Martes, 6 de diciembre de 2016

| 2016/09/27 23:11

Ordóñez y Uribe: Juntos, pero no revueltos

Los dos principales voceros del No al plebiscito comparten tarima para rechazar el acuerdo de paz y utilizan la "ideología de género" para convencer. Pero no necesariamente tienen el mismo propósito.

Alejandro Ordóñez y Álvaro Uribe. Foto: Fotomontaje SEMANA

A finales del 2008, cuando fue postulado por el Consejo de Estado al cargo de procurador general, no había muchas referencias en la opinión pública nacional a Alejandro Ordóñez. Pocos se imaginaban en aquel entonces que se convertiría en uno de los hombres más poderosos del país.

Álvaro Uribe era el presidente de la República, aunque su era se acercaba al final. Tenía en sus manos la posibilidad de atajar el ascenso de Ordóñez, pero ternó al profesor Germán Bustillo para disputarle la Procuraduría, es decir, le dejó el camino libre. En el Senado, el candidato del presidente no tuvo un solo voto, Ordóñez, en cambio, sacó 81 y se hizo procurador.

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Nada daba para pensar en ese momento que ambos terminarían compartiendo tarima como acaba de suceder esta semana. La imagen del tradicional Uribe con su sombrero y de Ordóñez con sus tirantas, ambos de camisa blanca, compartiendo un improvisado pódium en medio del inclemente calor de Cartagena llamó la atención.

No era para menos. Uribe y Ordóñez nunca han sido aliados, pero la coyuntura política los acercó más que nunca. Su alianza es prácticamente natural en este momento: aunque miles de colombianos comparten su punto de vista, los dos son casi que las únicas voces con poder que rechazan los acuerdos de la Habana.

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Ambos tienen la ventaja de cabalgar sobre una misma ideología. Y de que esa ideología sea la que mayoritariamente tienen los colombianos. No creen en las causas liberales como el aborto, la eutanasia, los derechos de las parejas del mismo sexo. Y ambos han dicho que si se refrendan los Acuerdos de La Habana, el país estaría en el precipicio a punto de perder los valores de la “familia tradicional”.

El movimiento político les dio un regalo inesperado con las multitudinarias marchas de los cristianos contra la supuesta “ideología de género”. Aunque ninguno de los dos las convocó, ambos se montaron al final y quedaron como los líderes de ese movimiento. Uribe envió a toda su tropa a las diferentes ciudades del país y Ordóñez fue a marchar en Cartagena.

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Lo cierto es que nunca habían sido realmente cercanos. Los primeros fallos disciplinarios de Ordóñez no dejaron títere con cabeza, y así como afectaron a dirigentes de izquierda, como Piedad Córdoba y Gustavo Petro, también les dieron duro a quienes pensaban más como él.

Precisamente, el uribismo fue el sector político con el que Ordóñez estrenó su mano dura. Primero destituyó al exministro del Interior Sabas Pretelt y al exsecretario general de presidencia Bernardo Moreno, por el sonado caso de la ‘yidispolìtica’.

Pero el pliego de cargos y la posterior sanción contra el exministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, o ‘Uribito’, como le dice la opinión pública, fueron golpes al corazón de Uribe Vélez. El que consideraba su más cercano, fiel y posible sucesor quedaba fuera del juego político por 16 años, cuatro debates presidenciales. Dentro del uribismo hay quienes dicen que por cuenta de este episodio Uribe todavía carga una amargura con el exprocurador.

Ordóñez fue el primero en meterle el diente al equipo de gobierno del presidente de la seguridad democrática. Esto se dio mucho antes de que la Corte Suprema comenzara a adelantar sus investigaciones.

Pero con el paso del tiempo fue mucho más lo que los unió que lo que los separó. Y por eso, hoy son los rostros principales de la oposición al acuerdo de paz que el presidente Santos firmó con Rodrigo Londoño, jefe de las FARC.

Precisamente, el 26 de septiembre, día en que se firmó la paz, Ordóñez reapareció en la plaza pública tras su salida (por la vía de un fallo del Consejo de Estado que anuló su reelección) de la Procuraduría. En el castillo San Felipe, Uribe le dio la mano y lo montó en tarima. El exprocurador, como le llaman los ministros del Gobierno y los líderes del Sí en el plebiscito, fue recibido con gritos de “¡presidente, presidente!”

Ordóñez ha sido la única voz que desde las instituciones ha sintonizado con las críticas que Uribe le ha hecho al proceso de paz. Pero esta sintonía no necesariamente significa un matrimonio para largo.

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En dos años se elegirá al sucesor de Juan Manuel Santos, en un debate que se advierte tan polarizado como el actual del plebiscito, y aunque Uribe y Ordóñez aspiraban a cabalgar sobre el fracaso del acuerdo de paz, no es seguro que lo hagan juntos.

El exprocurador tiene buena acogida dentro del Partido Conservador, incluso puede ser una carta de peso para que los azules vuelvan a pensar en la Presidencia de la República. Ordóñez tendría que someterse a las reglas internas de ambos partidos, una consulta de precandidatos, bien en el conservatismo, donde hay figuras que aspiran, Marta Lucía Ramírez, el ministro Mauricio Cárdenas, o bien en el uribismo, donde ya han saltado tres precandidatos a la palestra, Óscar Iván Zuluaga, Iván Duque y Carlos Holmes Trujillo.

También tendría la capacidad de recoger firmas para presentar su candidatura en solitario, lo cual es lo más probable porque pocos lo ven sometiéndose a una consulta. En el 2018 podría quitarse votos, por ejemplo, con Germán Vargas Lleras, quien es visto por muchos escépticos del proceso como la posibilidad para atajar a las FARC.

Uno de los botines de Ordóñez podría ser el de las congregaciones religiosas, una fortaleza que podría explotar. Ahora es anticipado pero si Ordóñez empezó su vida política en las calles, de la mano de Uribe, no significa que en dos años sigan caminando juntos. La política colombiana tiene muchos ejemplos. De momento juntos, pero no revueltos.

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