Martes, 24 de enero de 2017

| 2002/09/09 00:00

"EE.UU. no puede controlar el mundo"

Eric Hobsbawm, uno de los historiadores vivos más prestigiosos del mundo, habló con SEMANA sobre los mitos y realidades un año después del 11 de septiembre.

Sólo la cortesía diplomática impide a los gobiernos del mundo, incluyendo aquellos más favorables al capitalismo norteamericano, expresar la opinión compartida por todos (excepto Israel) de que la administración de George Bush los pone mucho más nerviosos que el fundamentalismo islámico

A sus 85 años Eric Hobsbawm, uno de los historiadores vivos más prestigiosos del mundo, no deja de sorprender por su lucidez y claridad cada que publica un libro, hace una intervención o concede una entrevista. Su mirada sobre lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y sus repercusiones en el mundo han sido críticas y se han alejado de las de la mayoría de historiadores y analistas internacionales, en especial sajones.

Esta entrevista, exclusiva para SEMANA, se realizó mientras terminaba su autobiografía, que saldrá al mercado en dos semanas, y preparaba varias conferencias.

SEMANA: ¿Es realmente claro para usted que después del 11 de septiembre hay un choque de civilizaciones, de culturas, entre Occidente y el Islam que pueda desencadenar una nueva guerra mundial?

Eric Hobsbawm: Los ataques al Pentágono y al World Trade Center transformaron la situación mundial, no en sí misma pero sí por la manera en que Estados Unidos decidió reaccionar, a saber: declarándose la potencia dominante en el mundo, preparada para usar su enorme supremacía en tecnología militar para intervenir mediante la fuerza armada en cualquier parte del globo.

En realidad esta política no es nueva. Como lo expuse en una conferencia hace varios años, (Hegemonías de Gran Bretaña y Estados Unidos y el Tercer Mundo), Análisis Político 33, enero/abril 1998), "una dependencia continua en la intervención militar como la respuesta estadounidense última fue una estrategia desarrollada al final de los años 80". El impacto del 11 de septiembre le permitió convertirse en la respuesta inmediata, más que en la última.

SEMANA: ¿Por qué cree usted que Estados Unidos no puede controlar el mundo que, algunos dicen, está cada vez más cerca a un choque de civilizaciones?

E.H.: En el momento no hay peligro de una guerra importante a escala global, aunque tal peligro puede surgir en algún momento de un choque entre Estados Unidos y la China. Contrario a lo que se piensa en Estados Unidos, no hay un 'choque de civilizaciones' entre el Islam y Occidente porque el Islam no es una religión única y homogénea, y porque no hay un interés común entre los gobiernos de Estados islámicos o Estados habitados en su abrumadora mayoría por poblaciones musulmanas. De hecho, la mayor guerra de la pasada generación fue entre dos Estados musulmanes (Irán e Irak en los años 80).

La acción militar de las fuerzas islámicas, terrorista o de otra clase, no tiene la más mínima posibilidad de vencer la abrumadora superioridad de Estados Unidos. La tesis de un 'choque de culturas' es retórica propagandística norteamericana y está proyectada para explicarles a los norteamericanos por qué a los musulmanes no les gusta la política estadounidense y para justificar el uso de la fuerza contra ellos.

SEMANA: Pero, ¿no comparte la opinión de que el mundo cambió después del 11 de septiembre y de que Estados Unidos es por ahora la única superpotencia?

E.H.: Estados Unidos es incuestionablemente la única superpotencia y probablemente la única que ha habido. Ciertamente, en lo militar, está más allá de competencia y, aunque su economía ya no lo está, su solidez en este sector es inmensa, más aún cuando está reforzada por su posición política y por el control de las organizaciones internacionales. Además es el más grande y poblado de los países desarrollados y la única nación capitalista occidental cuya población sigue creciendo. Sin embargo ninguna potencia está, ni es probable que esté, en posición de controlar y menos de gobernar sola el mundo, especialmente regiones que no quieren ser dominadas. Los días en que unos pocos cientos de soldados y funcionarios de imperios extranjeros podían gobernar vastas regiones cuyos pueblos aceptaban calladamente el dominio colonial han terminado.

SEMANA: ¿Cree que las acciones contra Afganistán fueron las correctas y hasta dónde puede llegar esta guerra mundial contra el terrorismo?

