Martes, 21 de octubre de 2014

| 2013/03/14 00:00

Los retos del Papa austero, humilde y dialogante

Fuentes en El Vaticano cuentan cómo será el papado de Francisco.

Archivo particular Foto: El ahora Papa Francisco en el 'subte' de Buenos Aires

Tras la sorpresa inicial, el mundo católico se despertó este jueves con abundantes datos del papa Francisco. Sin embargo, solo hasta ahora empieza a vislumbrarse cómo será su papado que comienza la semana próxima cuando se realice la ceremonia de entronización.

En efecto, desde Buenos Aires sus amigos y conocidos cuentan los rasgos de la personalidad del nuevo pontífice. Allegados a Jorge Mario Bergoglio no escatimaron elogios para Francisco, a quien coinciden en definir como un hombre austero, humilde y dialogante, que introducirá cambios en el Vaticano.

El hasta hoy jefe de la Iglesia argentina vivía en un pequeño departamento próximo a la catedral, viajaba en transporte público (como se aprecia en la imagen de este artículo), visitaba villas (asentamientos marginales), parroquias y hospitales y animaba a los sacerdotes a salir a la calle y estar cerca de sus fieles.

Bergoglio “es el papa que se necesita, es un hombre piadoso, es un pastor, se va a poner las sandalias de pescador”, aseguró a la agencia Efe el exdiputado José Octavio Bordón, amigo desde hace 30 años del ahora papa Francisco, el primer pontífice latinoamericano y jesuita.

Bordón subrayó el compromiso de Bergoglio con la defensa de los derechos de los humildes y su habilidad para la negociación porque “es un hombre al que no le gusta el conflicto, pero tampoco le gusta callarse”.

El diálogo, su mejor instrumento

Su sólida formación académica, continúa Bordón, “le permite dialogar con los empresarios, los políticos y con los sindicalistas”.

Luis Pedro Tony, allegado al papa desde hace décadas, también recuperó detalles de la vida diaria de Bergoglio en Buenos Aires que confirman su carácter austero. “Es un hombre alejado de intrigas palaciegas, muy callado y muy estudioso. Ya en el nombre que ha elegido se marca el camino de los desposeídos”, explicó Tony en declaraciones a medios locales.

Sin embargo, ahora por la trascendencia de su cargo tendrá que resolver problemas globales. Semana.com consultó fuentes en el Vaticano que trazaron hipótesis de hacia donde se dirigirá en su papado.

Lo primero, dijeron las personas que hablaron con este portal, es que Francisco recibe una iglesia convulsionada. “La abdicación al trono de San Pedro, por parte de su predecesor no es una casualidad, es una consecuencia”.

Un Iglesia en crisis

En efecto, Bergoglio, el primer jesuita electo papa, No sólo tendrá que enfrentar una iglesia con crisis de fieles en los países más desarrollados del mundo, con enormes problemas de gobernabilidad internos –sobre todo por los escándalos de pederastia-, y con finanzas maltrechas. Sino que además tendrá que asumir el papel de dar continuidad al Concilio Vaticano II, una tarea que tres papas han aplazado –Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, no se cuenta a Juan Pablo I, quien apenas gobernó un mes largo-.

Los católicos han reducido su presencia e importancia en el primer mundo. Prueba de ello son las fugas de creyentes hacia otras iglesias. Tal vez una de las pocas excepciones a este fenómeno sea Latinoamérica, continente en el que si bien las sectas protestantes han ganado terreno, el aumento demográfico ha permitido crecimiento para todos. En Brasil, por ejemplo, el número de católicos ha aumentado hasta erigir el país como el más católico del mundo. Similar circunstancia se da en otros países como México, Colombia y Perú.

Durante el pontificado de Juan Pablo II, uno de los papas más conservadores de la historia reciente de la iglesia, la institución cayó en una espiral de escándalos sin parangón en muchos años. Casos de abusos contra menores por parte de sacerdotes, sacudieron todos los rincones de la institución, no sólo creando disonancia y haciendo que los fieles se alejaran, sino representando una pérdida económica importante.

