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| 3/21/1983 12:00:00 AM

PANDEMONIUM DE NEVE

La mayor tormenta del presente siglo paralizó a la parte más populosa y urbanizada del occidente norteamericano.

Hoy en día la economía no es lo único impredecible en los Estados Unidos. Contrastando con el pronóstico que hicieran los meteorólogos a comienzos de otoño, según el cual el presente invierno sería de un constante y devastador frío, el comportamiento de esta estación se ha salido de todo precedente.
Largos períodos de calma con temperaturas por encima de lo normal, han sido alterados por inesperadas tormentas de nieve que repentinamente depositaron en un día la nieve que por lo general se acumulaba durante todo un mes.
Precisamente, la última ocurrió hace escasos días y se concentró en la parte más populosa y urbanizada de Norteamérica, cobijando bajo un blanco manto a más de 30 millones de personas.
Designada ya como el hecho destacado del invierno de 1983, la tormenta tuvo un impacto inmediato sobre las grandes ciudades de la costa occidental de este país. Aunque las desgracias personales fueron mínimas, gracias a que ya desde el día anterior los medios de comunicación habían advertido a la población, la precipitación de nieve resultó tan fuerte que paralizó toda las actividades desde el medio día del viernes 11 de febrero.
Parece increible afirmar que Nueva York, la siempre agitada metrópoli, detuvo su ritmo casi por completo. Pero asi fue. Salir a Manhattan a las tres de la tarde y encontrarse con las calles solitarias y nada bulliciosas es algo que no se ve muchas veces en la vida. Empero, no fue Nueva York la ciudad más conmocionada por el suceso. En Washington donde son contadas las veces en que cae nieve, la acumulación de más de 60 centimetros -la mayor del presente siglo -creó un verdadero pandemonium. Las oficinas gubernamentales cerraron sus puertas desde la mañana e inclusive los congresistas decidieron aplazar las sesiones del día. Obviamente, la importante y esperada discusión sobre el presupuesto, en esas condiciones, podia esperar. El estado del tiempo no.
Desde tempranas horas las autopistas se congestionaron, pues cada automovilista deseaba estar en su casa antes de que anocheciera. Al caer la noche, Washington era una ciudad fantasma. Tan solo unos cuantos conductores arriesgados se veían por las calles, al igual que una que otra patrulla policial, dedicada a rescatar a aquellos que habían quedado atrapados por la nieve. .
Escenas similares se vivieron en Filadelfia, Bostón, Baltimore y Pittsburgh, donde los habitantes tuvieron uno de los comienzos de fines de semana más caseros y apacibles de los últimos años.
Al día siguiente, el despertar a la agitada vida "normal", una vez que la tormenta de nieve hubo cesado, fue cosa de horas. La eficiente labor de la gente encargada de limpiar las vías facilitó la realización de las actividades sabatinas tradicionales y la nieve acumulada se convirtió en un elemento de juego más.
De ahora en adelante se esperan nevadas esporádicas de menor intensidad, cuya frecuencia deberá disminuir a medida que la primavera se acerque. La temperatura, que ha vuelto a la normalidad -si se puede llamar así a los cero grados centígrados que sucedieron a la famosa tormenta permitió a la nieve derretirse paulatinamente .
Sin embargo, el hecho aislado de la "gran tormenta" ha servido para demostrar a los meteórologos que algo estaría pasando con el clima mundial, y que situaciones de este tipo podrían ser la respuesta de la naturaleza a los disturbios ecológicos producidos en estos momentos por la mano del hombre.
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