E.H.: La guerra en Afganistán mostró que es más fácil derrocar el gobierno de un país tercermundista que destruir una organización terrorista internacional. Hasta ahora no ha demostrado nada más, excepto la capacidad de Estados Unidos para la intervención armada en cualquier parte del globo.

Terrorismo es, o debe ser, un término técnico y no político. Describe ciertas clases de acción armada efectuadas por individuos o pequeños grupos sobre cuyo valor militar o político ha habido mucho debate. Tales métodos han sido usados por movimientos o grupos de toda clase ideológica, política o religiosa, que no tienen nada más en común como, por ejemplo, los fundadores del Partido Likud, que actualmente gobierna Israel, y los fundadores de la autoridad palestina.

Hay cuerpos terroristas operando internacionalmente, como Al Qaeda, pero no hay nada que pueda ser llamado 'terrorismo internacional'. La 'guerra contra el terrorismo internacional' es otro término para la determinación de Estados Unidos de usar la fuerza contra cualquier cuerpo armado en cualquier lugar si lo considera hostil a sus intereses.

SEMANA: ¿Qué opina de la guerra que ahora Estados Unidos quiere emprender contra Irak?

E.H.: Estados Unidos seguramente iniciará una agresiva guerra contra Irak y, por consiguiente, derrotará y destruirá el régimen de Saddam Hussein, aunque es confuso lo que seguirá. Esta sería la primera guerra de agresión de una gran potencia contra un Estado más pequeño desde que Francia y Gran Bretaña atacaron Egipto en 1956 (en ese tiempo fueron obligados a desistir por la presión de Estados Unidos). La guerra de Irak se justificará con denuncias al régimen de Saddam, que es efectivamente detestable, a pesar de que fue apoyado por Estados Unidos en su peor período, durante la guerra Irán-Irak en los 80. Pero será especialmente justificado con el argumento de que Saddam representa un peligro para Estados Unidos, el mundo o incluso para Oriente tan grande que requiere su inmediato derrocamiento por medio de la guerra. Ningún gobierno cree esto fuera de Washington, e incluso dentro de éste, no convence a nadie capaz de pensar racionalmente. No existe una razón convincente para que una guerra de Estados Unidos contra Irak tuviera lugar hoy, excepto la convicción del actual gobierno estadounidense de que debe demostrar su capacidad militar para dominar el globo, de ser necesario sin ayuda, y por consiguiente su extraordinaria posición de hegemonía mundial.

SEMANA: ¿Qué opina de George Bush y su estilo de gobierno?

E.H.: Los principales consejeros militares y de política exterior de los pasados gobiernos de Estados Unidos, incluyendo los que dirigieron la Guerra del Golfo, son escépticos ante el presidente Bush. Sólo la cortesía diplomática impide a los gobiernos del mundo, incluyendo aquellos más favorables al capitalismo norteamericano, expresar la opinión compartida por todos (excepto Israel) de que la administración de George Bush los pone mucho más nerviosos que el fundamentalismo islámico. ¿Quién soy yo para discrepar de este escepticismo universal sobre el estilo de gobernar de George W. Bush?

SEMANA: ¿Qué papel puede desempeñar la Unión Europea para contrarrestar la irracionalidad guerrerista de Bush y Estados Unidos?

E.H.: La Unión Europea representa un bloque económico de gran envergadura, comparable con Estados Unidos, preparado para resistir sus presiones económicas y capaz de hacerlo, a diferencia de América Latina. Europa no representa una voluntad política única y, en el presente, tampoco un poder militar colectivo, aparte de las modestas pero efectivas fuerzas militares de algunos de sus más grandes Estados, especialmente Francia y Gran Bretaña. No obstante tiene un gran defecto. Para citar al periodista estadounidense William Pfaff, "Washington puede ser indiferente a la opinión aliada, o no necesitar el apoyo militar aliado, pero debe tener la alianza europea porque la Otan provee la infraestructura indispensable para el despliegue militar de Estados Unidos a través de Europa, Eurasia, Oriente Medio y Africa". En otras palabras "los gobiernos europeos de la Otan pueden negarle a Estados Unidos el uso de los activos europeos de la Otan en un ataque a Irak" (Pfaff). La amenaza de hacerlo ocasionaría indudablemente una seria reflexión en Washington. No hay nada que impida a los europeos de la Otan negar su ayuda. ¿Lo harán? Desafortunadamente es casi seguro que no.

