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| 8/22/2004 12:00:00 AM

La nueva Tranquilandia

La semana pasada las Fuerzas Militares y la Policía realizaron la operación más grande contra el narcotráfico en la historia.

La misión haría palidecer de envidia a los directores más osados del cine de Hollywood. El objetivo era internarse en una de las regiones más inhóspitas del país y atacar el epicentro de actividades de un bloque de 600 paramilitares, dos frentes guerrilleros de 500 hombres y los principales centros de producción y distribución de droga del cartel del norte del Valle del Cauca.

Aunque tenía todas las características de una misión suicida nada había quedado al azar. Al fin de cuentas era el resultado de más de tres meses de labores de inteligencia en los que día a día se estudió, verificó y planeó hasta el más mínimo detalle. El centro de operaciones donde se concibió y desarrolló la misión fue la sede de la Fuerza Naval del Pacífico, ubicada en la base de la Armada Nacional en bahía Málaga.

Durante 90 días oficiales de la Armada, la Policía antinarcóticos, la Fuerza Aérea, la Infantería de Marina y varios fiscales de la Unidad de Interdicción Marítima (Unaim) no descansaron hasta pulir cada aspecto de la ofensiva.

Detalles como el comportamiento de las mareas, las nubes y hasta la posición de la luna fueron contemplados para determinar el día y la hora en los que comenzaría la ofensiva. Cuando todo estuvo listo se acordó el día del asalto: el domingo 8 de agosto. Dentro del plan de batalla se estableció que la ofensiva se coordinaría desde tres centros de operaciones. El principal, ubicado en bahía Málaga y dos más, en los municipios de Guapi y Tumaco. La estrategia era efectuar un despliegue simultáneo desde estos tres lugares.

Cuando llegó la hora cero, las 5 de la mañana, arrancó en firme uno de los despliegues de Fuerza Pública más impresionantes de los últimos tiempos. Dos batallones de contraguerrilla de la Infantería de Marina, una compañía móvil de los hombres jungla de la Policía antinarcóticos, cuatro unidades de combate fluvial (pirañas), dos embarcaciones del cuerpo de guardacostas, una fragata, el avión fantasma y 14 helicópteros, entre Black Hawk, Arpías y UH-1H, hicieron parte de la gigantesca movilización. En total eran 500 hombres de la Fuerza Pública. El nombre clave de la operación fue 'Mapalé'.



La zona

Desde varios años atrás la costa nariñense se había transformado en una de las principales regiones en donde guerrilleros, paramilitares y narcotraficantes del norte del Valle del Cauca establecieron uno de sus más importantes bastiones. Se trata de una zona selvática en donde las condiciones se prestan para camuflar gigantescos laboratorios para el procesamiento de coca. Las redes de esteros (canales naturales navegables) que se internan varios kilómetros en la costa facilitan que los narcotraficantes puedan transportar en lanchas la droga desde el laboratorio hasta llegar al mar sin ser detectados. Tan sólo en lo que va corrido de este año la Armada ha decomisado en alta mar más de 25 toneladas de coca que han salido de esa zona hacia México y Estados Unidos. Esas condiciones hicieron que la región se convirtiera en un terreno ideal para las actividades de tráfico de droga para grupos de autodefensa, subversivos y narcos.

Esas ventajas estratégicas desataron un pulso de fuerzas que terminó parcelando el departamento. Los paramilitares del Bloque Libertadores del Sur, al mando de 'Pablo Sevillano', tienen presencia en el norte en la zona de Iscuandé, El Charco, La Tola y, principalmente, bocas de Satinga. Los frentes 29 y 30 de las Farc, que históricamente han tenido presencia en la región, y la columna móvil Daniel Aldana de esa organización actúan en la zona intermedia y las áreas rurales de Tumaco. En el sur del departamento también hay actividad paramilitar entre el río Mira y el Mataje en la zona limítrofe con Ecuador (ver mapa).

Cada uno de los grupos al margen de la ley no sólo conformó sus propias estructuras para producir y exportar droga, sino que además hicieron alianzas estratégicas con poderosos capos de la droga. Es así como las Farc trabajan en llave con Wílber Alirio Varela, alias 'Jabón', mientras que los paras decidieron asociarse con Diego Montoya, alias 'don Diego', los dos principales narcos del norte del Valle.

Ese complejo panorama fue el que tuvieron que enfrentar los 500 hombres que participaron en la operación Mapalé. El despliegue por tierra, aire y mar comenzó por la zona norte controlada por los paramilitares del Bloque Libertadores del Sur. Los uniformados arrancaron su ofensiva desde las inmediaciones de bocas de Satinga. Desde allí iniciaron su descenso hasta copar las posiciones de las Farc y los paras en el sur de Nariño. "El número de hombres desplegados, la perfecta coordinación entre Armada, Fuerza Aérea y Policía antinarcóticos y el alto poder de fuego tanto fluvial como aéreo obligaron a todos los bandidos a replegarse", dijo a SEMANA el comandante de la Fuerza Naval del Pacífico, almirante Álvaro Echandía. Desde que se lanzó la ofensiva, las tropas se internaron durante los siguientes 10 días en la selva hasta cumplir con la misión. Los resultados no pueden ser más impresionantes.

En la historia del narcotráfico en Colombia el complejo cocalero de Pablo Escobar descubierto en mayo de 1984, conocido como Tranquilandia, siempre fue un punto de referencia cuando se hablaba de laboratorios para procesamiento de droga. Pero después de la operación conjunta que terminó la semana pasada, Tranquilandia, conformado por siete laboratorios que procesaban cuatro toneladas de droga semanales, parece insignificante.

Los uniformados que participaron en la operación Mapalé encontraron y destruyeron 62 centros de producción de coca, la mayoría laboratorios con capacidad para producir entre seis y ocho toneladas semanales. De estos, 19 pertenecían a las Farc y los demás, a los paramilitares.

Si bien esta cifra parece impresionante, no lo son menos las 13 toneladas de base de coca que fueron encontradas durante el operativo. En la lucha mundial contra el narcotráfico jamás se había encontrado una cantidad semejante. A esta cifra se suman otras no menos importantes como las 27 toneladas de hoja de coca y los 33.000 galones de insumos líquidos (ver recuadro). Estos, entre otros hallazgos, no sólo constituyen un récord de proporciones internacionales en la guerra contra el narcotráfico sino que además son una contundente prueba de que cuando las Fuerzas Militares, la Policía y la Fiscalía unen esfuerzos no existen zonas vedadas ni enemigos poderosos que detengan al Estado.
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