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| 12/23/2002 12:00:00 AM

Viejo y nuevo terrorismo

Cómo se replanteó en 2002 la lucha antiterrorista luego del 11 de septiembre.

En la primavera de 1989, todavía al calor del derrumbe del muro de Berlín y el desmoronamiento del campo socialista, Francis Fukuyama publicó su famoso ensayo sobro el Fin de la historia. En este artículo se argumentaba no el fin de los hechos históricos sino el fin de las luchas ideológicas, debido el triunfo definitivo de la democracia liberal sobre sus dos adversarios históricos, el fascismo y el comunismo.

Cuatro años más tarde su profesor y mentor intelectual, Samuel Huntington, en otro famoso artículo (The Clash of Civilizations?, Foreign Affairs, 1993), ponía en entredicho la lectura optimista del futuro del mundo propia de la euforia de la posguerra fría. Huntington planteaba, por el contrario, un oscuro panorama mundial debido al surgimiento de una nueva fuente potencial de conflictos: la guerra entre civilizaciones. Según él, los conflictos del futuro no iban a tener como fundamento ni modelos ideológicos o políticos enfrentados como ocurrió en el siglo XX, sino, diferencias culturales. Las civilizaciones occidentales, islámica, japonesa, hinduista, confuciana, eslava-ortodoxa, latinoamericana y posiblemente, la africana, iban a ser la fuente de choques inevitables.



11 de septiembre, nueva realidad

El 11 de septiembre de 2001 pareció darle la razón de manera brutal a Huntington. Por primera vez en su historia, si se exceptúa la agresión japonesa a la remota base naval de Pearl Harbor en 1941, Estados Unidos era atacado en su propio territorio por un movimiento cuyo objetivo final era la destrucción del Occidental en nombre del Islam. La guerra santa de Osama Ben Laden y Al Qaeda habría de tener un enorme impacto mundial.

El secretario de Estado norteamericano, Colin Powell, sostuvo en aquellos días que "no solamente la guerra fría había terminado; igualmente, el período de la posguerra fría había quedado atrás". Es decir, el 11 de septiembre marcaba el inicio de una nueva era internacional que, en la mejor tradición del siglo XX, igualmente se iba a definir por una lógica de amigos y enemigos, por una renovada lógica bipolar: la Coalición Mundial Antiterrorista versus las organizaciones terroristas del todo el mundo, tanto de origen islámico fundamentalista como incrustadas en Occidente como los grupos armados ilegales de Colombia.

La mayor parte de los observadores concuerdan en que, tras el ataque a las Torres Gemelas y el Pentágono, el mundo sufrió una profunda transformación. Por ejemplo, Stanley Hoffman, un reconocido internacionalista afirma al respecto lo siguiente: "Todo el mundo comprendió que los hechos del 11 de septiembre eran el inicio de una nueva era. ¿Pero, que significa este quiebre? En una visión convencional de las relaciones internacionales, la guerra ocurre entre Estados. Pero, en septiembre, individuos pobremente armados de repente retaron, sorprendieron e hirieron a la superpotencia dominante en el mundo. Los ataques mostraron también que, para todos los efectos, la globalización permite que terribles formas de violencia sean fácilmente accesibles para fanáticos desesperados".

El impacto del 11 de septiembre en Estados Unidos ha sido impresionante. La creación de la Oficina de Seguridad Nacional (Office of Homeland Security), bajo el mando del ex gobernador de Pennsylvania, Tom Ridge, constituye un vuelco impensable hace pocos años, tanto en el plano militar como en la política doméstica.

En cuanto hace al tema militar, hace solamente dos años Estados Unidos se estaba preparando para construir el polémico escudo antimisiles para proteger el territorio estadounidense de un eventual ataque con misiles proveniente de alguno de los 'Estados-bribones' (como Corea del Norte o Irak). Hoy, la prioridad militar no son estos Estados, sino, organizaciones no estatales (con apoyo o no de algunos gobiernos) con capacidad de amenazar seriamente tanto la seguridad global como la seguridad de Washington o Nueva York. En cuanto al tema de la política doméstica, algunas sacrosantas libertades y garantías jurídicas se han visto restringidas con objeto de garantizar la seguridad nacional.

Pero el efecto no ha sido sólo en Estados Unidos. Canadá y la Unión Europea ya expidieron sus propias leyes antiterroristas y, al igual que el Departamento de Estado, han diseñado sus respectivas listas de organizaciones terroristas. Por otra parte, tanto las Naciones Unidas como la Organización de Estados Americanos han aprobado sendas resoluciones de orden mundial o regional en orden a comprometer a todas las naciones del mundo en esta cruzada mundial contra el terror.



'Netwar'

Uno de los impactos más profundos de la ola terrorista que ha venido golpeando al mundo en la última década ha sido un cambio de percepción sobre el fenómeno del terrorismo.

