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| 2/29/2004 12:00:00 AM

El muro de Sharon

El mundo tiene sus ojos en el muro levantado por Israel en Cisjordania, que les ha cambiado la vida a los palestinos. Testimonio de un periodista colombiano en el lugar.

Quienes pensábamos que el muro de Berlín había quedado en el pasado, y sólo lo volveríamos a ver en los libros de historia, nos equivocamos.

Se está construyendo uno que traerá peores consecuencias. Pero entremos en materia de lo que vimos en nuestro viaje por los territorios palestinos y el efecto del muro que hoy se construye.

Hasta ahora la construcción del muro de hormigón que divide a palestinos e israelíes completa 145 kilómetros, tiene ocho metros de altura, vallas electrificadas, circuitos cerrados de televisión, torres de vigilancia, rutas alternas para patrullas y ametralladoras teledirigidas que integran esta barrera.

Los dirigentes israelíes justifican la construcción del muro como un elemento de defensa contra los terroristas que llegan a su territorio para inmolarse y convertirse en mártires, dejando un reguero de muertos inocentes que no están involucrados en el conflicto.

Sin embargo, para la Autoridad Nacional Palestina el muro es válido si se construye dentro del territorio de Israel y no se toman territorios palestinos para su desarrollo.

El viceministro de Información, Amhed Soboh, sostiene que "el muro quitará cerca del 58 por ciento de las tierras fértiles a los campesinos palestinos al momento de su construcción, dividirá tierras cultivables, familias, campos deportivos y hasta cementerios. Y algo más, nos está robando el agua de Cisjordania. Con el muro las fuentes de agua quedan en territorio de Israel, y sólo el 10 por ciento para una población que triplica a los israelíes en esta parte de Palestina".

Y esto es fácil corroborarlo, nada más comencemos nuestro viaje en Ramahla y lleguemos a Qalquilya, una muy productiva tierra que abastece de frutas y verduras a casi todas las ciudades palestinas y que será una de las más perjudicadas. Si uno ve el trazado del muro, observa que hace una herradura que cortará predios, carreteras y hará más difícil la vida de los campesinos de la zona.

Mohamed Rijad es un pujante agricultor que nos recibe en su finca partida en dos en las afueras de Qalquilya. "Mire señor, mi hijo que tiene sólo 9 años me ha preguntado hoy por qué yo construí ese muro allí si luego no podremos pasar al otro lado de la huerta a buscar las verduras; le tuve que explicar que el muro lo construye Israel. Mi hijo es hoy un potencial hombre bomba de mañana al ver la frustración que siente su padre porque lo están arruinando. Ahora bien, para yo llegar al otro lado de mi huerta tengo que pedir permiso a Israel, y me demoro dos horas en llegar a mi huerta pasando por retenes y mostrando documentos a los soldados. Luego esa parte de la finca se vuelve improductiva e Israel la declara zona baldía y me la confisca para seguir construyendo casas para los colonos en la tierra palestina".

Mientras viajaba en transporte público palestino, tuve una fuerte experiencia en la vía que de Jenín conduce a la aldea agrícola de Taybe, en el norte de Cisjordania. Ocurrió mientras nos desplazábamos por una vía sembrada de huecos, donde los carros no podían avanzar a más de 20 kilómetros por hora. Allí nos topamos con un gigantesco tanque israelí. Los palestinos que iban conmigo me señalaron que debíamos abandonar el vehículo y caminar en dirección al tanque.

Desde el carro de guerra un jovencito de no más de 22 años nos apuntaba y el cañón del tanque seguía nuestros movimientos. En ese instante otro soldado que recibía los documentos de los pasajeros hizo la seña. Había que subirse la camisa dejando el pecho expuesto para que los soldados comprobaran que nadie llevaba explosivos. Una maniobra equivocada de alguno de nosotros en esa tensión que se vive en la zona, una interpretación equivocada del niño-soldado, y todos hubiéramos quedado en el piso. Sin vida.

Al fin llegamos a Taybe, a unos 50 kilómetros de Jenín. Aquí no hay muro, pero pronto lo habrá. Por ahora se ha construido una carretera militar y una valla electrificada que cambió la forma de vida de las 800 familias de la zona.

En este lugar el dirigente deportivo de Taybe, Mohamed Jalad, nos contó: "Lo que usted ve detrás de la alambrada era nuestro campo de fútbol, aquí jugábamos los domingos con nuestros jóvenes. En este lugar al lado de las casas que destruyó el ejército de Israel había un pequeño cementerio que debió ser mudado para no interrumpir el trazado de la carretera militar. Ahora bien, para llegar a nuestras fincas tendremos que tomar otro camino que nos demorará hasta tres horas. Usted sabe el dolor que yo siento cuando voy en un bus a mi parcela y me tomo horas y horas, si antes la tenía en frente de mi casa".

Son testimonios reales de lo que hemos visto en Palestina durante 10 días que duró nuestra visita. Y no sólo son gentes del sector rural, en el urbano los casos son dolorosos, como ocurre en el barrio Abu Dis, donde algunas casas fueron atravesadas por el muro y ahora muchas familias para verse tienen que hacer el calvario de los agricultores, tomar transporte por una o dos horas para llegar a la casa que estaba enfrente, donde vive su hermano o su madre.

Más tarde, ya de noche, en medio de la penumbra hacíamos el recorrido desde Jenín a Al Hambra cuando en medio de la carretera se ubicó un comando israelí y revisó los vehículos en territorio palestino. El taxi, un destartalado Mercedes-Benz amarillo, fue orillado y de inmediato dos soldados a gritos nos hicieron descender.

Hacía mucho frío. Otra vez los niños soldados vociferaban . Uno de ellos, que parecía no contar con más de 15 años, de cabellos crespos, cara rosada y gafas, intentaba ser agresivo pero su cuerpo delgado y su carita no lo ayudaban. Se dirigió a este cronista y a Suleima Slebi, mi compañera de viaje, pero recapacitó al darse cuenta de que éramos extranjeros. Los maltratos cesaron. La requisa terminó inmediatamente. Una vez más me sentí orgulloso de mi pasaporte colombiano.

El 9 de noviembre de 2003, fecha que coincidió con el 14 aniversario de la caída del muro de Berlín, se inició la segunda fase de la construcción de este, el muro del primer ministro israelí Ariel Sharon. Está previsto culminarlo en 2005 y tendrá una longitud de 650 kilómetros. Se prevé también la construcción de otros 270 kilómetros desde Elqana, al sur de Qalquilya, hasta el campamento militar de Ofer, cerca de Ramahla; desde el asentamiento de Gilo al sur de Jerusalén, hasta Carmel en el sur de Hebrón, y otros 15 kilómetros adicionales más de largo en la frontera noroeste de Jerusalén. El gobierno israelí espera que ningún terrorista vuelva a cruzar esa línea.



* Periodista nacido en San Felipe, Chile, nacionalizado colombiano. Ha viajado en siete oportunidades a cubrir conflictos en Oriente Medio.
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