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| 1/17/2000 12:00:00 AM

LA TREGUA DEL FIN DE SIGLO

Un cese del fuego precedido por una ofensiva guerrillera sin antecedentes le sirve sobre todo a <BR>las Farc.

Es posible que el siglo XX, que empezó en guerra, termine en paz. Una paz transitoria, es
cierto, pero paz al fin y al cabo. En caso de que la tregua insinuada por las Farc sea puesta en práctica
los viajeros navideños podrían atravesar el territorio nacional con sus familias como solían hacerlo antes de
que las carreteras importantesse hicieran intransitables. Y si bien la segunda o tercera semana de enero
traerían consigo de nuevo la cruda realidad de la guerra, durante unos pocos días los colombianos habrían
vivido el paraíso que sería el país en paz.El cese del fuego cubriría un período comprendido entre el 20 de
diciembre y mediados de enero. Hay quienes afirman que históricamente las Farc han estado en tregua
durante la Navidad casi de manera ininterrumpida durante los últimos lustros. Se ha tratado de treguas no
declaradas que no han modificado en modo alguno la dinámica de la guerra.Pero la tregua actual sería
sustancialmente distinta de las anteriores. Por una parte, estaría precedida de una ofensiva militar de la
guerrilla que evidentemente tiene entre sus objetivos acentuar el contraste entre la guerra y la paz. El
tránsito de una semana como la anterior a una en tregua resulta dramático para la opinión y constituye el
primer logro de la guerrilla al tomar esta decisión: se ve como un acto generoso de una guerrilla fuerte.En
segundo lugar, la que se lleva el crédito por haber adoptado una política generosa al decretar una tregua,
que de hecho es de carácter bilateral, es la guerrilla. Históricamente las Farc se han opuesto a los ceses
unilaterales del fuego. Sin embargo, en este caso, las Farc decretarían una tregua unilateral a la que se
habían opuesto en un principio y lo harían porque las Fuerzas Armadas ofrecieron un cese recíproco, con lo
cual lo unilateral deja de serlo. Con ello las Farc se llevarían los créditos del cese al fuego sin pagar las
consecuencias de quedar a merced de la acción del Ejército. Por último, las Farc llegarían con fortaleza
renovada a la mesa al iniciar de nuevo sus acciones militares tras el fin de la tregua, sin que tal reanudación
tuviera para ellos costo político alguno.Oxígeno para PastranaPero no hay duda de que al gobierno también le
sirve políticamente el cese del fuego. Desde el inicio del proceso las Farc no han hecho una sola
concesión importante en la mesa de negociación. Por el contrario, ha sido el gobierno el que de manera
reiterada se ha visto obligado a ceder en todo momento con el objeto de preservar el proceso. Y ha pagado,
por ello, un precio muy alto. Por el camino de las concesiones las relaciones entre las Fuerzas Militares y el
gobierno han encontrado su peor momento en años. El alto mando militar no oculta su desagrado hacia el
principal negociador del gobierno, el comisionado Víctor G. Ricardo, y éste, a su vez, se ha enfrentado con los
medios de comunicación, la oposición, los militares y no pocos ministros en su difícil tarea de mantener a las
Farc sentadas a la mesa.Por otra parte, la tregua de Navidad hace pensar a la opinión pública que la paz es
posible. A pesar de que las Farc se han encargado de repetir una y otra vez que el proceso será largo y que
sólo se llegará a un cese indefinido del fuego si se logra un acuerdo sobre un porcentaje considerable de la
agenda, un gesto político de esta naturaleza se convierte en un antídoto contra el creciente escepticismo
nacional sobre las perspectivas de la negociación en medio de la guerra.La tregua es también una buena
señal hacia la opinión internacional. El respaldo externo al proceso se ha visto debilitado en la medida en que
las propias Farc han evitado que actores extranjeros participen en éste. El cese del fuego reabriría el
interés internacional en el proceso. Para el gobierno esto resulta importante en la medida en que la presión
internacional sobre las Farc podría llevar a que la verificación sea inevitable. Por su parte, las Farc
alcanzarían a su vez algo que hace semanas parecía imposible: que la política de consenso que existe en
Washington sobre la ayuda militar a Colombia vuelva a enfrentar a los 'duros' y los 'pacifistas', con lo cual el
debate sobre el Plan Colombia recobraría su naturaleza controversial.A lo anterior se agrega otro beneficio
para las Farc. Mientras el Ejército se ve obligado a cesar sus acciones militares, que en tiempos recientes han
sido cada vez más eficaces, la fuerza pública en su conjunto se verá inhabilitada para actuar en diversos