En el pasado, el terrorismo era visto como una forma de acción que buscaba producir ciertos efectos políticos, mediante la generación de miedo colectivo a través de actos de violencia contra la población civil. Es decir, matar a pocos para atemorizar a miles. En el presente, destacados analistas creen que estamos ad portas de un cambio en la naturaleza misma del terrorismo. Estos argumentan que, dadas las múltiples transformaciones que ha generado la globalización (ante todo, la revolución de las comunicaciones, del transporte y de los sistemas financieros), así como la proliferación de armas convencionales y no convencionales de destrucción masiva, el terrorismo actual habría dejado de ser un simple método para convertirse en una forma específica de guerra. La cual es denominada "netwar" o "guerra de redes".

Sobre el cambio en la naturaleza de la guerra, como consecuencia de la revolución tecnológica en curso, se han escrito decenas de obras y artículos. Desde obras de divulgación masiva como el conocido libro de Alvin y Heidi Toffler (1993), hasta análisis altamente especializados. En este marco, un equipo de la influyente Rand Corporation -un centro de pensamiento estratégico situado en Santa Mónica, California- ha estudiado el impacto de estas transformaciones en el terreno específico del terrorismo, con objeto de rediseñar la doctrina militar de Estados Unidos para enfrentar los desafíos del terrorismo internacional. Mientras que las transformaciones en los conflictos militares fueron enmarcadas bajo el nombre de "cyberwar" (guerra cibernética), los cambios en los conflictos más sociales y de baja intensidad fueron denominados en forma paralela "netwar".

Esta nueva visión plantea la necesidad de adaptar las instituciones militares, tanto de Estados Unidos como de sus aliados, en distintos planos (doctrinario, tecnológico y militar) a los nuevos desafíos. Esto no significa que Estados Unidos o la Otan vayan a abandonar sus distintas formas de organización militar adaptadas a distintas modalidades potenciales de conflicto armado (nuclear, convencional o irregular). Significa que, en el marco de la Doctrina de la Respuesta Flexible, a esas formas tradicionales de guerra se les va a añadir una cuarta dimensión, la netwar, la cual es definida como "un modo emergente de conflicto y criminalidad a nivel de la sociedad (...), en la cual los protagonistas utilizan formas organizativas, estrategias y tecnologías en red propias de la 'era de la información".

Sus activistas actúan en pequeños grupos que se comunican, coordinan y conducen sus campañas mediante redes interconectadas, sin un comando central único. Al Qaeda es un ejemplo impactante a este respecto: no se trata de una organización única y altamente jerarquizada sino una 'red de redes', es decir, un paraguas que cobija bajo su seno a decenas de grupos islámicos fundamentalista en más de 32 países.

La modalidad específica de acción en una guerra fundada en redes se ha denominado "swarming", término que podríamos traducir como el ataque de un enjambre de abejas africanizadas sobre un mismo objetivo. Recientemente, el mundo vivió dos episodios dramáticos de esta forma de confrontación armada, fundada en la acción simultánea de varios grupos autónomos para golpear múltiples blancos. Por una parte, el 11 de septiembre, cuatro unidades de Al Qaeda secuestraron cuatro aviones comerciales y los dirigieron contra sus blancos, habiendo sólo fracasado el que iba dirigido contra el Capitolio o la Casa Blanca por la resistencia de los pasajeros.

La respuesta en Afganistán fue, a su turno, la otra cara de la moneda: una persecución de las unidades de Al Qaeda y el Talibán en Afganistán mediante una combinación de numerosas unidades de localización terrestre y un apoyo aéreo altamente sofisticado mediante bombarderos B-52. En Afganistán no había un frente único de batalla, sino, una multiplicidad de escenarios simultáneos.

El terrorismo de nuevo tipo es el resultado de una adaptación del terrorismo a los cambios propios de la era de la información en tres planos: en el organizacional, mediante el paso de una estructura jerárquica hacia una estructura fundada en redes descentralizadas; en el plano estratégico, mediante el abandono de acciones aisladas en beneficio de múltiples acciones simultáneas y encadenadas (como el ataque simultáneo a las embajadas de Estados Unidos en Nairobi y Dar es Salaam en 1998). Y, finalmente, en el plano tecnológico, gracias a la utilización de los más avanzados sistemas de comunicación e interconexión.

En el mundo existen tanto organizaciones terroristas o criminales fundadas en viejas modalidades organizativas de tipo jerárquico como nuevas organizaciones de tipo red. Es más descentralizado e interconectado Hamas que la Organización para la Liberación de Palestina (OLP); más el Ezln que el ELN; más el American Christian Patriot que el Ku Klux Klan; más las Tríadas chinas que la Mafia siciliana; más los Chicago's Gangster Disciples que la vieja banda de Al Capone.

La nueva doctrina que ha surgido como consecuencia de la batalla 'asimétrica' contra el terror es la llamada 'disuasión avanzada' o anticipación. Dado que los grupos terroristas siempre cuentan con la ventaja de poder atacar en secreto, por sorpresa, en cualquier momento y en cualquier lugar, la única defensa posible es capturarlos antes de que puedan actuar.
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