SEMANA: ¿En qué momento las acciones políticas o de un conflicto interno se convierten en actos terroristas?

E.H.: Han existido y existen movimientos políticos armados en numerosos países del mundo, como lo prueban el IRA en Gran Bretaña y la ETA, en España. Incluso, en los últimos 30 años, estados fuertes y efectivos han perdido el monopolio de la fuerza armada en sus territorios, hasta cierto punto, así como la habilidad para mantener el viejo ideal burgués de un orden público pacífico.

El terrorismo, en el sentido técnico de la palabra, puede ser conducido por grupos muy pequeños de hombres y mujeres, especialmente en grandes ciudades, pero su potencial militar es usualmente insignificante aunque, como en el 11 de septiembre, han mostrado que pueden matar mucha gente. Su objetivo, por lo general, ha sido crear una crisis política en el centro del gobierno nacional (como, por ejemplo a través del asesinato de importantes políticos de España e Italia) o, más frecuentemente, convenciendo a gobiernos extranjeros y a su opinión pública de que el costo y la molestia de mantener su presencia en un territorio (como, por ejemplo, el ocupado por Israel desde 1967) es demasiado grande. Este objetivo ha sido alcanzado algunas veces pero en general el terrorismo de pequeños grupos no ha sido políticamente efectivo. Tradicionalmente los revolucionarios marxistas han sido fuertes críticos de él.

SEMANA: Ahora que los tres grupos que combaten contra el Estado colombiano (Farc, ELN y las AUC) están considerados como organizaciones terroristas por Estados Unidos, ¿cree usted que podrán ser combatidos como lo está haciendo Estados Unidos contra Al Queda?

E.H.: Existen aspectos terroristas en la actividad armada dentro de Colombia pero ni las Farc, ni el ELN, ni las AUC son en modo alguno similares a Al Qaeda.

SEMANA: Muchos creen que la guerra contra el terrorismo podría en cierta medida extenderse a Colombia y desequilibrar la balanza del conflicto.

E.H.: Hay pocas dudas de que Estados Unidos está buscando intervenir en el conflicto colombiano de la manera usual, que es financiando y facilitando apoyo militar directo a gran escala (incluyendo una pequeña participación de especialistas de las fuerzas armadas norteamericanas) a aliados locales o satélites. Para Washington ya no es parte esencial el problema de las drogas, o incluso una cuestión de hegemonía en América Latina, la cual no está seriamente amenazada en el momento, sino que es parte de la estrategia de demostrar supremacía global de superpotencia.

SEMANA: ¿Están Estados Unidos y sus aliados en condiciones de combatir y vencer a grupos como las Farc o las AUC, que en el terreno de batalla son difíciles de identificar y combatir?

E.H.: Fundamentalmente la solución deberá ser encontrada en Colombia. Si, vista desde lejos, interpreto la situación correctamente, la mayor fuerza efectiva 'sobre el terreno' contra los grupos insurgentes como las Farc son los paramilitares de derecha más que el Ejército colombiano. Pienso que el Ejército y las AUC, con un importante apoyo técnico de Estados Unidos, pueden probablemente obtener relevantes éxitos contra las Farc. Han pasado muchos años desde que ese movimiento se ha visto enfrentado al poder masivo que puede traer al combate una coalición liderada por Estados Unidos y nunca ha hecho frente a algunos de los recientes armamentos y equipos técnicos. Luego de varios años de inmunidad territorial, dudo que muchos de los jóvenes guerrilleros de las Farc tengan la experiencia de la lucha guerrillera bajo las nuevas condiciones y los líderes militares que tienen tal experiencia son pocos y viejos. La pregunta crucial es si los grupos como las Farc pueden ser eliminados en tanto las condiciones sociales y económicas que les permiten prosperar en el campo colombiano continúen? Es poco probable.

Déjeme simplemente decir que, mientras la izquierda está en retirada en la mayor parte de Europa y el movimiento socialista está dividido y desorganizado, éstos tienen una presencia más fuerte y mejores perspectivas en América Latina que en otra parte. Y su continente también se beneficia de la ausencia o debilidad de esos grandes focos reaccionarios, nacionalismo étnico-lingüístico y religiones rivales.

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