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| 11/15/2016 10:40:00 PM

“No abandoné a mi familia, estaba preso en Londres”

Esta es la dramática historia de un empresario capturado cuya esposa logró el divorcio y la custodia de los hijos alegando abandono, a pesar de que conocía su paradero. La Corte anuló el caso.

Las noticias del otro lado del Atlántico le permitieron resistir su calvario penal en un país ajeno, pero nunca sospechó que al mismo tiempo estaba en marcha otro tormento jurídico del que nadie le informó. Esta es la historia de un empresario paisa capturado en el año 2000 en Inglaterra. Gracias a los mensajes, fotografías y llamadas de su familia en Colombia soportaba el drama de haber sido condenado a una pena 13 años y 15 meses de prisión y no poder pagar la multa.

“Amorcito: esta fue en Semana Santa que los lleve unos días a Cartagena”; “Amorcito: Cumpleaños del 30 de Julio del 2002 cumplió 7 años”; “Amorcito: 31 de octubre del 2002 en el colegio IDPHU el día de las brujitas”.

Lejos estaba de pensar que quien le escribía, su esposa, estaba adelantando un proceso de divorcio en donde alegaba un grave e injustificado incumplimiento de los deberes de esposo y padre. Dijo que la abandonó, con lo que logró el divorcio, la custodia de los hijos, una cuota alimentaria y la liquidación de la sociedad conyugal.

Sin embargo, la Corte Suprema de Justicia acaba de compulsarle copias a la mujer por mentirle a la justicia, y anuló el trámite del divorcio.

La historia comenzó el 23 de octubre en la isla de Wight, en Inglaterra, cuando el hombre fue capturado. Lo detuvieron cuatro años después de contraer matrimonio, producto del cual nacieron dos hijos. Y aunque se comunicó con su familia para avisarles de su problema judicial, su esposa dijo ante la justicia que los había abandonado y sostuvo que la última vez que hablaron fue para solo para decirle que estaba en Londres. Indicó que por más de cuatro años dejó de tener comunicación personal, escrita o telefónica.

Con este argumento tuvo un fallo a su favor en el 2007. Esto fue exactamente un año antes de que él quedara en libertad, previo descuento por trabajo y estudio.

Tan pronto se pudo defender, pidió la revisión de su caso. Alegó que en los siete años de detención se comunicó con su familia, y que incluso mantuvo durante varios de esos años la relación sentimental con su esposa. Adjuntó cartas de ella y de sus pequeños: “asegura que él nunca desatendió a sus hijos porque no dejó de llamarlos, vivieron en una casa de su propiedad y subsistieron con los bienes que dejó en Colombia”, cita la Corte.

Al revisar el caso, la Corte consideró que hubo graves errores en el proceso de divorcio y compulsó copias para que se investigue por qué mintió la mujer cuando sí conocía el paradero de su esposo.

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