escenarios de lucha contra las actividades criminales, so pena de terminar poniendo en peligro la tregua y de
pagar el alto costo político de un acto semejante. La negociación en medio de la guerraPara muchos la tregua
sería un acto de cinismo por parte de las Farc. Después de todo nunca han actuado en Navidad y, en la última
semana, efectuaron 14 ataques, asediaron 13 poblaciones en siete departamentos del territorio nacional,
volaron 200 torres de energía y asesinaron poco menos de medio centenar de ciudadanos, entre los cuales
se contaban varios civiles. Si lugar a dudas tiene mucho de cinismo.Pero en toda negociación en medio
de la guerra las treguas y las ofensivas militares son elementos fundamentales de la estrategia política.
La opinión colombiana, volátil y ligera como todas, se ha aproximado hasta el momento al proceso con
curiosidad elemental. Sus reacciones son primitivas: a los ataques de las Farc responde con clamores de
"tierra arrasada" y a los triunfos episódicos del proceso de paz con voces pacifistas. Ni lo uno ni lo otro se
compadece con la complejidad de un proceso que apenas comienza.Lo cierto es que las Farc y, en la medida
en que se acercan las posibilidades de una zona de despeje, el propio ELN, van a utilizar durante el proceso
de paz toda su fuerza militar para hacerle sentir al establecimiento colombiano y a las Fuerzas Armadas
que el precio que se pague por conseguir la paz es poco al lado del que cuesta perseverar en la guerra. El
combate es el arma estratégica más eficaz que ambas partes tienen en la mesa de negociación y la
correlación de fuerzas bélicas tendrá siempre repercusiones en el diálogo.Además, cada vez que sea
necesario _por razones políticas o de estrategia militar_ la guerrilla ofrecerá un cese del fuego como el que
podrían vivir los colombianos esta Navidad. El proceso de paz apenas comienza. Los escépticos dicen que a
Manuel Marulanda sólo le interesan dos temas, el canje y la lucha contra los paramilitares, y que la
desmovilización está fuera de todos sus cálculos. Pero es indudable que el proceso muestra ya efectos
interesantes sobre la propia guerrilla. "Las Farc, dice el analista Alfredo Rangel, están teniendo mayor
cálculo político en sus acciones armadas. Y están dirigiendo su discurso hacia ciertos sectores más
urbanos, más de clase media, que antes no tenían en consideración".No es gran cosa lo que puede esperarse
de una tregua de fin de milenio distinto de eso: un cese de actividades bélicas de poco más de tres semanas.
Pero en el fondo lo que la decisión de cese del fuego revela es un viraje por parte de las Farc hacia una
política que tiene en cuenta, por primera vez en mucho tiempo, la existencia de la opinión pública. Es quizás
allí donde reside la buena noticia de la tregua, que no pasará de ser un paréntesis silencioso entre dos
ofensivas guerrilleras inserto, casualmente, en el momento en el que termina un siglo y comienza el otro.
nTreguas frustradasLa primera tregua entre la guerrilla y el gobierno tuvo lugar en 1953, cuando el general
Gustavo Rojas Pinilla asumió el poder y decretó una amnistía general e incondicional para los diferentes
grupos alzados en armas. Las guerrillas comunistas del sur del país, el embrión de lo que hoy son las
Farc, no se desmovilizaron del todo. Esta primera tregua se rompió en 1955 porque Rojas declaró ilegal
al Partido Comunista y le ordenó al Ejército la toma de Villarrica, Tolima.La segunda tregua duró siete
años. Comenzó en 1957 y terminó en 1964. Durante este tiempo el presidente Alberto Lleras Camargo
decretó la amnistía. La tregua acabó con el ataque del Ejército, por orden del presidente Guillermo León
Valencia, a la 'república independiente de Marquetalia'. Después de esta operación nacieron las Farc
como grupo militar organizado.Veinte años después de esta ruptura las Farc firmaron su tercera tregua con el
Estado. El 28 de marzo de 1984 el gobierno de Betancur acordó un cese del fuego y una tregua con este
movimiento subversivo. Como resultado del acuerdo firmado con las Farc incursionó en la vida política legal
la Unión Patriótica (UP), un movimiento que en teoría permitiría la reinserción a la vida civil de las Farc y
cuyos miembros fueron exterminados de manera sistemática.Durante el año y medio que tuvo vigencia el cese
del fuego hubo varios choques entre la fuerza pública y la guerrilla. Una emboscada de las Farc, encabezada
por el 'Mono Jojoy', a unos camiones del Ejército en Caquetá, fue la lápida de una tregua que no sirvió sino
para ahondar la desconfianza entre las partes. Desconfianza que aún no termina.
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