La mudanza a Canadá que el príncipe Harry y Meghan Markle hicieron a finales de 2019 junto a su hijo Archie fue el primer paso hacia la vida independiente que ambos buscaban fuera de la primera línea de la familia real británica.
Sin embargo, lejos de encontrar la tranquilidad que esperaban, Harry asegura que los primeros días estuvieron marcados por un fuerte cambio emocional que terminó afectando su capacidad para desenvolverse en la vida cotidiana.
En una nueva publicación del canal de YouTube MasterClass, titulada Redefining Grief: Building Resilience Through Loss, el duque de Sussex recordó que apenas dos o tres días después de llegar a Canadá experimentó lo que describió como un “adrenaline crash”, después de años en los que, según su propio relato, había vivido sometido a un nivel constante de estrés. Harry explicó que su cuerpo parecía haberse acostumbrado a funcionar bajo esa presión y que, al alejarse de ella, experimentó un cambio radical en su rutina.
“Era como si necesitara estrés para que la adrenalina me permitiera funcionar, por eso me volví inútil en la casa”, contó Harry al explicar aquel periodo. Según su testimonio, llegó a sentir que no podía funcionar sin la presión constante de la realeza y aseguró que pasó alrededor de dos semanas en depresión.
La revelación forma parte de una conversación con la neurocientífica Mary-Frances O’Connor, especialista en duelo, en la que el príncipe relacionó esa experiencia con una historia mucho más larga de pérdida y de emociones que durante años había mantenido contenidas.
Harry tenía entonces 35 años y acababa de convertirse en padre. Él y Meghan habían pasado las últimas semanas de 2019 en la isla de Vancouver junto a Archie, quien nació en mayo de ese año. La pareja había anunciado en octubre que se tomaría un periodo de seis semanas para pasar tiempo en familia y, en enero de 2020, comunicó públicamente su intención de retirarse como miembros sénior de la familia real y buscar una nueva forma de independencia.

En la conversación, Harry situó aquella crisis dentro de una experiencia personal que se remonta a la muerte de su madre en 1997. Tenía 12 años y, según recordó, durante los siguientes 15 o 20 años respondió que estaba bien cuando le preguntaban cómo se encontraba. Ahora describe que se encontraba congelado emocionalmente y sostiene que la adrenalina se convirtió, sin que lo comprendiera entonces, en la única fuerza que lo impulsaba en el día a día.
También habló de su paso por las Fuerzas Armadas y de cómo, después de regresar de su segundo despliegue en Afganistán en 2013, comenzó a reconocer que algunas de sus experiencias militares podían haber activado varios traumas. Recordó haber sufrido ataques de pánico y episodios en los que incluso vestirse para ir a trabajar le producía una sensación de asfixia.
Para O’Connor, el fenómeno también tiene una explicación desde el funcionamiento del cerebro y el cuerpo. La especialista explicó que una persona sometida durante mucho tiempo a estrés puede terminar experimentando agotamiento, dificultad para concentrarse y una sensación de niebla mental. Harry reconoció esa descripción y la relacionó con lo que sintió durante su etapa en Canadá.
La conversación también lo llevó a hablar de la dificultad que tuvo para aceptar completamente la muerte de Diana. Según relató, durante años conservó la idea de que su madre podía regresar algún día, porque una parte de él interpretaba su desaparición como una forma de escapar de las circunstancias que habían rodeado su vida.
Frente a esto, O’Connor explicó que los vínculos afectivos permanecen representados en el cerebro incluso después de la muerte de una persona, lo que puede hacer especialmente difícil asimilar su ausencia.

Uno de los cambios que Harry identifica en su proceso ocurrió cuando dejó de asociar la tristeza permanente con una manera de demostrarle a su madre que todavía la extrañaba.
“Descubrí que ella simplemente quería que yo fuera feliz. Y eso supuso un gran cambio de mentalidad para mí. Me liberó y me dio una perspectiva de la vida totalmente diferente”, aseguró Harry.
Y concluyó asegurando que “todo lo que hago, en todo aquello a lo que dedico mi energía, espero que mi madre se sienta orgullosa. Al intentar continuar y proteger su legado, no me di cuenta de que el trabajo que terminé eligiendo, o el trabajo que me atrajo, era muy similar al que ella realizaba”.
