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| 10/14/1985 12:00:00 AM

UN PASO ADELANTE, DOS ATRAS

La revelación de un documento confidencial norteamericano deja en evidencia que Washington sigue poniéndole cascaritas a Contadora

Estamos temerosos de que se quiera presionar a Estados Unidos y a sus amigos para que acepten un acuerdo en lugar de un buen acuerdo". La frase, enigmática si se la saca de contexto, se ilumina plenamente ante una palabra clave: Contadora. Según el Washington Post, diario que se viene especializando en filtrar documentos confidenciales de la administración Reagan sobre Centroamérica, la Casa Blanca está dispuesta a hacer todo lo que esté a su alcance para evitar que salga adelante la iniciativa de paz preconizada por México, Colombia, Venezuela y Panamá.
La grave determinación fue vertida en un documento de carácter secreto cuyos principales apartes fueron revelados por el respetado diario estadounidense la semana pasada, causando no poco revuelo en los círculos diplomáticos del Continente. De acuerdo con el Washington Post, dicho texto resumía la línea política que Elliot Abrams, nuevo asistente del secretario de Estado para asuntos interamericanos, impartió a los embajadores norteamericanos de la región centroamericana, con quienes se reunió en Panamá el pasado 4 de septiembre.
El documento filtrado, que habla también del proceso salvadoreño y declara a Nicaragua "nuestro mayor problema", textualmente dice que Estados Unidos prefiere el "colapso" de Contadora "a un mal acuerdo" de paz.
Además, el documento Abrams declara la guerra contra cualquier iniciativa sobre Centroamérica que no sea controlada directamente por los agentes de Washington: "Nosotros necesitamos desarrollar una diplomacia activa ahora para interceptar los esfuerzos de solidaridad latinoamericanos que apuntan contra Estados Unidos y nuestros aliados, ya sean los patrocinados por el grupo de apoyo (Contadora NDLR), los cubanos o los nicaraguenses. Necesitamos encontrar una manera de desviar la presión que ellos ejercen sobre nosotros o nuestros amigos para provecho nuestro".
No es la primera vez que aparece un texto gubernamental norteamericano tan hostil a Contadora. El 6 de noviembre pasado, el mismo Washington Post publicó un documento del Consejo de Seguridad Nacional, celebrado el 30 de octubre, en el que los autores se ufanaban de haber "aplastado los esfuerzos mexicanonicaraguenses para apurar la firma del acuerdo poco satisfactorio de Contadora", y logrado que Honduras, El Salvador y Costa Rica se deslindaran de las negociaciones parapetándose tras una contrapropuesta elaborada por Estados Unidos que más tarde fue conocida como Documento de Tegucigalpa, del 10 de noviembre de 1984.
Generalmente este tipo de salidas antiContadora se producen después de que dicho grupo avanza en su trabajo. El documento del CNS era la respuesta al anuncio hecho por los cancilleres de Contadora de mediados de septiembre de haber concluido, tras 20 meses de arduas negociaciones, el Acta de Paz.
Un año antes, cuando Contadora produjo el 6 de octubre el documento de objetivos, aprobado unánimemente por los cuatro cancilleres y los gobiernos centroamericanos, ocurrió (5 días después) el incidente de las lanchas de la CIA que incendiaron los depósitos de combustible de Corinto, principal puerto nicaraguense en el Pacífico. Cuando se fijó para el 14 y 15 de febrero de 1985 la cumbre de plenipotenciarios de Centroamérica para acordar los mecanismos de verificación y control y remover los últimos obstáculos que impedían la firma del Acta de Paz, sucedió el extraño incidente Urbina Lara que sirvió de pretexto para que Honduras, Costa Rica y El Salvador no concurrieran a la cita. ¿Qué es lo que explica ahora la nueva ofensiva reaganista sobre el "mal acuerdo" que propone Contadora? El pasado 25 de agosto se reuniero en Cartagena ocho cancilleres latinoamericanos y si bien allí no se firmaron definitivamente los tratados de paz para Centroamérica, sí surgió un nuevo organismo que jugará enorme papel en este proceso: fue formada la llamada Comisión de Apoyo a Contadora sobre la base del Grupo de Lima, integrado por Argentina, Perú Uruguay y Brasil. El dinamismo que esta nueva institución aportará a la gestiones de Contadora es algo que nadie discute. La prueba es que ha comenzado a hablarse de la posibilidad de integrar unas misiones especiale destinadas a hacer una supervisió militar de las "calientes" frontera Nicaragua-Honduras y Nicaragua Costa Rica,para lo cual se cuenta y con el beneplácito del gobierno sandinista y el apoyo del gobierno francés que estaría dispuesto, este último, a contribuir con tropas para una super visión internacional del área.
Un dispositivo de estos, que dispondría en el mejor de los casos de efectivos de los países de Contadora y del Grupo de Lima, reduciría los riesgos de una confrontación artificialmente preparada en esas fronteras y acercaría objetivamente las posibilidades de que los países renuentes a firmar el Acta de Paz, lo hagan de una buena vez.
Para la administración Reagan el Acta de Paz de Contadora sería un "mal acuerdo", pues no descansa sobre la tesis de que lo mejor para Centroamérica es el mantenimiento de los asesores militares extranjeros y la perpetuación de las maniobras militares norteamericanas en la región, tesis que sí constituyen el armazón del documento de Tegucigalpa. En realidad el Acta de Paz es --para sus patrocinadores-- un monumento al equilibrio inter partes, rasgo que le ha permitido recoger el más vasto respaldo en la comunidad internacional. El canciller colombiano Augusto Ramírez Ocampo, al comentar el documento publicado por el Washington Post, expresaba la extrañeza de Contadora con la caracterización norteamericana del Acta de Paz, al decir que "nadie ha pensado firmar, ni nadie firmaría, un mal acuerdo", que no beneficiara a las partes.
El poder ejecutivo norteamericano, que se ha cuidado de atacar abierta y frontalmente a Contadora, escogiendo la vía de los pronunciamientos diplomáticos melifluos (que harán pasar a la historia a los embajadores Stone y Schlaudeman), está experimentando, no obstante, un desgaste de su propio esquema. Las constantes revelaciones por el Washington Post de papeles secretos donde está plasmada la verdadera línea de la administración, y la repetida ocurrencia de "incidentes oportunos" cuyo origen nadie oculta, vienen minando la estrategia de asfixia que por momentos parecía haber logrado la disolución de Contadora, grupo que sorprendentemente se repuso de los golpes, una y otra vez. Es lo que acaba de ocurrir en Cartagena, después de la fracasada reunión del 17 de junio en Panamá (ocasionada por la aprobación de 27 millones de dólares a los "contras" nicaraguenses). Las gestiones que allí tuvieron lugar para acelerar la firma del documento de paz y el surgimiento del Grupo de Lima tomaron por sorpresa a Estados Unidos. La prueba de ello son los explosivos párrafos que el Washington Post atribuye a Elliot Abrams.--
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