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| 3/11/2010 12:00:00 AM

Chile: Sebastián Piñera recibe un país en emergencia

El presidente electo de Chile, Sebastián Piñera Echenique, asumió formalmente su cargo este jueves, en un clima enrarecido como consecuencia del poderoso terremoto que sacudió al país hace apenas 12 días.

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BBC
En un acto en el Congreso Nacional, en la ciudad de Valparaíso, el mandatario recibió la banda de mando de manos de Michelle Bachelet, quien sale de La Moneda tras 20 años de gobierno de su alianza de centroizquierda y con un índice de popularidad altísimo.
 
Pero no sólo los honores presidenciales entregó Bachelet a su sucesor: también en sus manos dejó la enorme, y costosa, responsabilidad de encarar el proceso de reconstrucción de Chile en la era post-terremoto.

Piñera, un empresario multirrubro de tendencia conservadora, resultó ganador en la segunda vuelta de las elecciones, en enero pasado, tras derrotar al candidato de la oficialista Concertación, Eduardo Frei.

Su triunfo fue signo de una transición democrática sin precedentes en la historia chilena reciente: marcó la llegada de la centroderecha al poder por la vía democrática por primera vez en más de medio siglo.

Con este mérito previo ambicionaba Piñera, a sus 60 años, comenzar a construir su figura de jefe de Estado.

Pero, ahora, las urgencias que dejó tras de sí la catástrofe lo obligaron a replantear su programa de acción, al menos en parte, para encarar una tarea titánica: según las proyecciones, a Chile le insumirá US$30.000 millones recuperarse de los daños y demorará cuatro años, tantos como su mandato.

Cambio de rumbo

Aún antes de hacer pie en La Moneda, los días de Piñera presagian contrastes: el eje se ha corrido de la propuesta de cambio, sobre la que se sustentó su campaña, a una de reconstrucción. De la ambición de impulsar el crecimiento a niveles hasta ahora desconocidos, combatir la inseguridad y generar empleo, a trabajar para volver a poner en pie lo que se llevó el terremoto.

El plan tras la catástrofe hace hincapié en enfrentar la emergencia ciudadana, restablecer servicios públicos e infraestructura y recuperar el aparato productivo en sectores clave, como minería y pesca.

"Es el tiempo de las soluciones", declaró Piñera al presentar su programa "Levantemos Chile".

Al gabinete piñerista le ha tocado revaluar prioridades antes de entrar formalmente en funciones.

"El presidente nos ha pedido a todos los ministros que analicemos nuestros presupuestos y que lo primero sea poder llegar a la emergencia a tiempo y resolver necesidades básicas que no estaban previstas", detalló a BBC Mundo Felipe Kast, quien ocupará la cartera de Planificación Nacional, clave para el manejo de la reconstrucción.

Según Kast, el nuevo gobierno está trabajando en un pronóstico ajustado de cuánto costará esta refundación de Chile obligada por la naturaleza. La cifra de US$30.000 millones le parece plausible, aunque preliminar: lo que equivale a 15% del Producto Interno Bruto nacional.

En el equipo de Piñera también se analizan opciones que antes no estaban en carpeta, como la reasignación de recursos del Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FNDR) desde el norte hacia las zonas más afectadas o la opción de recurrir al 2% constitucional, un derecho que el presidente de Chile para girar recursos en caso de calamidad pública.
"Queremos reconstruir, pero mejor: movernos más allá de lo que tenemos hoy. Somos optimistas sobre hasta dónde podemos llegar", agregó el funcionario.

Los programas

De boca del mismo Piñera se escuchó una promesa: la contingencia no hará dar marcha atrás con los programas gubernamentales delineados antes de la catástrofe.

Pero, ¿podrá cumplirlo?

"El gobierno tiene la misión de recuperar la prosperidad a la que Chile se había acostumbrado. La estabilidad alcanzada plantea un benchmark, un parámetro al cual la población quiere ser restituida y el gobierno se orientará a lograrlo", opinó ante BBC Mundo la analista Marta Lagos, de la consultora MORI.

Hay quienes señalan, sin embargo, que no será posible cumplir esas metas ni encarar la reconstrucción sin sacrificar partidas destinadas originalmente a otros sectores, como la educación o los planes de erradicación de la pobreza.

"La promesa de Piñera fue la de crecimiento sostenido, la de transformar a Chile en un país verdaderamente desarrollado. Ese sueño es probable que colapse. Quizás deba hacerse a la idea de ser recordado como el presidente que reconstruyó al país, más que como aquél que hizo dar a Chile un salto adelante hacia el futuro", expresó Lucía Santa Cruz, académica de la Universidad Adolfo Ibáñez.

¿Oportunidad?

Sin embargo, muchos observadores ven el "lado amable" de la crisis que recibe a Piñera en su asunción.

Por un lado, la necesidad de restaurar y reparar podría reactivar la industria de la construcción y convertirse, oportunamente, en una vía para cumplir con la promesa de creación de un millón de empleos que hizo el nuevo gobernante.

Cercano a sus colegas empresarios, es probable que la situación de necesidad acelere el cierre de acuerdos con el sector privado, en el que Piñera siempre pensó buscar cooperación.

En el plano político, el terremoto también puede haber allanado el campo para una convivencia más amable.

"Hay una coyuntura política que le es favorable. La política de unidad que Piñera proclamaba no se iba a dar, pero después del terremoto la Concertación dio un giro de 180 grados", afirmó Rodrigo Álvarez Valdés, investigador de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales.

"Se reactivó un sentido de comunidad, de pertenencia al mismo país, y creo que sería inaceptable que la oposición sea muy feroz en este contexto. Eso sin duda ayudará a Piñera", coincidió Santa Cruz.

Los primeros signos se vieron incluso antes del traspaso: líderes de la Concertación anticiparon que apoyarán en el Congreso las iniciativas del nuevo gobierno. Entre ellas, leyes de reconstrucción, donaciones y reestructuración de sistemas de alerta.

El gobierno de Piñera está en marcha y, con él, a Chile le llegó la hora de la reparación.
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