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| 12/5/2017 9:20:00 AM

Esta es la dura puja en el uribismo por conformar las listas al Congreso

El dilema es tener listas abiertas o cerradas. Entre los promotores de la primera fórmula están José Félix Lafaurie, Óscar Iván Zuluaga, Fabio Valencia Cossio y otros. Los que quieren que se mantengan cerradas son liderados por los actuales senadores que aspiran a la reelección. ¿Qué piensa Uribe?

El Centro Democrático se encuentra en medio de una de sus más díficiles encrucijadas. Mientras públicamente, el país está atento a quién llevará las banderas de esa colectividad en 2018, en privado hay otra carrera que concentra grandes esfuerzos. Se trata de la conformación de listas para las elecciones de Senado y Cámara, que ha dividido al partido en dos bandos: los que quieren mantener las planchas cerradas con Uribe a la cabeza y los que las quieren abiertas, también con el expresidente en el primer lugar. La discusión ha sido tan fuerte que el propio exmandatario ha tenido que llamar al orden a sus filas.

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Los que promueven las listas abiertas están liderados por miembros de peso como el excandidato Óscar Iván Zuluaga, el dirigente ganadero José Félix Lafaurie, el exministro Fabio Valencia y Sergio Araújo, quienes le han dicho a Uribe que esta fórmula permite, a su juicio, abrir nuevos espacios de participación en las regiones y aumentar su representación en la cámara alta del Capitolio.

La fórmula planteada es que la lista tenga máximo 50 integrantes, que Uribe esté en el primer puesto y que, por supuesto, los actuales congresistas que se requieran reelegir también participen, al igual que los representantes, como María Fernanda Cabal, que quieran pasar al Senado. Lo que se busca es que el expresidente jalone la mayor cantidad de votos posible y que las personas afines también marquen el tarjetón sobre el escudo del partido, lo que se convierte en un sufragio válido que suma a la hora de repartir curules.

Las cuentas internas dan por descontado que Uribe puede perfectamente tener más de un millón y medio de votos, el escudo otros tantos y, por supuesto, los demás integrantes de la lista abierta podrían llevar los demás. Así las cosas, con cifra repartidora y un global que supere los 2 millones de sufragios que aplicaría para un número limitado de cupos, y no 100 como es costumbre, permitiría que puedan aspirar a obtener unos 25 senadores.

Esto se viene analizando con fuerza en las últimas horas, en especial en una reunión que los miembros de la Dirección Nacional sostuvieron este lunes en Bogotá, con un constante diálogo con el exmandatario a través de internet, quien sigue muy de cerca el proceso desde su natal Antioquia los días que no tienen que asistir a las sesiones del Congreso. Incluso, personajes como el precandidato Carlos Holmes Trujillo o el aspirante a volver al Congreso Miguel Gómez han reconocido públicamente que esta posibilidad es fuerte.

Y, por otro lado, están los defensores de las listas cerradas. En esta orilla están algunos de los otros tres precandidatos (Paloma Valencia, Rafael Nieto e Iván Duque) y los actuales senadores, quienes, por supuesto, quieren defender su eventual reelección.

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Lo que promueve este sector, que también le ha dicho a Uribe que es mejor mantener la fórmula que en las elecciones de 2014 les dio 20 curules en el Senado, es que el exmandatario encabece la lista y que los votos que tiene la capacidad de jalonar permitan renovar y aumentar la bancada. Aquí la disputa es por los primeros puestos, pues el uribismo espera crecer por lo menos hasta 25 curules, por lo que la puja es por quedar en alguno de esos puestos.

El codo a codo por estar en los primeros lugares es tan fuerte que personas cercanas al círculo más íntimo de Uribe han reconocido que él mismo está indeciso entre mantener la fórmula de 2014 o abrir las listas, pero que se ha dedicado a escuchar a los dos sectores para tomar la decisión. Incluso, se supo que este martes, en el Capitolio, convocó a su bancada actual para ultimar los detalles de la decisión. Podría ser el día definitivo.

El tiempo apremia, porque el próximo 11 de diciembre se vence el plazo para inscribir las listas al Congreso y quienes aspiren a estar en ellas deben alistar toda la documentación legal. De hecho, en este proceso Uribe le dio protagonismo a la senadora María del Rosario Guerra, quien renunció a su precandidatura. Y, además, la puja por escoger el aspirtante presidencial tampoco es sencilla.  

El senador José Obdulio Gaviria, promotor de las listas cerradas, fue enfático en que los que promueven la otra opción, la de planchas abiertas, parecen tener más interés en la consecución de votos a como dé lugar y no por la coherencia ideológica del partido. Este dardo velado es para el excandidato Zuluaga, con quien ha tenido una dura puja interna por el liderazgo de la colectividad. 

“Una lista abierta encabezada por Uribe sería una cosa absurda en sí misma, y por eso le digo que no se someta al manoseo terrible de una lista abierta”, fue el mensaje de Gaviria. Eso sí, como en todo lo relacionado con el Centro Democrático, la última palabra la tiene su líder máximo.

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Ya por los lados de la Cámara la cosa es un poco más sencilla, pues esta revista pudo establecer que la decisión de lista abierta o cerrada se dejará en manos de cada directorio regional para que en términos electorales sea más beneficiosa. Solo para los casos de Bogotá y Antioquia, donde tienen 5 y 6 representantes, respectivamente, y esperan crecer, Uribe se meterá a fondo y decidirá el camino.

En estas dos regiones hay una dura puja por ocupar un espacio en esas listas. La actual representante Tatiana Cabello, por ejemplo, ha hecho saber que las investigaciones en su contra tendrían como fin sacarla de esta carrera, y Gabriel Santos, hijo del exvicepresidente Francisco Santos, está buscando abrirse terreno para quedar entre los primeros 5 lugares. Estos son solo dos ejemplos del duro tire y afloje que hay.

Lo cierto es que Uribe se dio como plazo final esta semana para definir si se va con listas abiertas o cerradas para el Congreso, teniendo más espacio en su corazón la primera opción que ya le dio el triunfo en 2014, pero no quiere que las susceptibilidades que despertaría tomar esa decisión entre los defensores de la segunda fórmula resulten afectando la unidad del partido. Claro está que el Centro Democrático, al fin de cuentas, acata lo que diga su jefe máximo.   

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