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| 8/15/2015 10:00:00 PM

¿Quién compró ‘The Economist’?

Esta es la historia del semanario más prestigioso del mundo y el perfil de quien se convertirá en su nuevo socio mayoritario.

Cuando la incertidumbre lo atacaba, William Gladstone, tres veces primer ministro británico entre 1868 y 1894, decía que esperaba a la edición de The Economist para tomar decisiones. Posiblemente James Wilson, el fundador de la publicación, no imaginó en 1843 que su creación alcanzaría tanto peso. En 172 años de historia, The Economist se ha consolidado como un referente obligado de consulta para líderes ilustrados como Woodrow Wilson o Karl Marx, y su cubrimiento ha trascendido las fronteras del Reino Unido.

James Wilson, su fundador, nació en Escocia. En Londres se consolidó como fabricante y vendedor de sombreros y, sobre todo, como un enemigo de la intervención estatal. Las leyes que gravaban las importaciones de maíz al Reino Unido elevaban el costo del pan y se traducían en hambre. El escocés creía en la teoría de la mano invisible del apóstol del libre mercado, Adam Smith. Gracias en alguna medida a The Economist, las leyes del maíz fueron abolidas en 1846, pero la doctrina liberal que asumió la publicación se mantiene hasta hoy.

A través de las décadas, varios de sus editores marcaron la historia de la revista. Walter Bagehot, tercer editor y yerno del fundador, es recordado como un fenómeno intelectual y visionario. Con sus geniales escritos incluyó a la política dentro del cubrimiento y fomentó el interés de los lectores ingleses por Estados Unidos. Geoffrey Crowther, editor entre 1938 y 1956, supo explicar por qué la revista jamás firma sus notas: “El anonimato mantiene al editor no como el maestro, sino como el servidor de algo mucho más grande que él. Le da a la publicación una solidez en principios y pensamiento”.

Lo curioso es la enorme influencia que llegó a tener The Economist con una circulación modesta, ya que en 1970 su tiraje era de apenas 100.000 ejemplares. Hoy tiene 1,6 millones de suscriptores con un fuerte componente en internet, 1 millón de los cuales están en Estados Unidos. En el resto del mundo pocas personas leen la revista en cada país, pero, por lo general, son los pocos que mandan.

Las cifras del negocio

Esa respetable tradición se transformó de modo importante la semana pasada. En un editorial a los lectores, la editora jefe de The Economist, Zanny Minton Beddoes, explicó en qué consistía la especial coyuntura: “Nos enorgullece nuestro patrimonio de independencia editorial y comercial, que sirve el credo liberal de los mercados abiertos y la libertad individual. Pero no publicamos editoriales. Esta semana es una excepción. El 12 de agosto anunciamos el cambio más importante en nuestra estructura accionaria en casi 90 años”.

En efecto, 50 por ciento del paquete accionario de la publicación cambió de manos. Esto significa que en su historia cambia de dueño tan solo por segunda vez. La editorial Pearson compró el Financial Times en 1957 cuando este era propietario del 50 por ciento de las acciones de The Economist. El otro 50 estaba repartido entre importantes dinastías de negocios europeas, como los Rothschild, los Agnelli, los Cadbury, los Schroders y los Layton.

Como la prensa escrita tiene un futuro incierto, el grupo Pearson decidió vender sus dos medios para concentrarse en el rubro de educación que es mucho más rentable. El grupo japonés Nikkei compró el Financial Times por más de 1.400 millones de dólares. El 50 por ciento de The Economist también se puso en venta y se tomó como base el mismo precio en que había sido avaluado el periódico. Es decir, 1.462 millones de dólares. Lo curioso es que la utilidad operacional de la revista era más del doble que la del diario, 60 millones de libras contra 24 para ser exactos. La equivalencia en el precio de venta obedecía a que la marca Financial Times tenía un potencial infinito como información de negocios en internet tipo Bloomberg, mientras que los sesudos análisis de The Economist tenían una proyección más limitada.

La compra del 50 por ciento de la publicación por 731 millones de dólares se dividió así: los Agnelli de Italia, que tenían 4,7 por ciento, pasaron al 43 por ciento por 448 millones de dólares. Y las otras grandes familias que tenían participaciones minoritarias compraron el resto en partes proporcionales.

Otra particularidad de The Economist es que al igual que otros medios, como el periódico inglés The Guardian o el francés Le Monde, está blindado para garantizar la independencia periodística. Ningún accionista puede tener el control editorial y, en este caso, a pesar de que los Agnelli tendrán el 43 por ciento de las acciones, solo tendrán derecho al 20 por ciento de los votos. Una compleja estructura accionaria deja el control final en manos de cuatro fideicomisarios.

Nuevos dueños, ¿misma historia?

La familia Agnelli es la más relevante de Italia en términos empresariales. Está asociada con la fábrica automotriz Fiat (Fabbrica Italiana Automobili Torino), que Giovanni Agnelli creó en Turín en 1899 y que ha mantenido su relevancia a pesar de altibajos familiares y fusiones empresariales. También es propietaria del club de fútbol Juventus, el más exitoso a nivel local.

Gianni, nieto de Giovanni, llevó a la empresa a lo más alto de su producción y prestigio desde que asumió la presidencia en 1966. Vivió su vida a sus anchas e influenció a generaciones de italianos en moda y en los negocios. Era un mujeriego con un gusto por los autos rápidos que no le dolía chocar. Pero poco importaba, pues bajo su liderazgo Fiat creció y llegó a controlar un cuarto de las empresas que cotizaban en bolsa italiana.

Su influencia y poder fue tal, que cuando el líder comunista soviético Nikita Kruschev visitó Italia ignoró a los políticos y se dirigió al empresario. Le dijo “Quiero hablar contigo porque siempre estarás en el poder”. Figurativamente tenía razón, pero no humanamente. Gianni murió en 2003, y 100.000 personas asistieron a su sepelio como muestra de respeto hacia quien puso a Italia en el mapa industrial y empresarial.

Varios de sus herederos, llamados a ser sus sucesores, cayeron presos de vidas desordenadas. Su hijo Edoardo se suicidó en 2000 y su nieto Lapo Elkann no escapó a la drogadicción y el escándalo. El hombre que tomó las riendas del emporio es John Elkann, un nieto de Gianni educado en el Reino Unido, quien sacó de una crisis a la Fiat. La fusionó en 2014 con Chrysler y así creó la Fiat Chrysler Automobiles (FCA), compañía de la cual Exor es accionista mayoritario. También adquirió 90 por ciento de las acciones de la Ferrari.

¿Estará The Economist tan blindado como asegura el nuevo dueño? Aunque Elkann dice que sí, algunos tienen reservas. Señalan que la revista inglesa se convirtió en el medio más influyente y más crítico de Berlusconi cuando este era protegido de los Agnelli. Entonces surge la pregunta, ¿podría suceder eso en el futuro? También anotan que los tres diarios que esa familia controla en Italia, el Corriere della Sera, La Stampa y Il Secolo XIX no han sido considerados muy independientes. Elkann se defiende anotando que eso fue en la era de su abuelo Gianni Agnelli pero que esta es una nueva generación. Agrega que su padre era un periodista y que su tío abuelo fundó el diario de tendencia izquierdista La Repubblica. Aunque la estructura accionaria en teoría garantiza la independencia, The Economist nunca había tenido un accionista individual dominante. Solo el tiempo dirá si las buenas intenciones de independencia se cumplen.
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