Realeza

La caída de Sarah Ferguson: arrastrada por su exesposo, el hermano del rey de Inglaterra, terminó en la ruina

Su codicia, derroche y lujuria terminaron dejándola sin casa, título ni reputación.

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19 de agosto de 2026 a las 3:39 p. m.
Sarah y Andrés son conocidos como “los divorciados más felices del mundo”, porque vivían bajo el mismo techo. Pero también se dice que en realidad eran socios en el crimen, como Bonnie y Clyde.
Sarah y Andrés son conocidos como “los divorciados más felices del mundo”, porque vivían bajo el mismo techo. Pero también se dice que en realidad eran socios en el crimen, como Bonnie y Clyde. Foto: Getty Images / Mark Cuthberg

Cada vez que se dice que un nuevo miembro de la familia real británica llega como “una bocanada de aire fresco”, todo resulta en desastre y el mejor ejemplo de ello es Fergie. Ella y el malogrado expríncipe Andrés han dañado como nadie el prestigio de la institución, después de ser tan populares en los años ochenta.

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El príncipe Harry y su familia se reunieron con el rey Carlos III: esto se sabe del encuentro

Del hijo preferido de Isabel II, la tragedia es bien conocida: su amistad con el pedófilo Jeffrey Epstein, a quien llegó por Sarah, le costó perder su condición de príncipe, el ducado de York y quedó en riesgo de ir a prisión.

Las andanzas de ella no son menos coloridas. Para algunos, ambos son socios en el crimen. Sarah era una niña bien. Su padre, el terrateniente Ronald Ferguson, se codeó con los Windsor toda la vida. Por eso, Andrés jugó con ella en la infancia.

Cuando tenía 13 años, Susan, su madre, se fugó con un argentino, luego de haber sido amante también de Felipe, el marido de la reina, según Andrew Lownie en su libro Entitled: The Fall of the House of York.

Londres, 23 de julio de 1986. Los duques de York bromean con la multitud que les pide un beso tras su boda. La fiebre de los británicos por Fergie incluso impulsó un alza en la bolsa.
Londres, 23 de julio de 1986. Los duques de York bromean con la multitud que les pide un beso tras su boda. La fiebre de los británicos por Fergie incluso impulsó un alza en la bolsa. Foto: Getty Images

El desplome del hogar le produjo complejo de inferioridad, tendencia a la extravagancia y atracción por hombres mayores, como el millonario Paddy McNally, quien le llevaba 22 años y la trataba mal.

En vista de ello, Lady Di, su parienta y amiga, propició su reencuentro con Andrés. Congeniaron de maravilla, pues tenían en común el humor, la incapacidad para asumir responsabilidades y la sed de dinero.

En 1986, con la fiebre por Sarah en furor, palacio anunció el compromiso. El júbilo fue tal, que impulsó un alza en la bolsa. El 23 de julio del mismo año, la boda desplegó la magia del trono. La reina los nombró duques de York y les regaló una mansión donde derrocharon en lujos, como una bañera en medio de la sala y doce líneas telefónicas, por más de 2 millones de dólares.

El matrimonio dio por fruto a Beatrice y Eugenie, pero no tardó en hacer aguas. La carrera de Andrés en la Royal Navy solo le permitía pasar 40 días al año en casa y los dos eran infieles. Igualmente, Sarah no se adaptó a una vida palaciega opuesta a su ser desparpajado.

Los constantes desatinos dañaron su imagen. En un viaje oficial a Estados Unidos rompió el protocolo al tomar la palabra, cuando solo le correspondía a su esposo.

Para colmo, un espontáneo le gritó: “Te amamos” y ella le contestó: “Te veo más tarde”. Fue una broma con una connotación sexual inaceptable para la realeza. “Fergie abominable”, tituló el Daily Mirror.

Con Lady Di la discordia fue feroz luego de ser las mejores amigas. La una vendía los secretos de la otra a la prensa para desviar la atención sobre sus propios deslices.
Con Lady Di la discordia fue feroz luego de ser las mejores amigas. La una vendía los secretos de la otra a la prensa para desviar la atención sobre sus propios deslices. Foto: Getty Images

Era una exitosa recaudadora de fondos para la infancia, pero los dineros no llegaban a las fundaciones, porque sus gastos los absorbían, o porque no los entregaba. Para desviar la atención al respecto, les daba a los reporteros chismes de Diana, quien no le habló jamás.

