Martes, 24 de enero de 2017

| 2001/01/08 00:00

¡Viva el ‘marxismo’!

La genialidad de los hermanos Marx regresa en una nueva biografía que revela datos curiosos de los cómicos Groucho, Chico y Harpo.

¡Viva el ‘marxismo’!

‘Marxistas’ de izquierda y de derecha. ‘Marxistas’ proletarios y capitalistas. ‘Marxistas’ de oriente y occidente. Hombres y mujeres unidos por el contagioso delirio de Groucho, Chico y Harpo, los hermanos Marx.

El famoso trío de comediantes vuelve a ser noticia con la publicación de una biografía que revela aspectos desconocidos de su vida privada. En su libro Monkey Business, Simon Louvish relata la dura infancia de los Marx y sus intentos por sobrevivir a la pobreza en Estados Unidos siendo una familia de origen judío alemán.

Los hijos de Samuel Marx y Minnie Schoenberg ingresaron al mundo del espectáculo gracias a la insistencia de la propia Minnie, quien se convirtió en su promotora artística. Ella no tuvo reparo en cambiar su apellido por uno más norteamericano y, bajo el nombre de Minnie Palmer, comenzó a recorrer los pueblos de la costa este promocionando las obras de teatro de sus tres prodigios. Minnie estaba decidida a labrarles un mejor futuro a sus hijos lejos de las estrecheces en las que ella había crecido y más lejos aún del legado de su esposo, un inmigrante francés cuyo desempeño como sastre era lamentable.

Groucho reconoció el empeño de su madre en una entrevista para Playboy: “Ella misma se ocupaba de buscarnos trabajo. Estaba convencida de que tenía que lucir un aspecto joven, así que se ponía un corsé y una peluca rubia cuando iba a visitar a los agentes. Por aquel entonces debía rondar ya los 50 y todo el mundo sabía que llevaba una peluca. Si estaba jugando a las cartas en casa de alguien y se hartaba de llevar el corsé, se lo quitaba y lo envolvía en un periódico”.

Con el mismo desparpajo, con que visitaba a los agentes, Minnie se entendía con las autoridades, especialmente las militares, a las que convenció, mediante falsos argumentos, de la “minoría de edad” de sus pequeños Leonard (Chico), Arthur (Harpo) y Julius (Groucho). Gracias a Minnie, quien falsificó la fecha de nacimiento de sus hijos, los hermanos Marx se salvaron de combatir en la Primera Guerra Mundial pese a que entonces Groucho, el menor, tenía 25 años.

El trío —antes eran cinco hermanos pero Zeppo y Gummo se retiraron— no defraudó las expectativas de Minnie y filmó 17 películas en Hollywood, en donde cada personaje se convirtió en un hito. Groucho, el del mostacho y el cigarro, encarnaba al trepador social machista y sin tacto que confundía a sus interlocutores con absurdos juegos de palabras. Chico, el pianista, se destacaba por su afición a las mujeres y el exagerado acento italiano que utilizaba para seducirlas. Harpo, el pelirrojo, jamás pronunció una palabra en las cintas y se convirtió en el payaso infantil que se divertía interpretando solos de arpa.

Los estudios de Hollywood tampoco se salvaron de sus ácidos comentarios. Cuando los hermanos Marx se disponían a filmar Una noche en Casablanca recibieron una carta de la Warner Brothers, en la que les prohibían usar el nombre de Casablanca puesto que la comedia podía afectar la cinta de Humphrey Bogart.

Groucho, encolerizado, escribió una punzante carta a los estudios en la que manifestaba su opinión acerca de los derechos de propiedad: “No tenía la menor idea de que la ciudad de Casablanca perteneciera exclusivamente a los Warner Brothers (…) Parece ser que en 1471, Ferdinand Balboa Warner, su tatarabuelo, al buscar un atajo hasta la ciudad de Burbank, se tropezó con las costas de Africa y, levantando su bastón, las denominó Casablanca. Sencillamente, no comprendo su actitud. Aún cuando pensaran en la reposición de su película, estoy seguro de que el aficionado medio al cine aprendería oportunamente a distinguir entre Ingrid Bergman y Harpo. No sé si yo podría, pero desde luego me gustaría intentarlo.”

Louvish describe a Harpo como un niño grande que se negó a crecer, a Chico como un adicto a los juegos de azar y a Groucho como un hombre desequilibrado —cuentan que cuando fue a Alemania bailó sobre la tumba de Hitler— cuyo comportamiento fue capaz de impulsar a su esposa al alcoholismo.

El libro también reivindica el trabajo de Margaret Dumont, la eterna enamorada de Groucho en las películas, quien se hizo famosa por reírse de los chistes sin entenderlos.

En 1950 los hermanos Marx se separaron. Harpo volvió a los espectáculos de Broadway, Chico se dedicó al jazz y Groucho dirigió un show radial. El trío recibió un Oscar póstumo en 1974 como reconocimiento a una vida dedicada al humor. Humor que incluso los acompañó hasta la muerte, como reza el epitafio de Groucho: “Perdonen que no me levante”.

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