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| 8/27/2001 12:00:00 AM

Gloria Cuartas habla

La llamada pacificación del Urabá, debe ser la práctica superior de la impunidad en Colombia

El respaldo a la Fiscalía y al proceso que adelanta, en la persona del G(r). Rito Alejo del Río Rojas, es una oportunidad de ayudar a creer en la justicia colombiana; de iniciar un largo proceso que ayude al esclarecimiento de las verdades en una región duramente golpeada por todas las violencias. Esta es pues, una mirada concreta a la violencia ejercida por funcionarios al servicio del Estado. Es una oportunidad para alertar al país, hoy a la región del Magdalena Medio entre otras regiones, les están aplicando este modelo perfeccionado de muerte o "pacifismo".

El periodo 1995 - 1997 en la región de Urabá en Antioquía, es parte de un proceso ya estudiado por expertos, reconocido por la comunidad internacional, y con nombres propios de las personas que facilitaron y participaron directamente para agudizar la crisis humanitaria.

Marca un capítulo en la historia de Antioquia y en la historia nacional, acciones que merece recordarse por las implicaciones que las decisiones tomadas, -a través de las políticas Gubernamentales, tuvieron en la calidad de la vida de hombres y mujeres de Urabá, especialmente de Apartadó y sus efectos en los derechos humanos.

Recordemos la declaratoria de zona especial de Orden Público y las convivir, entre otras, en la administración de Álvaro Uribe Vélez y Pedro Juan Moreno su Secretario de gobierno, respaldadas por las decisiones económicas de sectores productivos de Antioquia: los bananeros de Augura, sectores sindicales, reinsertados del EPL y los militares con Rito Alejo del Río al frente,

Desde 1998, se habla de la pacificación del Urabá con gran alegría, escondiéndole al país la verdad de lo ocurrido y limpiando de sentidos los recuerdos del sufrimiento que estas acciones desarrolladas ocasionaron en la población y de la cual se negó siempre hablar. Hoy, Bogotá, Medellín, Barranquilla, Cali, muestran personas desplazadas a las que se les condeno al destierro (prohibido en nuestra Constitución) claman justicia, reparación. Ya ni las instancias de Gobierno los reconoce, “después de un tiempo dejan de ser desplazados”, realidad que el Estado aún no asume, los familiares de desaparecidos/as, de asesinados están obligados al silencio. Que otra prueba de la responsabilidad institucional ?

Tierras abandonas, familias dispersas por el país y aún hoy deambulando en las búsqueda de un pedazo de tierra, niños y niñas con la imagen del degollamiento a sus seres más queridos: padres, profesores y amigos; mujeres violentadas y negadas a vivir el derecho al amor, la intimidad y a la familia aunadas a la gran persecución que culminó con el exterminio de la Unión Patriótica y el debilitamiento del grupo Esperanza Paz y Libertad. Muchos de los desplazados de Urabá y del resto del país, son hoy todavía estigmatizados y señalados por provenir del sector rural o bien por estar asentados en los cinturones de miseria urbanos. Todos y todas, son hoy olvidados del Estado, para quienes sobrevivir, se ha convertido en un reto y desafío diario.

Vale destacar entre todo este desgobierno y caos, la persistencia de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó, que a pesar de todas las afrentas provenientes de todos los sectores armados, ha resistido y sobrevivido, gracias a la iniciativa de su gente, al acompañamiento de sectores nacionales y a la incondicional ayuda de la comunidad internacional.

Alrededor de la llamada “pacificación del Urabá", liderada por el general Rito Alejo, se ha tratado de forzar un consenso en el ámbito nacional mostrando esta práctica como el mejor modo y el mejor ejemplo de “limpiar” a una región de la diferencia política, de los "bandoleros", de silenciar la oposición, de construir un acuerdo sin opción a la crítica y violentando el derecho a la autonomía. Se ha pretendido demostrar que esta práctica trae rendimientos económicos, seguridad y las garantías que se requieren para un mejor desarrollo e inversión de los megapoyectos que la región ha planeado.

