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| 7/26/2011 12:00:00 AM

"La cara del asesino de Utoya dice poco del lobo que se esconde bajo la piel del cordero"

El criminólogo José Bernabéu explica las dificultades que supone la elaboración de un perfil criminal de una persona como Anders Behring Breivik. Advierte que, a veces, los investigadores han puesto los ojos en el lugar equivocado.

La muerte de decenas de jóvenes en un campamento de verano en la isla noruega de Utoya sobrepasa los parámetros para calificar la simple delincuencia y obliga a echar mano de campos mucho más específicos de estudio del comportamiento humano. La criminología es la especialidad que se ocupa de establecer causas, motivaciones y posibles peligros relacionados con la mente criminal y sus acciones. Esta rama de la investigación judicial se nutre de la sicología, la antropología social y la sociología.

El periodista José Zepeda de Radio Nederland habló con José Rafael Bernabéu Cliañez, criminólogo diplomado en Investigación de la Escena del Crimen, y asesor y miembro fundador de la Sociedad Española de Investigación de Perfiles Criminológicos, SEIPC. El criminólogo expuso algunas de las pautas más importantes en la investigación de este tipo de delitos.

Radio Nederland: Si hay una opinión recurrente es que la cara del asesino de Utoya en un tipo es un tipo simpático…

José Bernabéu:
Por lo que he podido observar, sí. Es una cara inocente, es la que más pasa desapercibida en un tipo de criminal. Su cuadro encaja con un perfil psicopático. Son personas que sí están integradas socialmente, pasan desapercibidos; esa es la clave para tener éxito en los delitos que puedan cometer.

R.N.: ¿Da la impresión de que la cara no dice nada sobre lo que podría llegar a hacer?

J.B.:
No dice nada, o bien poco del lobo que se esconde bajo la piel del cordero. Es muy difícil que por sus rasgos físicos se pueda identificar cualquier tipo de patología o de intención.

R.N.: ¿Cuáles son los rasgos que sí cuentan en la configuración de un perfil criminológico?

J.B.:
Nosotros (los criminólogos) trabajamos en cuatro áreas. La principal es la de investigación de la escena del crimen. Es en la que se incluye el modus operandi y la firma del delincuente. El modus operandi es la forma en la que el criminal comete el hecho, los actos de precaución que adopta. Y la firma son los aspectos sicológicos que plasma en la escena del crimen que hace referencia a la motivación sicológica.

Por otro lado, estudiamos la victimología, el tipo de víctima que elige. Se estudia por qué eligió un tipo de víctima, en unas determinadas circunstancias.

También estudiamos el perfil geográfico: por qué se mueve en un lugar en concreto, el mapa mental que tiene, por qué actúa en determinadas zonas.

Y una cuarta área que se trabaja en los laboratorios son los análisis de vinculación de casos. Ante un hecho aislado se centra en ese hecho, pero cuando se producen varios casos similares una firma similar se realiza en el análisis de vinculación para establecer una conexión entre los diferentes hechos delictivos que tienen características parecidas. Con estos análisis vamos a establecer unas conclusiones que nos van a llevar a establecer unas características físicas, sicológicas, de hábitos de un criminal.

R.N.: Usted se refiere a un tipo asesino en serie, pero aquí estamos ante un solo acto terrible, una masacre. ¿Es posible en casos como el de Noruega crear un perfil?

A.B.:
Este es un caso aislado. El perfil se puede trazar. Pero este caso está resuelto ya ocurrió, ha sido tratado y además está confeso. Cuando se tiene sobre la mesa diferentes casos, un número superior a dos, es cuando se hace una vinculación de casos, que es para determinar que los hechos hayan podido ser por la misma persona.

R.N.: Parece que los ojos de los investigadores están puestos en otro lado, en terroristas que pertenecen al fundamentalismo islámico, por ejemplo, pero no en los hechos que pueda ejecutar la ultraderecha en Europa. ¿Eso no ha contribuido a que suceda una desgracia de esa magnitud?

A.B.:
Es posible. Ahora el terrorismo internacional es el fundamentalismo islámico y todos los ojos se suelen poner sobre estos grupos. Tiene razón en que de cierto modo hemos puesto los ojos en el fundamentalismo islamista y hemos dejado de lado otro tipo de terrorismo. Aquí en España tenemos el terrorismo de la banda ETA, por poner un ejemplo. Es una forma de desviar consciente o inconscientemente, propiciada a veces por los medios de comunicación, la atención. Porque al ciudadano de a pie recibe la información por los medios de comunicación vía internet, prensa. Creo que es una realidad que se puede constatar, que sí se desvía la atención de unos hechos sobre otros.

R.N.: ¿Es posible la prevención de casos como este a través de actividades como la que usted desarrolla?

A.B.:
Están ocultos (los criminales). Si no florece no se puede entablar una acción en contra de ellos, o es muy difícil, porque no se sabe que están ahí. Hay casos en los que se puede predecir un nivel de riesgo más o menos importante. Poco se hace o no se hace nada. Me refiero a casos en los que una persona ya ha dado muestras de una actividad delictiva o criminal, cumplió su condena, se incorpora a su vida social normal y sigue cometiendo delitos. No me estoy refiriendo a delitos menores, como robos, sino a asesinatos, terrorismo, violaciones, en los que la reincidencia es muy alta. Ahí es donde se tienen que tomar esas medidas. Realmente es un poco inconcebible que los técnicos determinen que un criminal es potencialmente reincidente en delitos tan graves y que no se adopten medidas.

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