Al saber de su romance con Steve Wyatt, su suegra le pidió que lo dejara. Sarah la ignoró y se fue de vacaciones con él. Cuando la prensa sacó imágenes del paseo, Isabel les ordenó a los York la separación en marzo de 1992.

Con su nuevo amor, John Bryan, protagonizó uno de los peores escándalos de la realeza. En agosto, él la invitó a veranear en Francia. Entre tanto ella estaba empeñada en recuperar su matrimonio y de regreso se unió a la familia real en el Castillo de Balmoral, en Escocia. Al desayuno, su suegro Felipe le tiró un periódico en la mesa. Era The Sun con la foto en portada de Bryan chupándole un pie durante su recreo, delante de Beatrice, de 4 años.

“¡Divorcio!”, mandó la reina. Sarah obtuvo unos 2,5 millones de dólares, pero ya debía más de 4 millones, unos 14 millones de dólares hoy. Solo en fiestas y flores pagaba 300.000 dólares. Siempre volaba en el Concorde. Una vez compró artículos por 25.000 libras en una hora en Bloomingdale’s. Su gasto anual ascendía a unos 3,1 millones de dólares actuales.

Hizo dinero valiéndose de su nexo con la monarquía. Tuvo su propio reality show y fue embajadora de jugos, cámaras y dietas. Por sus libros infantiles recibió 3 millones de libras, aunque se rumora que son de un escritor fantasma o plagio. Aun así, seguía viviendo al debe.

Se obsesionó con los famosos. Fantaseaba con casarse con John-John Kennedy y concretó con él una cena, pero su novia, Daryl Hannah, no lo dejó ir. Entonces, Sarah mandó a espiarlo a ver si engañaba a Hannah.

La llamaban “Duquess of Pork” (duquesa del Puerco) y fue vilipendiada por su ropero. Este enorme chal que lució en Los Ángeles, en 1988, fue uno de los más atacados.
La llamaban “Duquess of Pork” (duquesa del Puerco) y fue vilipendiada por su ropero. Este enorme chal que lució en Los Ángeles, en 1988, fue uno de los más atacados. Foto: Getty Images

Según Lownie, se enamoró de Tiger Woods, accedió a Kevin Costner, se le insinuó a David Beckham. Allan Starkie, otra conquista, trató de suicidarse porque ella no le dio plata. Fergie le dijo que, si lo intentaba otra vez, le avisara para enviarle un mensaje a John F. Kennedy a ultratumba.

Allegados al rapero Sean ‘Diddy’ Combs, condenado por delitos sexuales, aseguran que él y Fergie fueron amigos con beneficios. El músico decía que no podía esperar a que las hijas de ella fueran mayores. De hecho, Sarah llevó a Eugenie a su yate a los 16 años. Otro amante, Selman Turk, fue acusado de robarse una millonada, parte de la cual se la dio a los York.

Andrés siempre estuvo para ella. En 2008, al verla “en la inmunda”, la instaló en un ala de su mansión de 30 cuartos, el Royal Lodge. Ni siquiera la sacó de ahí en 2010 cuando protagonizó otro fiasco de primera plana: Un periodista de News of the World se hizo pasar por un jeque árabe y la grabó cuando ella le vendía una cita con el príncipe por 500.000 libras, con un adelanto de 40.000 en el acto.

Entonces estaba desesperada pidiéndole 120.000 dólares a Jeffrey Epstein para “matar culebras”. Cuando el criminal fue desenmascarado, ella lo deploró en público, pero en secreto le pidió perdón y siguió tratándolo. Los archivos revelan que una vez le dijo “cásate conmigo”, que visitó su casa con sus niñas y le hizo una alusión sexual acerca de una de ellas. Todas las fundaciones de caridad que patrocinaba la echaron a raíz de ello.

En febrero, los exduques fueron desalojados del Royal Lodge. Fergie no acompañó a Andrés a la finca donde el rey Carlos lo confinó y ningún amigo quiso darle posada. Tras semanas desaparecida, en abril pasado fue vista en un resort de lujo en Austria.

Para los cronistas de la realeza, su destino seguirá ligado a los Windsor, temerosos siempre de que su avidez de dinero la lleve a escribir un libro con las jugosas intimidades que ha recogido en décadas como su convidada de piedra.