Después de “cumplida” la tarea en el Urabá, de ver profundizar el miedo, de tolerar y acompañar las bases paramilitares en la región, después de ver mas de 1.000 casas desocupadas y después repobladas por otras familias, de ver las listas de nombres de muertes selectivas, no menos horrorosas que las masacres a manos de la guerrilla, se quiere obligar al olvido. Se quiere hacer escuchar las nuevas voces de la convivencia, unidas a la conveniencia de unos pocos, garantizando la conformidad, la inercia, el acostumbramiento al dolor de perderlo todo, inclusive a sus seres queridos, estimulando práctica ciudadanas donde no hace falta compromisos morales o responsabilidades éticas. A esto es a lo que me opongo públicamente, por eso esclarecer la verdad es una tarea inminente.

Una forma de nombrar este “ejercicio de pacificación”, propuesto como nuevo modelo de "autoridad y orden nacional" quiere esconder el dolor y el daño integral ocasionado en Apartadó. Creo que hablar de esta pacificación se ha convertido en la práctica superior de impunidad, donde todavía se quiere defender la desmemoria como práctica colectiva que valide el modelo.

Esta etapa esconde datos estadísticos que aprendimos a leer de diferente manera, con nuevos sentidos años después. Con el tiempo y la reflexión, descubrimos los eslabones de un rompecabezas que parecía ingenuamente disperso y los años nos han ayudado a organizarlo para reinterpretar, estamos seguras, seguros, que el silencio no será eterno.

Es necesario apoyar a todos y todas a desbloquear el recuerdo, que lo tienen atado al miedo. Entender que el enmudecimiento de las mujeres, de los hombres, su falta de palabras en voz alta, están ligadas al aturdimiento de los cambios que se han dado en sus vidas, especialmente en las mujeres y las niñas y los niños. Puesto que todos y todas tienen derecho a la verdad, a la justicia, a la reparación y a una sociedad reconciliada con base en el perdón pero nunca en el olvido de las lecciones aprendidas.

Por ello, la tarea que ha emprendido la Fiscalía, es una esperanza que estamos obligados y obligadas a respaldar. No se trata ya de nuevas denuncias, sino del significado y las lecciones aprendidas que este proceso tubo y tiene hoy para nuestra historia vigente. El Camino es largo, lo sabemos y no es fácil descubrir la verdad.

Por ultimo, creo que sería importante recordar el papel jugado por los medios de comunicación en este mismo período, ellos ayudaron a documentar la verdad. Seguramente no serán pruebas definitivas, pero muestran las huellas de los hechos ayudadas a construir por las fuerzas militares durante el tiempo del general Rito Alejo en el Urabá. Estos periodistas que cubrieron los hechos, me dieron la palabra como mujer y autoridad local de ese entonces, interesada por reclamar justicia y respeto a la vida y la dignidad de las personas.

Después de 1998 empieza a verse la región libre de voces que reclamen la verdad, casi nada se registra, los informes tienen un horizonte neutro, ahora empieza a generalizarse la idea de que "aquí no ha pasado nada", una tranquilidad militarizada con la presencia de los paras, que anuncia una nueva etapa de la vida comunitaria con un nosotros indoloro para abreviar el pasado.

La memoria da vida, el sufrimiento que nos produce el recuerdo, es la clave central que da vida a la muerte, ayuda a resucitar opciones, salidas, verdades. Es esto precisamente lo que nos propusimos con Mabell Sandoval cuando en medio del dolor y la impotencia escribimos un Libro que publicó Planeta, "Gloria Cuartas, porque no tiene miedo". Aprovecho para decir que no era una afirmación pretenciosa, era una manera de contestar que ya las muertes habían invadido mi alma y que ahora resucitaban porque hasta el último día Urabá será una herida abierta para el país, puesto que su verdadero desarrollo como pueblo no será posible si antes la verdad no se esclarece.

Esa es una esperanza no solamente mía, es una esperanza compartida por muchos colombianos y colombianas y por miembros de la comunidad internacional, que sabemos de lo que estamos hablando cuando se nombra Urabá. Quiero referirme especialmente a la Red de Solidaridad con Colombia de los Estados Unidos que acompañó siempre nuestro proceso por la defensa de la vida.

Muchos rostros, muchos nombres se ahogan en la memoria, ojalá este proceso los recupere por el bien del país y del proceso de paz que hoy construye en país.
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