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| 7/7/2015 11:05:00 AM

División de opiniones tras el salvavidas de Cuba y Noruega

La Unidad Nacional recibe con optimismo el llamado de los países garantes, el uribismo rechaza tal propuesta.

Dicen que después de la tormenta suele venir la calma. Para nadie es un secreto que el proceso de paz está en crisis. Han pasado más de 12 meses desde cuando se conoció el último de los acuerdos parciales sobre los cinco puntos de la agenda de negociación, y la Mesa de La Habana no ha vuelto a dar noticias respecto a resultados concretos.

Por el contrario, los meses de mayo y junio del presente año han sido los más violentos en el país desde cuando el Gobierno y las FARC instalaron la Mesa de negociación en La Habana. La suspensión del cese unilateral decretado por la guerrilla en diciembre, la suspensión de los bombardeos por parte de las Fuerzas Armadas, las muertes de policías y militares a manos de la guerrilla. Y por si fuera poco, el incremento de acciones terroristas que han afectado a la infraestructura y causado graves daños ambientales, han conducido a que, después de mucho tiempo, más de la mitad de los colombianos respalden una salida por la vía militar y no por la vía negociada, tal como lo reveló la encuesta Gallup, la semana pasada.

Tal vez, motivado por las circunstancias, Humberto de la Calle, el jefe negociador del Gobierno tuvo que salir en público a confesar sus preocupaciones sobre el proceso, del cual dijo está a punto de llegar a su fin, para bien (la firma de un acuerdo), o para mal (que las FARC no vuelvan a encontrar al gobierno en la mesa de La Habana).

Esa especie de ultimátum motivó a que los países garantes del proceso, Cuba y Noruega, hicieran un llamado urgente al Gobierno y a las FARC para que reduzcan al máximo la intensidad del conflicto, así como implementar medias de construcción de confianza (Ver artículo).

Los garantes consideran imprescindible el desescalamiento del conflicto para un clima que propicie acuerdos sobre los temas aún pendientes de la agenda general, incluida la adopción del tema del cese el fuego bilateral y el cese de hostilidades definitivo, así como lo referido a los derechos de las víctimas, que para el Gobierno son el corazón del proceso de paz.

Las FARC, en un comunicado, expresaron su voluntad de firmar la paz “con este gobierno”, pero rechazaron el ultimátum de De la Calle. “No queremos hoy darles espacio a las voces agoreras del fracaso de los diálogos, ni a la desmesura de las palabras de quienes teniendo en sus manos la sagrada responsabilidad de construirla paz, flaquean frente a las adversidades, usan tonos de ultimátum y amenazan con abandonar la búsqueda de la reconciliación".

Sin embargo, la guerrilla consideró que poner fin a las hostilidades es un asunto de “voluntad política” que no se puede condicionar a las exigencias de “sometimiento penal, ni a exigencias prematuras de concentración de la guerrilla, ni de dejación de armas”. Unas declaraciones que no precisamente se deben asimilar con optimismo, pues lo que la mayoría de la población reclama es que las FARC pongan punto final a su violencia. 

En Colombia, la petición hecha por los países garantes fue recibida de diferente manera. Por un lado, los sectores más jugados por el proceso de paz la saludaron con optimismo. Del otro, los más críticos al modelo de negociación la rechazaron.

Roy Barreras, presidente del partido de Gobierno y de la Comisión de Paz del Senado, le dijo a Semana.com que el pronunciamiento de los países garantes llamando a salvar el proceso de paz, a mantenerse en la mesa y sobre todo a revisar el desescalamiento del conflicto es una voz más que debe ser atendida por las dos partes de la Mesa.

Pero asegura que más allá de las palabras, lo necesario es pasar a los hechos para salvar el proceso. Para el congresista, la posibilidad de la que habló por vez primera Humberto de la Calle, la que mencionan Noruega y Cuba a propósito de un cese al fuego bilateral antes de la firma del conflicto, sólo se podría concretar de dos maneras.

La primera, un anuncio bilateral de un límite de tiempo que sea concertado por Gobierno y FARC, para que el país sepa que se van a bajar las hostilidades porque verdaderamente se está en la recta final del proceso de paz. Barreras propone que sea el 2015, para que se firme definitivamente el fin de la guerra y se dé inicio al proceso de desarme, desmovilización y reinserción. “Es decir, cese al fuego definitivo pero acompañado de límite de tiempo inamovible para firmar acuerdo final en el presente año”, explicó.

El uribismo, en cambio, rechazó la propuesta. El senador Álvaro Uribe dijo que desescalar el conflicto es una “propuesta inhumana”.

“Cómo así que asesinen a tres y no a diez, la vida no se puede tasar. Cómo así que no destruyan diez oleoductos sino tres, la infraestructura cuesta mucho. Lo que requerimos es que los países garantes le hagan el bien a Colombia de exigirle al terrorismo el cese unilateral del crimen con concentración y vigilancia”, dijo Uribe, a la vez que insistió en su propuesta de exigirles cese unilateral a las FARC y concentración previa de tropas para seguir negociando en la Mesa.

El hecho trascendente es el nuevo llamado de los países garantes, Cuba y Noruega, por salvar un proceso de paz que deambula por su momento más crítico. Pero como de las crisis pueden salir los grandes cambios, este podría ser un nuevo paso para salvar el proceso de paz, que cada vez cuenta con menos respaldo en territorio colombiano.
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