rey ha muerto, pero en la música pop no hay sucesor. En cambio, se eleva un grito: ¿quién lo mató?".
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