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| 1/12/2008 12:00:00 AM

Como al comienzo

Los resultados de New Hampshire demostraron que todavía falta mucho para saber quienes serán los contendores en las presidenciales de noviembre.

Nada está escrito en la carrera presidencial en Estados Unidos. Hace un año, varias encuestas afirmaban que los candidatos demócrata y republicano iban a ser Hillary Clinton y John McCain respectivamente. Hace 10 días, el resultado de los caucus de Iowa convirtió a Barack Obama en el casi seguro aspirante de los demócratas y a Mike Huckabee en el peso pesado de los republicanos, al menos temporalmente. Atajarlos parecía imposible. Pero el martes de la semana pasada, cuando los sondeos daban al senador afroamericano de Illinois como el candidato indiscutible de los demócratas, los votantes de las elecciones primarias de New Hampshire les callaron la boca a los encuestadores y pusieron una vez más en el partidor a Hillary Clinton y a John McCain. Un giro de 180 grados.

¿Por qué, después de toda el agua que ha pasado bajo los puentes, los norteamericanos han regresado a la ex primera dama y al senador de Arizona? Hay varias explicaciones. "La primera es que Iowa y New Hampshire son muy distintos", le dijo a SEMANA Anne Marie Camissa, del Instituto de Política de la Universidad de New Hampshire. "Como los 'caucus' de Iowa son reuniones que se llevan a cabo en salones donde la gente se agrupa en torno al representante de su candidato preferido para esperar el conteo de cabezas, era lógico que el carisma y la energía de Obama atrajeran ese voto corporativo. Pero aquí en New Hampshire es distinto. La gente vota en soledad frente a la urna, es más independiente y no le gusta que la prensa le diga a quién respaldar. Los ciudadanos se lo pensaron dos veces y por eso escogieron la experiencia de Hillary y de McCain".

A Hillary, que con un 39 por ciento de los votos superó el 36 por ciento de Obama y el 17 por ciento de Edwards, le ayudaron otras cosas. El apoyo de las mujeres fue determinante. Según los sondeos, la senadora de Nueva York obtuvo el 47 por ciento del voto femenino, mientras Obama se quedó con el 34 por ciento. "Al electorado femenino le molestó que tras los 'caucus' de Iowa hubiera que eliminar de la carrera presidencial a la única mujer en contienda", agrega Anne Marie Camissa. "También se conmovió al ver que Hillary estuviera a punto de llorar el lunes pasado cuando una señora le preguntó cómo hacía para seguir adelante en medio de tanta dificultad. Otro factor que despertó la rabia de las mujeres fueron declaraciones como las de John Edwards, otro precandidato demócrata. Sugirió que un país que debe enfrentar guerras no puede votar por alguien que llora".

Un último punto que explica por qué los votantes de New Hampshire se decantaron por Hillary fue el debate en el canal ABC en el que ella, refiriéndose a la elocuencia de Obama, hizo énfasis en que "una cosa son las palabras, y otra, las acciones", y señaló que las palabras por sí solas no producen el cambio. Esa frase caló muy hondo en los votantes demócratas de más de 50 años.

El triunfo de McCain en New Hampshire fue otra resurrección. Nadie olvida que a mediados del año pasado los asesores más cercanos le aconsejaron al senador de Arizona que se retirara. El presupuesto de la campaña, que había empezado con varios millones de dólares, apenas superaba el medio millón con tendencia a la baja. Eso forzó a McCain a despedir más de 80 personas que venían trabajándole. Su portavoz, Brooke Buchanan, recordaba en estos días que en algunos viajes por el norte del país sólo hubo dos pasajeros en el bus oficial: ella y McCain.

Pero el senador de 71 años insistió. La gente lo apoya porque no evade ninguna pregunta, porque no es un novato -llegó al Senado en 1987-, porque tiene carácter, un gran sentido del humor, y porque sabe que las opiniones pueden cambiar. "Tiene igualmente una virtud que lo diferencia de sus colegas en Washington, y lo hace admirable: es capaz de cambiar de parecer", asegura John Judis en un extenso perfil que publicó The New Republic. Aparte de eso, la historia personal de McCain es impactante. En 1967, fue derribado en Vietnam mientras piloteaba un avión de guerra. Hecho prisionero, fue torturado y sufrió fracturas de ambos brazos. No puede levantarlos desde entonces. Por eso requiere ayuda para peinarse. Cuando los guerrilleros del Vietcong se enteraron que era hijo y nieto de almirantes de la Marina y le ofrecieron liberarlo, McCain se negó argumentando que primero debían poner en libertad a los prisioneros más antiguos. Estuvo cinco años cautivo. Después de New Hampshire, McCain es un jugador fuerte en la campaña. La semana pasada superaba a la polarizante Hillary en las encuestas nacionales.

Si los resultados de Iowa y New Hampshire han puesto a hablar a medio Estados Unidos, lo cierto es que la carrera presidencial apenas está empezando. Aunque históricamente ambos estados han formado un buen indicador para lo que viene luego, no se debe olvidar que sus votantes constituyen menos del 1 por ciento del electorado nacional. Ahora la campaña se centra en los caucus de Nevada, el 19 de este mes, así como en las primarias de Carolina del Sur, que en el caso de los republicanos tiene lugar el mismo 19, y en el caso de los demócratas, el 26. De momento, los analistas creen que esos dos estados serán terreno abonado para Obama, sobre todo porque la mitad de los votantes de Carolina del Sur son afroamericanos. Luego, el 29 de enero, están previstas las primarias de Florida, en las que tiene cifradas sus esperanzas el ex alcalde de Nueva York, el republicano Rudolph Giuliani, que hasta ahora no ha hecho mayor cosa.

Pase lo que pase, la fecha decisiva será el 'Supermartes' del 5 de febrero. Ese día habrá caucus y primarias en 22 de los 50 estados. En la lista aparecen algunos que son decisivos, como Illinois y Nueva York, y el más importante, que es California. Lo más probable es que esa noche se conozca quiénes serán los candidatos que acabarán oficialmente ungidos el 28 de agosto en la convención demócrata en Denver (Colorado) y el 4 de septiembre en la convención republicana de St. Paul (Minnesota).

Entre tanto, Barack Obama, con su elegancia y su frescura, su carisma, su llamado a la unidad y más de 100 millones de dólares en la cuenta de su campaña, sigue metido en la pelea por la candidatura demócrata y tendrá que ser más concreto en sus propuestas. En la orilla republicana, Mitt Romney y Mike Huckabee, ex gobernadores de Massachusetts y Arkansas, están vivitos y coleando. Y, como bien dijo esta semana en su editorial el Financial Times, no habría sido sano para un sistema democrático como el norteamericano que un par de estados pequeños como Iowa y New Hampshire, con altísima población blanca, pocos afroamericanos y unos cuantos hispanos, hubiera decidido el nombre de los candidatos para la presidencia de un país de 300 millones de habitantes.

Todo ello hace aun más interesante una campaña en la que por primera vez en 70 años no son candidatos ni el Presidente ni el Vicepresidente, y en la que, por primera vez en la historia, dos de los más firmes aspirantes a la Casa Blanca son una mujer y un hombre de color.
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