A pesar del liderazgo atribuido al papa viajero, nada o casi nada se hizo en este aspecto, y en la mayoría de los escándalos simplemente se trasladó al sacerdote incriminado, sin aplicar sobre él alguna sanción por parte del gobierno eclesial. Cuando un tribunal de justicia dictó sentencia sobre este tema, la curía simplemente pagó y se olvidó del asunto. Es cierto que Benedicto XVI pidió perdón por los abusos, pero los casos eran tan numerosos y complejos que terminaron por menguar las fuerzas del jerarca y ayudar a su dimisión.

Las finanzas, un dolor de cabeza

Las finanzas del Vaticano también son otro punto crítico. Algunos analistas calculan que el papado de Ratzinger dejaba anualmente un hueco de varios millones de dólares, cifra significativa para cualquier institución y más si esa está inmersa en una Europa quebrada. Pero quizás la carga más pesada iba por otro lado; rumores de malos manejos y corrupción en el banco Vaticano se empezaron a popularizar. Convirtiéndose, tal vez, en la gota que rebosó la copa para la salida del pontífice alemán.

Todos estos son problemas que deberá lidiar Bergoglio. Nada fácil, es cierto; pero no son los únicos, quizás el más importante y definitivo a largo plazo es el de decidir de una vez por todas si se adoptan y viven los preceptos establecidos por el Concilio Vaticano II y, realizado por el papa bueno, como es conocido Juan XXIII. O si por el contrario, se le da la espalda y se continúa siendo un organismo asociada a los poderosos, más lleno de simbolismos que de realidades.

Que el papa sea un Jesuita, agrega otro matiz interesante al nombramiento, que puede resultar muy definitivo en el sentido de implementar las recomendaciones del concilio vaticano II en pleno, el hecho es que Bergoglio se mantenía dentro de la compañía de Jesús, cuando en 1974, se celebró la congregación 32, en la cual específicamente y en el decreto 12 se definió, alineado con los preceptos del concilio vaticano II, la opción por los pobres como la prioridad.

Pero el obispo de Roma en este aspecto, tampoco la tiene fácil, aplicar lo definido por el concilio vaticano II es complejo si se tiene en cuenta que entre las cosas que Juan XXIII -un papa de transición que se quedó en el gobierno varios años- pedía, no sólo, estaba la opción por los pobres, y la integración de los mensajeros de Cristo -sacerdotes, monjas y laicos- en las comunidades locales, sino y más complejo aún, la des jerarquización de la iglesia a través de compartir el poder con los laicos.

Son tres cosas bien difíciles de poner en práctica, sobre todo con un obispado que refleja, a veces, sentir que su única misión en la tierra es la oración, aunque esa sea en pomposas iglesias y alejada de los pobres que se comprometieron a defender.

Por otra parte, Bergoglio, a pesar de su sencillez en el diario vivir y su disposición al servicio de los más necesitados, ha dado algunas muestras de no ser un cura proclive al cambio. Su oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo y a otras disposiciones que requieren apertura de la iglesia, argumentando que es función de los obispos cuidar por la correcta implementación del reino de Dios, hacen prever que intentará mantener a la iglesia en el ‘statu-quo’ actual, alejándola de decisiones tan necesarias para una institución que necesita afanosamente incrustarse en la realidad del mundo.

Dos cosas por lo menos saltan a la vista en los primeros día de ejercicio del argentino como el máximo obispo; la primera, que mirará con mucho cuidado el Asia, específicamente a China, no por nada escogió el nombre de Francisco, que hace homenaje a Francisco Xavier, el misionero jesuita que predicó y llevó el evangelio a esa parte del mundo. Y la segunda, que el papa escuchará a los miembros de la compañía de Jesús. Por algo hizo un juramento que lo acompañará hasta la muerte y que dice que como jesuita, está obligado a escuchar al general de la compañía y a considerar su consejo.

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