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| 5/7/2015 9:00:00 PM

La capilla que quedará bajo las aguas de El Quimbo

La parroquia de San José de Belén es patrimonio cultural y a pesar de que la multinacional Emgesa prometió trasladarla, todo apunta a que será inundada.

La represa El Quimbo en Huila no la ha tenido nada fácil por los escándalos que han rodeado su construcción. Primero fue el manejo inadecuado de miles de piezas arqueológicas. Después la advertencia de la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena sobre las fallas geológicas en la zona de la represa. Luego los campesinos de los seis municipios por los que pasa la construcción se quejaron de la desviación del río Magdalena, afirmaron que los estaban desalojando inapropiadamente y, para rematar, denunciaron el derrame de un líquido contaminante que afectó los alrededores del río.
 
Ahora, seis años después de que la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) le permitiera a Emgesa, firma de grupo multinacional de origen italiano Enel, construir la hidroeléctrica y a menos de dos meses de comenzar el llenado de la represa como lo informa la comunidad, otro dolor de cabeza inquieta a los habitantes. Y, al parecer, esta vez también perderán la batalla.
 
Se trata de la capilla de San José de Belén, que data del siglo XIX, y a pesar de ser patrimonio del departamento está a un paso de ser inundada. Los habitantes de la vereda del mismo nombre, ubicada en el municipio El Agrado, en el centro de Huila, afirman que ese es el punto nodal de su cultura.
 
“No se puede entender su religiosidad sin esa capilla y esa comunidad es casi única en el Huila, pues se cree que todos son descendientes de una etnia indígena y casi todos son familia, los Bravo Vargas”, explica Miller Dussán, representante de Asoquimbo, la asociación que reúne a los afectados por la hidroeléctrica.
 
La importancia de la parroquia la reconoció la misma ANLA en 2009, cuando le dio el aval a Emgesa para inundar parte de El Agrado, entre otros municipios, pero con la condición de que trasladara la iglesia sin dañarla. A la advertencia se sumó el Ministerio de Cultura al detallar que el impacto sobre esta capilla “es de alta importancia, por ser un símbolo de identidad histórica y cultural también de las veredas cercanas al sitio donde se encuentra”.
 
En ese momento, la multinacional sustentó que sí podían cambiarla de lugar y la noticia fue motivo suficiente para que los pobladores sintieran alivio, al menos sobre lo que le pasaba a su parroquia. Pero la tranquilidad se acabó este año.
 
“A los pocos que quedamos (de las 70 familias que eran) nos presentaron modelos de réplicas para que escogiéramos uno. Pero no queremos réplicas, queremos que cumplan lo que prometieron”, afirma Neldy Bravo, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda y quien ha vivido allí durante más de 40 años.
 
Ella y Dussán sostienen que a estas alturas la comunidad no sabe por qué les están mostrando esas propuestas si la ANLA ordenó mover la capilla completa. El representante de Asoquimbo explica que en el 2013 Emgesa pidió hacer otro estudio pues “la empresa tenía claro que era imposible trasladarla y aún así mintió en su investigación anterior para que le dieran la licencia”.
 
Su versión es que el estudio sí se realizó y se lo pasaron al Consejo Departamental de Patrimonio para que ellos dijeran si la podían o no inundar.
 
“No conocemos el concepto pero creemos que sí permitirán hacer la réplica y que la decisión ya está en manos de la Gobernación desde la semana pasada”, dice Dussán. “El dichoso concepto no nos lo han mostrado y ahora se están tirando el balón porque Emgesa dice que la reunión la tiene que hacer el alcalde, pero sí quieren nuestra firma para que renunciemos al patrimonio”, replica Neldy.

Efectivamente el concepto del Consejo de Patrimonio es favorable pero, contrario a lo que los líderes conocen, fue firmado el 25 de febrero de este año y desde entonces ha estado en manos de la Gobernación. (Lea acá el documento, conocido por Semana.com)
 
“La propuesta que nos pasó Emgesa (en enero de este año) corrobora lo que nosotros ya sabemos: que no se puede trasladar la capilla porque es muy deleznable. Es como una casa de bareque, una capilla supremamente humilde de una vereda”, señaló Fernando Torres, secretario técnico del Consejo Departamental de Patrimonio de Huila.
 
El estudio contratado por Emgesa, revelado por Semana.com, señala que es “totalmente inviable” el traslado de la capilla y propone mover sólo algunos objetos como la cruz, el atril, la pila de bautizo, los cuadros religiosos y unas cuantas esculturas. Esto lo recomiendan a pesar de que reconocen que “la comunidad y la capilla son uno, por tanto la capilla debe estar donde se ubique a la comunidad de San José de Belén”.
 
Tanto en este estudio de la multinacional como en el concepto del Consejo de Patrimonio el argumento principal es que la capilla tiene fallas estructurales que imposibilitan su traslado. Sin embargo, una evaluación que hizo la misma Secretaría de Cultura en 2008 aclara que la estructura “presenta un aceptable estado de conservación debido a las obras de restauración de la cubierta”, realizadas por ellos mismos en 2006, por un valor de 20 millones de pesos.
 
La inversión es la prueba reina de que antes de que se iniciara la construcción de la represa había un interés gubernamental por preservar este patrimonio cultural. Pero ahora están a un paso de aceptar que quede bajo el agua.
 
Torres explica que “ya no hay salida” porque “es un proyecto que está marchando y por encima del que sea, se ejecutará” y además porque si se traslada, se derrumba.
 
El secretario técnico añade que ahora la decisión depende del gobernador Carlos Mauricio Iriarte, y Dussán indica que la jugada es convencer a la Asamblea Departamental para que retire la ordenanza por la cual la parroquia es patrimonio. Semana.com intentó contactarse con el funcionario para saber en qué va la decisión pero hasta el momento de la edición de este artículo no ha respondido. Igualmente, fue imposible contactarse con Camilo Castrillón, el representante de Emgesa para las comunidades en Colombia.
 
Dussán sospecha que la intención de la empresa es resolver todo desde lo departamental porque si lo llevan a la ANLA se retrasa el llenado que, según afirma, está pensado para junio. Mientras tanto los habitantes de San José de Belén se niegan a que su patrimonio sea inundado y viven con la angustia de no saber qué piensan sus gobernantes. “Mejor dicho, se están feriando el patrimonio”, sentencia el representante de Asoquimbo.
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