Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2006/09/23 00:00

Nada se le pega

Los repetidos escándalos de su entorno no le hacen mella al Presidente del Brasil. A pesar de todo, Lula se encamina a una reelección casi segura.

Luiz Inacio Lula da Silva

El presidente Luiz Inacio Lula da Silva ya se sentía ganador en la primera vuelta. Pero las elecciones presidenciales brasileñas del próximo domingo quedaron afectadas al conocerse que altos dirigentes del gobernante Partido de los Trabajadores (PT) estaban intentando vender a distintas revistas un dossier para incriminar a José Serra, candidato a gobernador de Sao Paulo por el opositor Partido Socialdemócrata Brasileño (Psdb) y rival de Lula en las elecciones pasadas

El escándalo no parece tener la fuerza para cambiar el resultado, que sería favorable para Lula, pero puede llegar a poner en riesgo el objetivo presidencial de ganar en un solo envión. Según las encuestas, Lula obtendría el 50 por ciento contra el 29 por ciento de Gerardo Alckmin, el candidato del Psdb, pero si no logra superar la mitad más uno se realizaría una segunda vuelta el 29 de octubre.

Los 'chupasangres'

La semana pasada fue arrestado el abogado Gedimar Pereira Passos, quien dijo haber sido contratado por la cúpula del PT para reunir pruebas contra José Serra, que lidera las encuestas para gobernador de Sao Paulo. Pereira Passos recibió 800.000 dólares de Freud Godoy, asesor personal de seguridad de Lula en las elecciones presidenciales anteriores. Godoy, que renunció a su cargo, reconoció haberse reunido con Passos, pero dijo que no fue con el propósito de ensuciar al opositor.

El caso investigado es el de los 'chupasangres', una mafia que fraguaba licitaciones para comprar ambulancias con altos sobreprecios cuando José Serra era ministro de Salud del gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1994-2002). Los diputados nacionales pedían las ambulancias para sus municipios y estas se compraban a una empresa que sobrefacturaba su valor, el cual se repartía entre los diputados y los dirigentes municipales.

Dos personas fueron arrestadas con 800.000 dólares que iban a pagar por la publicación de los documentos. Sin embargo, no parece haber nada comprometedor en el dossier, con excepción de algunas fotos en las que Serra aparece entregando las ambulancias, lo que no es suficiente.

Lula cortó cabezas para impedir que el escándalo continúe: el miércoles cayeron el presidente del PT, Ricardo Berzoini; el director del Banco de Brasil, Expedito Afonso Veloso, que habría entregado los 800.000 dólares, y Hamilton Lacerda, asesor de Aloizio Mercadante, el candidato del PT en San Pablo, que compite con Serra.

Berzoini es el segundo presidente del PT caído en desgracia en lo que va del gobierno de Lula, y fue reemplazado por el secretario de Asuntos Internacionales de la Presidencia, Marco Aurelio García. El anterior presidente, José Genoino, tuvo que renunciar tras el estallido, el año pasado, del escándalo del 'mensalao', especie de mensualidad que el PT pagaba con dineros públicos a los diputados de oposición para comprar sus votos en el Congreso.

De manera sorprendente, Lula ha salido ileso de los escándalos y está en posición de ganar fácilmente la reelección. Lucía Hippólito, analista de UOL y una de las más importantes consultoras políticas de Brasil, dijo a SEMANA desde Rio que esto obedece a que Lula "es el mayor líder de masas del país en los últimos 50 años. Tiene contacto directo con las masas, consiguió convencer a la población más pobre de que no sabía de los escándalos y tiene la oposición más cordial (¿incompetente) de los últimos 50 años".

Con 61 años cumplidos, Lula obtuvo en 2002 la mayor votación en la historia del país, pero al llegar al gobierno adoptó una economía ultraortodoxa y una política exterior moderada para contener las veleidades del venezolano Hugo Chávez o de Evo Morales en Bolivia, y mantener excelentes relaciones con George W. Bush.

Durante su mandato, los bancos acumularon las mayores ganancias de su historia -el banco más grande del país, Unibanco, creció 60 por ciento respecto a 2004 y el segundo banco, Itaú, 39 por ciento-. Sin embargo, Lula no logró ser el candidato de los ricos. Estos prefieren a su rival, el socialdemócrata Gerardo Alckmin. "La única frustración que yo tengo es que los ricos no estén votando por mí... ellos ganaron dinero como nadie en mi gobierno", confesó Lula amargamente en una entrevista.

Al mismo tiempo, su política económica y los escándalos provocaron un enorme desprestigio entre los intelectuales y la clase media que habían votado por él en 2002.

Lula logró reponerse de la crisis y colocarse al frente de las encuestas, gracias a que cambió la composición de su partido y de sus votantes. El PT de hoy es muy distinto al partido de trabajadores, clase media y profesionales que triunfó hace cuatro años en las grandes ciudades como Porto Alegre y Sao Paulo. Hoy el gobierno tiene su mayor aprobación en el noreste, donde se concentra la población más pobre, de menor nivel educativo, acostumbrada al clientelismo.

Consiguió el apoyo entre los menos favorecidos gracias al programa Bolsa Familia, que creó en octubre de 2003, según el cual 77 por ciento de las familias pobres (unos nueve millones) reciben 45 dólares mensuales. Se trata de unos 30 millones de personas en un país de 180 millones de habitantes. La mitad de los beneficiarios vive en el noreste, que cuenta con 27 por ciento de la población del país. Entre ellos, Lula obtiene un respaldo de 58 por ciento, frente a 41 por ciento de quienes no están incluidos en el programa.

Para Lucía Hippólito, "el electorado de Lula migró de las clases medias urbanas a las clases bajas en el interior del país, y a la clientela de la Bolsa Familia. Lula destrozó el apoyo de la clase media desde que tomó el poder en 2003. Lula no es más el PT. Se descolgó de su partido y navega solitario e independiente".  

El candidato de los ricos

El ex gobernador de Sao Paulo Geraldo Alckmin representa al Psdb y al Partido de Frente Liberal (PFL). Médico de carrera, nacido en una pequeña ciudad paulista en 1952, se inició en la política a los 19 años y está casado con María Lucía Alckmin, con quien tiene tres hijos.

Alckmin es popular entre los inversionistas debido a sus conservadoras políticas económicas. Si dependiera del mundo financiero, el dirigente paulista sería el presidente. De 230 ejecutivos de grandes compañías interrogados en octubre pasado por la revista Exame, 84 por ciento dijo que votaría por Alckmin, quien además mantiene una sólida relación con la Iglesia Católica, y es muy cercano al Opus Dei, la orden religiosa que tiene una excelente relación con la cúpula del Vaticano.

"Contra un líder carismático como Lula, pudiendo usar la máquina pública en su provecho, Alckmin tiene pocas posibilidades. No tiene carisma, no es afirmativo y no consiguió presentar a su población una alternativa atrayente que hiciese que el electorado pensase en cambiar", sostiene Hippólito.

Pero por ahora es difícil pensar en que alguien pueda derrotar a Lula. Porque cuando se hable de un presidente al que no le hacen mella los escándalos, el brasileño está en primera fila.

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