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| 11/23/2013 4:00:00 PM

Batalla al rojo en el liberalismo

El pulso entre Serpa, Galán y Viviane Morales por la cabeza de la lista del partido es un síntoma del buen momento de este.

Como pocas veces ha ocu-rrido en la historia reciente, la puja por el primer renglón de lista al Senado de un partido ha despertado un interés inusitado. Tres nombres están en la liza para encabezar la lista del Partido Liberal. Dos son pesos pesados de la política y la otra una mujer de prestigio. Ellos son el veterano exgobernador de Santander Horacio Serpa, el senador Juan Manuel Galán y la exfiscal Viviane Morales. 

El primer lugar en la lista roja es tan estratégico como atractivo. Pese a que la lista será abierta y los electores serán quienes reorganicen con sus votos el orden de los elegidos, el primero tiene un aura de liderazgo que produce inevitablemente una votación superior a la que tendría esa persona en otro renglón. Esto sucede porque sobre él recaen los sufragios de los electores que votan por el logo del partido, y que poco les importan los nombres. 

En el fondo lo que hay es un enfrentamiento entre dos generaciones del Partido Liberal. Serpa por la vieja guardia y Galán por la renovación. Viviane Morales, a pesar de su hoja de vida, no está en juego. 

La semana pasada, el exgobernador de Santander atizó el debate en una entrevista con la cadena radial Todelar, en la que dijo: “Ni encuesta, ni arreglo, si no soy cabeza de lista en el partido, no voy”. Su declaración se debió a que hace un par de semanas, la exfiscal Morales sugirió que hicieran una encuesta para escoger a la cabeza de lista. Más que una amenaza, Serpa considera que las canas que tiene en el bigote tienen más peso que cualquier encuesta en el momento de otorgas honores. 

Un día después, Galán dijo que estaba dispuesto “a acatar la decisión que tome el jefe del partido porque precisamente nosotros lo facultamos para eso, así que haré lo que se decida, pero quiero ser la cabeza de lista porque es hora de nuevos liderazgos”. Con sus afirmaciones atemperó un rumor sobre la posibilidad de que se saldría del partido en caso de que no fuera el primero. 

Hasta ahora el presidente del partido, Simón Gaviria, el encargado de tomar la  decisión, no ha señalado oficialmente al ungido. Lo más probable es que la dé a conocer una vez pase la Convención Liberal, la primera semana de diciembre. 

No será una elección fácil. Serpa no solo es el decano del liberalismo, como lo ven muchos de sus copartidarios, sino que cuenta con el respaldo de directorios importantes y de la mayoría de la bancada en el Congreso. El grueso de la maquinaria está con él y hay quienes consideran que podría sacar una cifra de alrededor de 150.000 votos. Galán más que todo tiene voto de opinión. 

El prestigio de su apellido y su imagen telegénica lo proyectan como una figura fresca y renovadora de la política. Él fue la cabeza de la lista en 2010 cuando obtuvo 81.584 votos, pero se supone que en 2014 podría superar esa cifra. No solo por él mismo sino por el partido que está mejor posicionado ante el electorado que hace cuatro años. 

En cuanto a encuestas, Galán y Serpa empatan dentro del liberalismo, pero en el público general el delfín gana ampliamente pues logra atraer votos de otros partidos. En la encuesta del noticiero CM& entre los votantes liberales el resultado fue 42 Serpa, 41 Galán y Morales 8 por ciento. Pero sin el filtro partidista las preferencias se inclinan por Galán con el 33 por ciento, Serpa con el 27 y Morales con el 7. 

Juan Manuel tiene en contra que se enfrentará a su hermano Carlos Fernando Galán, quien será el primer renglón de la lista al Senado del partido Cambio Radical. A pesar de que la encuesta de Cifras y Conceptos revela que cada uno tiene un electorado independiente el hecho es que el voto del galanismo nostálgico tendrá que dividirse, y los hermanos se quitarán votos entre sí.

A la encrucijada en el alma que enfrenta Simón Gaviria ante esta disyuntiva se suman sus intereses políticos personales. Gaviria quiere que el partido lo vuelva a elegir como jefe único y probablemente tendrá aspiraciones presidenciales después de ocho años del gobierno de Santos. En ese sentido, le conviene tender puentes con el serpa-samperismo para que no se le vayan del redil.

Igualmente le conviene no promover a un posible futuro rival que seguramente tiene las mismas aspiraciones que él y muy buen pedigrí. Lo cierto es que la decisión no es fácil para nadie y reconfigurará las fuerzas políticas del partido en los próximos años.
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